Juliana Chamorro, esposa del actor Álvaro Ruiz, escribió un libro que lo retrata - Cine y Tv - Cultura - ELTIEMPO.COM
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Memoria de un hombre feliz llamado Álvaro Ruiz

Juliana Chamorro, esposa del actor de la televisión colombiana, escribió un libro que lo retrata.

Álvaro Ruiz

La cara sonriente, los gestos amables y el permanente buen humor en el trabajo de Álvaro Ruiz se cambiaban en el hogar. Su exesposa, sin embargo, no se detiene en esto en su libro.

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Archivo EL TIEMPO

13 de julio 2018 , 10:40 p.m.

Las memorias que escriben los o las ex suelen ser casi siempre escandalosas, sensacionalistas, provocadoras y, en muchas oportunidades, hasta amarillistas.
La que escribió Juliana Chamorro sobre uno de los actores de más grata recordación para varias generaciones es todo lo contrario. Y eso que ya llevaba 35 años de separada cuando le puso el punto final a su relato.

'Álvaro Ruiz, el hombre feliz –Memorias–', de Cuéllar Editores, reúne desde la primera página hasta la última los recuerdos de una mujer que lo admiró con idolatría, se enamoró perdidamente del hombre y, luego de esa larga vida de pareja, con muchos altibajos, sobre todo por la popularidad, transformó su amor en afecto para honrar los buenos momentos vividos y les echó tierra a las infidelidades y demás litigios que la llevaron a liderar la separación.

Fernando González Pacheco, presentador, entrevistador, también, de la vieja guardia y, tal vez, el mejor amigo de Álvaro Ruiz, a raíz de su muerte, en 2001, escribió una sentida nota en la revista Diners en la que, con extremada sensibilidad y juicio certero, lo describe como “aventurero, generoso, teatral, exitoso y con una tristeza que no intuyeron quienes lo llamaban el ‘hombre feliz’ ”. También recordó esas noches de bohemia en las que Álvaro cantaba Carmentea una, dos y hasta tres veces, y no había poder humano para hacerlo desistir, salvo que se diera al romance. Anotaba que otro de los rasgos personales más característicos de Álvaro Ruiz fue ser en extremo coqueto y enamoradizo.

La relación de Pacheco y Álvaro era de vieja data, cuando ninguno de los dos tenía ni fama ni fortuna. Pacheco, muy joven, iba a una cigarrería que atendía la madre de Álvaro, doña Emma Zúñiga, en la calle 18 de Bogotá, al lado del apartamento que él compartía con su padre y hermano, y ella le hablaba con orgullo de su hijo que era animador de circo, hasta que se decidió a ir a conocerlo: “Allá lo vemos en las carpas riéndose con las luces, burlándose de los payasos, coqueteándoles a las acróbatas”.

Pasaron algunos años hasta que los dos se encontraron siendo figuras muy reconocidas en profesiones mediáticas de las que fueron colonizadores. Esto, por su puesto, afianzó su amistad.

Historia de la TV

En el libro 'Álvaro Ruiz, el hombre feliz –Memorias–', Juliana Chamorro hace un recuento de los primeros años de la televisión colombiana que se funden con la vida pública de este recordado actor que jugó de titular desde su nacimiento y marcó goles extraordinarios. Basta anotar que el 13 de junio de 1954, cuando se inauguró la televisión en Colombia, Álvaro hizo su debut como presentador del programa Grill TV, un musical de grata recordación entre los televidentes primerizos, alucinados con esa caja de madera de la que salían historias, dramatizados, noticias y música, como por arte de magia.

Y fue en la televisión donde su calidad actoral, sus dotes como presentador, conductor de programa varios, locutor y entrevistador se estrenaron para no salir, por décadas, de los estudios de la calle 24, al lado de la Biblioteca Nacional, la sede de Inravisión durante años. Toda una hazaña, máxime si se tiene en cuenta que fue un autodidacta. No pasó por escuela alguna. Su talento era de cuna.

El deseo por llegar a ser el mejor actor, un buen cantante y locutor recordado venció duras y adversas condiciones. Nacido en 1931 en Tunja, donde a duras penas llegaban circos tristes y patéticos y una que otra compañía de zarzuela, no tenía muchas posibilidades. Tal vez por esto, su padre, don Luis Vicente Ruiz, actor frustrado, ante la insistencia de su hijo organizó una compañía infantil de zarzuela: 'Estampas Líricas Boyacenses', en la que Álvaro actuó por primera vez. Después de este debut les advirtió a sus padres que si no lograba ser actor, se convertiría en matador de toros. Ellos, ante esta disyuntiva, optaron por hacer hasta lo imposible para alejarlo de la sangre y la arena.

El primero

Juliana Chamorro, pastusa de nacimiento, proveniente del seno de una familia de artistas notables: madre artesana, padre músico y lutier; seis hermanas (la primera mujer fotógrafa, diplomática, música y bailarina, entre otras actividades) un hermano músico y lutier y ella misma actriz, cantante y escritora, desde el día que se casó con Álvaro Ruiz, en 1954, hasta 1983, fecha de su separación, se dedicó a guardar fotografías, recortes de periódicos y, sobre todo, a grabar en su memoria días, acontecimientos, situaciones que vivieron no solo como pareja, sino como familia artística. Desde siempre la acompañó la idea de escribir un libro sobre su vida al lado del ‘hombre feliz’ y sobre esos años en los que la familia en pleno trabajó en El show de la familia Ruiz.

Cuenta Juliana Chamorro: “He escrito toda la vida, y, ya que comencé por el tema más difícil; quiero seguir con las biografías de mis hermanas, que bien se lo merecen. Para este primer libro tenía abundante material, porque tomaba notas de todo lo que hacíamos. Por ejemplo, de nuestra estadía en México; el viaje a Estados Unidos; el ambiente artístico en esos días en que nació la televisión en el país. El libro, a medida que pasaba el tiempo, fue cambiando, así como se transforma la forma de tanto ver y analizar las cosas. Álvaro alcanzó a leer algunos capítulos. Los colombianos somos olvidadizos, y me pareció que valía la pena mi recopilación, para que quede en la historia de Colombia la vida del mejor actor del siglo XX, tal y como fue reconocido por la revista TV y Novelas”. O como el segundo, después de Carlos Muñoz, en escogencia hecha por los lectores de EL TIEMPO.

Era aventurero, generoso, teatral, exitoso y con una tristeza que no intuyeron quienes lo llamaban ‘el hombre feliz’

Y lo logró escribiendo doscientas páginas con buena letra. El homenaje a Álvaro y a esos primeros artistas que hicieron directos admirables con escasos recursos técnicos quedo muy bien relatado. Hombres y mujeres que se fundieron en uno solo para bordar esa primera etapa de la televisión.

La gran familia

“Pasábamos mucho tiempo juntos. Vivíamos en Suba, en una gran casa a la que venían nuestros amigos a jugar generala, póquer, a reírnos, a contar anécdotas, pero sobre todo a cantar y a bailar, en fiestas que duraban hasta el amanecer”, recuerda Juliana con ojos que le brillan por la emoción de recordar esos momentos.

Y va desgranando nombres: Fernando González Pacheco con la novia del momento y luego con su esposa, Liliana Ghrois; Bernardo Romero Lozano y su esposa, Anuncia Pereyro, conocida como Carmen de Lugo; Bernardo Romero Pereyro y Judith Henríquez; Carlos Muñoz, que vivió una temporada con ellos; Julio César Luna, Alí Humar y su esposa, Maryluz, y, claro, la inolvidable Alicia del Carpio, creadora y directora del programa de humor Yo y tú, en el que participó Álvaro.

Con ellos viajaban, además, y atendían distintas invitaciones por pueblos y ciudades que se paralizaban y en donde siempre eran agasajados por los notables, por las autoridades políticas y hasta las religiosas. Las señoras extremaban los cuidados hacia sus esposos, para devolverse tal y como llegaban. “Las tertulias con el maestro Bernardo Romero Lozano eran no solo agradables, sino interesantes y formadoras porque él nos ponía a inventar óperas con argumentos complejos, y cada quien tenía que darle vida a un personaje. Tuvimos dos directores musicales: mi paisano Raúl Rosero y Boris Roth. Humberto Martínez Salcedo escribía los libretos para 'El show de la familia Ruiz', que duró varios años en la programación. Mis hijos comenzaron cuando el mayor tenía siete y los otros cinco y cuatro”, relata Juliana.

Problemas

Como suele suceder cuando los artistas se hacen famosos, el caso del ‘hombre feliz’ no podía ser la excepción. La cara sonriente, los gestos amables y el permanente buen humor en el trabajo se cambiaban en el hogar, y aunque Juliana trató de pasar de puntillas por este aspecto en su relato, una que otra frase da cuenta de esas horas en las que en su hogar se vivieron tirantez y acritud. Tampoco se ocupa demasiado de la faceta de su esposo como tenorio.

Al inicio del libro describe el primer amor de Álvaro, en su tierna infancia, y advierte que ese sería el comienzo de su larga y nutrida trayectoria de aventuras amorosas.
Tiene claro, eso sí, que la infidelidad es una traición. Alta traición. “Que te digan que no te aman y se vayan, pero que no finjan”.

Pasábamos mucho tiempo juntos. Vivíamos en Suba, en una gran casa a la que venían nuestros amigos a jugar generala, póquer, a reírnos

Pero nunca tuvo la idea de ventilar esa ropa sucia que es mejor dejar en el canasto. Añade con gran seguridad y sin ninguna tristeza: “Han pasado muchos años. Las circunstancias son diferentes, y él ya está muerto. Si después de todo este tiempo transcurrido uno no cambia, está frito. Tiempo después de la separación, una separación que se dio porque yo le dije que ya no más, fuimos amigos, buenos amigos. Traté de llevar las infidelidades de la mejor forma posible, por mis hijos, aunque una no se puede quedar en una relación mala por los hijos, como tampoco se puede amar a una persona que te hace daño. Álvaro, como, ‘hombre feliz’, se las arreglaba para convencernos a todos, después de cada infidelidad, de que había sido sin querer. Hasta que ya no hubo caso. Llegué a la conclusión de que nunca jamás podía volver con él como pareja, pero demasiadas cosas nos unían. Mi familia, para no ir más lejos: lo querían mucho, sobre todo mi madre”.

Alegrías de ayer y hoy

Chamorro atesora los recuerdos de esos 29 años de matrimonio. “Fue muy lindo vivir esa vida”, dice. Ahora se siente complacida: rodeada de sus tres hijos, nietos y hasta biznietos. “Somos muy unidos y con las nueras, también. Mi primer nieto es un hombre de 33 años. En la actualidad, Mario, quien trabaja en café concierto, es muy buen cantante. Álvaro, muy parecido a su padre, hace lo mismo en Miami, y Fernando se retiró completamente de la vida artística”.

Álvaro trabajó día a día en sus 69 años: en el circo, como maestro de ceremonias, en radionovelas, en programas cómicos; fue animador, cantante, comentarista taurino, locutor de noticias y comerciales, bailarín de teatro, programador de televisión, gerente de RCN Televisión, actor en más de 500 telenovelas, en varias películas; y en Estados Unidos fue desde mesero hasta extra en algunas producciones e interpretó uno que otro papel secundario. Hombre de memoria privilegiada que se aprendía con facilidad largos libretos y pasó a perder la memoria en los últimos días. Su muerte, a causa de un derrame cerebral, fue rápida.

A su entierro asistieron centenares de personas que expresaron su admiración por este señor actor y casi todos los mariachis de Bogotá, con los que cantaba y a los que contrataba para dar serenatas.

Myriam Bautista
Especial para EL TIEMPO

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