Cine y Tv

El ‘flow’ de Colombia / El otro lado

El país es música, mujeres bellas, hombres brutos y ética del billete y así son las historias en TV.

Ómar Rincón, Crítico de televisión

Ómar Rincón, Crítico de televisión.

Foto:

César Sánchez Carreño

15 de julio 2018 , 10:00 p.m.

Colombia es música, mujeres bellas, hombres brutos y ética del billete. Este es el común de las historias de éxito en televisión (y la vida colombiana). Y esta es la tradición de las historias de Caracol. Llegó ‘La reina del flow’: reguetón, bellas y narcos.

Caracol conoce lo colombiano y lo ha convertido en su karma: noticias sensacionalistas de sangre y matoneo; concurso de talentos físicos como correr, cantar y bailar; ficción costeña donde se celebra nuestra alma Caribe; ficción narcolombia; ficción narcoméxico. Y con eso le basta para el ritual de cada noche.

‘La reina del flow’ como historia de melodrama está localizada en un lugar infalible: la venganza. Y es que esta es el alma ética de nuestra patria: somos herederos de venganzas y queremos poder para ‘poder’ vengarnos.

Y esto se celebra en la política, no es un asunto de melodrama. Ante el fracaso de la justicia, venganza por mano y cuerpo propios.

La venganza esta vez tiene como condimento al reguetón o ritmo urbano o trap o lo que sea esa música que fascina porque es fácil de bailar, le canta al sexo como capital cultural y deja entrever cómo las mujeres dominan a los hombres con seducción.

Estas diatribas machistas en el fondo son un reconocimiento del miedo que los machos tienen de la autonomía de cuerpo y sexualidad de las mujeres.

Venganza más música popular adobado con un chico hermoso aunque flojo actor y unas chicas maravillosas en actuación. Sorprende la flacura de la protagonista Carolina Ramírez: se ve rara, se siente extraña pero gana porque es una ‘chica del flow’.

La realización es efectista, llena de luces y estridencias propias de esa música; mucho grito poco ritmo; mucho juego de cámaras poco relato. Pero así es siempre, luego nada extraño. Pirotecnia para esconder la falta de matices. Y eso gusta.

Bastaría con esa fórmula, pero no; para asegurar el encanto a la colombiana, hay narco. Y con él vienen las violencias, los abusos, las guerras de matoneo y muerte. El narco sirve para reflejar nuestro lado oscuro de hacer justicia (matar o amenazar) y hacer el destino (el billete como moral).

Lo de la música de moda, lo de la venganza, lo de las mujeres bellas, lo del cantante de éxito viniendo de lo popular.

Todo eso está bien. Lo raro es que siempre haya que mezclarle el condimento de lo narco. Pareciera que nos fuera imposible contar sin narco, como si eso fuera nuestra marca de identidad nacional.

Y de pronto Caracol tiene toda la razón “cultural”: en Colombia somos narcos en todo: política, academia, familias, música, deporte. Solo sabemos resolver nuestras diferencias en modo matoneo, griterío y exceso de dignidad emocional.

Aquí las ideas lentas, las reflexiones con argumentos, el respeto al otro, la convivencia entre diversos no gustan. Cada uno, cuando menos lo pensamos, sacamos el narco que llevamos dentro y matoneamos al otro y le imponemos nuestra ley como verdad. Ese es el ‘flow Colombia’.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión
orincon61@hotmail.com

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