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El actor Ben Kingsley celebra su era dorada

Celebra su cumpleaños 75. Ha interpretado a personajes históricos como Gandhi, Lenin o Moisés.

Ben Kingsley

El británico cumple 75 años este 31 de diciembre y su carrera no para. Ben Kingsley participa en ‘Nomis’, una película mezcla de ‘thriller’ y acción, y también en el drama ‘The Red Sea Diving Resort’.

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EFE

Por: EFE
29 de diciembre 2018 , 11:59 p.m.

Me siento obligado a contar historias, no sé el porqué pero es así”, le dijo Ben Kingsley a Efe en el 2015. El actor encarnaba al visir Ay, el poder en la sombra del faraón Tutankamón en la miniserie televisiva Tut, transmitida en América Latina por el canal History. Y es que Kingsley, efectivamente, lleva casi medio siglo contando historias: ha sido Mahatma Ghandi, Georges Méliès, Moisés, Pericles o Lenin, y ahora encarna al nazi Adolf Eichmann en su último filme, Operation Finale. Coincidiendo con las campanadas que darán paso a 2019, cumple 75 años confirmando, además, que vive su era dorada.

Ben Kingsley nació el 31 de diciembre de 1943 en Scarborough, Yorkshire, y su verdadero nombre es Krishna Pandit Bhanji, evidencia de que tiene ascendencia india por parte de padre, el médico Harji Bhanji, de religión musulmana; su madre se llamaba Anna Lyna Mary, modelo y actriz de confesión judía.

Así, la vocación artística de Kingsley podría considerarse en parte algo que corre por sus venas. Tanto es así que estudió arte dramático en la Manchester Grammar School, donde coincidió en la misma clase con el también actor Robert Powell (Jesús de Nazareth, de Franco Zeffirelli).

En la misma escuela también se han formado el director de teatro Nicholas Hyrtner y el comediante Chris Addison, entre otros. Kingsley también estudió en la Pendleton Salford College. Sus primeros pasos los dio en el teatro aficionado, subiéndose a las tablas de manera profesional por primera vez a los 23 años, tras graduarse.

Cambio de nombre

El actor fue miembro del National Theather de Londres, así como de la Royal Shakespeare Company, actuando entre otros lugares, en Broadway. En esa época decidió cambiar su nombre real por el artístico Ben Kingsley, derivado del apodo de su abuelo ‘Clove King’. Su abuelo era un comerciante de especias en Zanzíbar. El salto a la gran pantalla lo dio en 1972, con Fear Is the Key. Después participó en unas cuantas producciones televisivas, destacándose la producción de la BBC The Love School (1975, conocida en Estados Unidos como The Brotherhood) y la miniserie Dickens of London (1976).

El actor tuvo que esperar para volver al cine hasta 1982, pero cuando regresó lo hizo por todo lo alto: ganando el Óscar al mejor actor gracias a su papel protagonista en Gandhi, en el que encarnó al dirigente indio. Fue el propio director de la película, Richard Attenborough, quien lo escogió para hacer el papel de Mahatma Gandhi, para el que se vio obligado a adelgazar nueve kilos.

Quizás el actor no contaba con la codiciada estatuilla dorada, pues al recogerla afirmó que “de haber sabido que iba a ganar, no habría venido vestido de camarero”. Además de ese premio, su interpretación fue galardonada con el Globo de Oro, un Bafta y un Grammy al mejor álbum hablado. Por lo general, las sólidas personificaciones de Ben Kingsley se relacionan con personajes que provistos de una rígida estructura de valores, enfrentan situaciones que desafían la integridad de su carácter.

Desde entonces, Kingsley no ha dejado de trabajar en producciones de todo tipo, incluidas las televisivas, como la miniserie de 1988 Il treno di Lenin. Y en filmes varios, como por ejemplo Betrayal (1983) o Without a Clue (1988). En la década de los 90, su carrera siguió creciendo con una nueva nominación a los Óscar, concretamente en 1991 por Bugsy, y filmes tan recordados como Schindler’s List (1993), con el que estuvo cerca de llevarse otro Bafta. Otras películas de su dilatada carrera son Death of the Maiden (1994) o la producción televisiva Moses (Moisés, 1995).

Nuevo siglo y vigente

Ya en este siglo, el actor siguió cosechando nominaciones a galardones varios, incluidos Óscar y Globos de Oro. Es el caso de Sexy Beast (2000), o House of Sand and Fog (2003).

Otros filmes exitosos de esta etapa son Prince of Persia: The Sands of Time (2010), Shutter Island (2010), Hugo (2011), donde encarnó al cineasta George Méliès, o Iron Man 3. Pero, además de galardones cinematográficos, Kinglsey recibió otro honor: fue nombrado Sir en 2002 por la Reina Isabel II de Inglaterra. Al recibir el título en el Palacio de Buckingham, el actor afirmó: “Recibir un Óscar es insignificante, esto es insuperable”. Su esposa, la actriz brasileña Daniela Lavender, es, por tanto, Lady Kingsley.

Tres de sus películas fueron incluidas en la lista de las 100 cintas más inspiradoras de todos los tiempos del American Film Institute: Buscando a Bobby Fischer (1993), número 96; Gandhi (1982), número 29, y Schindler’s List (1993), número 3.

Al noble intérprete se le conocen otros tres amores antes de Daniela. Su primer matrimonio fue con la actriz británica Angela Morant, con quien se casó en 1966 y se divorció diez años después, teniendo como hijos en común a Thomas y Jasmin Bhanji.

Dos años después se casó con la directora teatral Alison Sutcliffe, con quien tuvo a Edmund y Ferdinand Kingsley, antes de divorciarse en 1992. Después vino un matrimonio fugaz con Alexandra Christmann, de 2003 a 2005. Según varios medios, el actor dijo sentirse “conmocionado” al ver una foto de Christmann con otro hombre.
Su trabajo más reciente, Operation Finale, fue estrenado en Netflix, la plataforma de cines y series online en octubre, y en la que encarna al nazi Adolf Eichmann.

Sobre este último trabajo, Kingsley afirmó en una entrevista publicada en Infobae que si dio vida a Eichmann fue “para que ustedes lo juzguen y lo vean”. Y afirmó que “quería clavarlo (a Eichmann) a las puertas de Auschwitz”.

Y, después de esa catarsis, el intérprete ha seguido trabajando: en Nomis, un filme de thriller y acción, y en el drama The Red Sea Diving Resort. Nada detiene su naturaleza interpretativa, y celebrar 75 años en Nochevieja no es razón para dejar de brillar con modernidad en el cine.

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