Entrevista con Ai WeiWei, el artista chino que presentará su documental en Colombia - Cine y Tv - Cultura - ELTIEMPO.COM
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‘La mayor violencia de nuestro tiempo es negar la existencia de otros'

El artista chino Ai WeiWei relata la experiencia vivida en 'Marea humana', su nuevo documental.

Migrantes en el Mediterráneo

El drama de los migrantes en el Mediterráneo.

Foto:

Laurin Schmid / AFP

16 de junio 2018 , 09:52 p.m.

El artista chino Ai Weiwei comenzó su vida siendo un refugiado. Su padre, el poeta Ai Qing, fue desterrado por el gobierno chino un año después del nacimiento de su hijo, y este solo conoció su país 17 años después.

Esa experiencia nutrió una sensibilidad social que lo llevó a ser un reconocido activista por las libertades en China. En el 2011 fue encarcelado 81 días y, tras su liberación, pasaron varios años en los que solo sus obras pudieron salir de ese país asiático, pues le fue retirado el pasaporte.

Ai Weiwei ha dedicado muchas de sus instalaciones al tema de los migrantes. Ahora aborda el asunto desde el cine, con el documental ‘Marea humana’, que se presentará del 21 al 23 de junio. Su estreno coincide con la conmemoración, el 20 de junio, del Día Internacional de los Refugiados. El artista habló de su salto al séptimo arte y su compromiso con una crisis que ha vivido desde la experiencia propia y ajena.

¿Necesitó un acercamiento distinto para abordar la crisis de refugiados en el cine?

La diferencia es la forma: cuando estás trabajando en una galería te relacionas con los consumidores de arte, los asistentes a la exposición y los museos. Puedes tener mucha flexibilidad en términos de forma y contenido: este puede ser abstracto o realista, puedes usar simbolismo o romanticismo. En cuanto a mis exposiciones, presento la verdad física de los hechos. Usé prendas de refugiados, como las que dejan en las orillas de Lesbos. Es la evidencia de nuestro tiempo. Para hacer una película, en cambio, se necesitan emoción y una estructura narrativa que construya gradualmente una escena y cree más de una historia. Pero un filme también puede ser abstracto; en el caso de Marea humana, además de haber tenido que estudiar la historia de los migrantes en la literatura, debimos mirar los trabajos de arte enfocados en esa condición. También, encontrar estadísticas e investigar las políticas alrededor de este tema. A menudo, una forma de trabajo apoya la otra.

Usted viajó a 23 países y visitó muchos campos de refugiados. ¿Por qué necesitaba una visión tan amplia?

No quería mostrar solo una región, un caso local, porque las noticias hacen ese trabajo. A diario ves en las noticias o en las redes que se habla de la guerra en Siria, ¿pero qué hay de la guerra en Irak? ¿Qué hay de Afganistán? ¿O Palestina? Es muy distinta la situación en cada caso, hay refugiados que escapan del cambio climático y otros que huyen de la hambruna. Personalmente tengo la curiosidad de entender el tema, y toma mucho esfuerzo hacerlo.

¿De dónde viene esa curiosidad personal?

De la frustración. Me frustra que vivamos en este mundo y no les prestemos atención a condiciones humanas muy básicas. Me he involucrado profundamente con la política de China y la cuestión de la libertad de expresión y los derechos humanos, porque esas cosas me frustran. No tendría por qué ser así, pero soy una persona cuyo padre fue exiliado, casi desde que nací fuimos refugiados, enviados a los campos. Vivimos cinco años en un hoyo en el suelo. Mi padre limpió los baños de todo un pueblo en el que pasamos una temporada. Eso me ayudó a ver cuán bajo puede caer la humanidad. Sentí el viento que nunca paraba en la frontera entre Rusia y Pakistán, 40 grados bajo cero.

¿Cómo se alimentó la película de esas experiencias?

Debo respetarlas y reexaminarlas de cara a las circunstancias de hoy. Esto pasa todo el tiempo. No desaparece. Viene y va como las olas. Estamos en medio de una crisis, y quiero estar involucrado, física y emocionalmente. La vida solo puede tener sentido si te involucras socialmente. El tiempo pasa, tengo 60 años, estoy en una posición relativamente libre hoy; la policía secreta ya no me sigue, así que finalmente tengo la oportunidad de apuntar a un objetivo más grande con mi trabajo.

La mayor violencia de nuestro tiempo es negar la existencia de otras personas. Y eso pasa todo el tiempo, en los medios y en la opinión pública

¿Piensa que la actual crisis de refugiados es el problema más grande de la humanidad?

Creo que la mayor crisis no son los refugiados, sino que se malentienda la condición humana. Todavía creemos que separar a las personas puede funcionar. Los humanos crean fronteras, los políticos crean fronteras, y es un problema. Puede ser una estrategia temporal, pero sigue siendo un problema. Hay un movimiento constante en nuestro planeta, como un río que fluye desde una montaña. La mayor violencia de nuestro tiempo es negar la existencia de otras personas. Y eso pasa todo el tiempo, en los medios y en la opinión pública.

En la película podemos verlo sosteniendo la cámara, hablando con los refugiados, observando. ¿Por qué decidió aparecer?

Es necesario incluir un punto de vista personal. De esta forma la audiencia puede ver cómo se hizo la película. Por ejemplo, en México, veo a un hombre cortando su propio cabello y le pregunto si necesita ayuda, así que me deja cortárselo. Eso le da vida real al arte. Odio cuando las películas se vuelven educativas. Quiero que esta tenga una sensación relajada, no quiero que la gente la vea como algo demasiado serio y trate a los refugiados y a los campamentos solo como un tema trágico. Incluso en circunstancias trágicas, la gente aún puede preocuparse por su cabello.

¿Cómo fue editar tantas horas de grabación?

Niels Pagh Andersen es un excelente editor. Él trabajó en ‘El acto de matar’ (sobre los escuadrones de la muerte en Indonesia). Soy muy afortunado de haber podido contar con un editor de primera clase, que entiende el tema y no solo está técnicamente preparado, sino intelectualmente preparado. Es indispensable que una película como esta represente un reto propio: qué pongo, por qué y por qué no. Tenemos cientos de horas de grabación, seis equipos tuvieron que empezar a editar al mismo tiempo. Tuvimos que editar y grabar simultáneamente porque no podíamos permitirnos aplazar la película otro año. No era posible, porque esta crisis se mueve como el agua. Así que por primera vez en mi vida ayudé trabajando en la coloración de la imagen, la luz, la música y el sonido. Y también ayudé a investigar la poesía citada y las estadísticas que usamos.

¿Hizo esta película para alentar a actuar?

Sí. Siempre digo que mi palabra favorita es ‘actuar’. Deja la escuela, viaja, conoce personas que no conocerías o siéntate con alguien y come o bebe algo con esa persona. Una de las mayores pérdidas de la crisis de refugiados es que los niños están fuera de la escuela y se están convirtiendo en una generación perdida. Pero, por otra parte, poner a las personas durante más de 20 años en el mismo sistema, recibiendo la misma educación, hace que la gente sea igual, que tengan los mismos valores cuando miran al mundo. Pero no existen dos hojas iguales en un bosque, ¿así que por qué tenemos que estar uniformados?

¿Piensa que está bien tomar el sufrimiento humano y convertirlo en un trabajo artístico?

Creo que podemos hacer arte sobre cualquier cosa, mientras el trabajo lleve el tema a otro nivel. A veces, hacer arte permite espacio para la imaginación. Cómo balancear el mundo real y el de nuestra mente, realmente no lo sé, pero solo debemos seguir tratando de hacerlo. Pedimos a gritos formas a través de las cuales podamos vernos a nosotros mismos, y esa es la razón de que exista el arte.

Usted es un artista famoso que fue un refugiado. ¿Se siente como una inspiración para ellos?

En cierta medida. Siento que puedo darles valentía, especialmente a los jóvenes. La gente estrecha mi mano y me dice cuán importante es mi trabajo, de lo cual no soy realmente consciente. Lo hago porque quiero hacer arte. Pero los humanos necesitan comunicación, estar identificados con un cierto espíritu. Creo que estar solo no es muy bueno. Así que no me importaría si reparto algo de energía positiva.

Dónde y cuándo

El documental se proyectará durante tres días, del 21 al 23 de junio, en salas de Cine Colombia en 12 capitales del país. La boletería tendrá un costo de entre 15.000 y 21.000 pesos.

EL TIEMPO*
* Entrevista cedida por Cine Colombia

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