Maritza Melo habla de su trabajo en el Circo del Sol - Arte y Teatro - Cultura - ELTIEMPO.COM
Arte y Teatro

El vuelo azul de Maritza Melo en el Circo del Sol

Es la primera mujer colombiana integrante del mejor circo del mundo.

Cirque Du Soleil

Maritza actúa en un espectáculo del Circo del Sol inspirado en la película ‘Avatar’.

Foto:

Cortesía Circo del Sol

Por: Diego León Giraldo
04 de diciembre 2018 , 08:22 p.m.

Con la falda de cuadros pegada en la cara abotagada y roja por el esfuerzo, el pelo enmarañado y el sudor dejando gotas en el piso; por entre los pliegues del uniforme que le cubría el rostro y dejaba sus piernas desnudas revoloteando al aire, Maritza escuchaba el berrido de la monja que la conminaba a ponerse de pie porque eso de pararse de manos no era una cosa bien vista en las niñas.

A los 8 años, ella simplemente daba contentillo a la profesora del colegio Nuestra Señora de Chiquinquirá, enclavado en las calles polvorientas y empinadas del barrio Siloé de Cali.

Sabía que no tendría ningún sentido tratar de explicar que con esas monerías había empezado su carrera deportiva Corina, la protagonista de Alcanzando el cielo, la película rumana que había visto el fin de semana pasado en el televisor de la sala de su casa. Al igual que Corina, Maritza quería vencer los miedos, convertirse en gimnasta y ser aplaudida por un estadio lleno de gente.

Lo cuenta al otro lado del teléfono, todavía con el maquillaje azul en la cara y el cuerpo, y después de terminar una función en una pequeña ciudad, cerca de la alemana Oberhausen.

Cirque Du Soleil

Maritza Melo es la primera colombiana en formar parte de uno de los veinte espectáculos que tiene el Circo del Sol.

Foto:

Cortesía Circo del Sol

Para la Maritza de 30 años, eso de pararse en manos es ahora solo parte del calentamiento, pues por estos días tiene que aprender otras rutinas para encajar en el grupo de 43 artistas de todo el mundo, en una tropa de 100 personas que está recorriendo todo el norte de Europa con Toruk, el primer vuelo, en una gira por la que está convirtiendo el sueño de niña en una realidad.

Ella es la primera mujer colombiana en ser parte de uno de los 20 shows del Circo del Sol, y en medio de cada frase que va lanzando se le escapa una risa de felicidad absoluta.


Llegó a inicios de octubre y aún siente emoción al contar cómo para registrarse en el hotel de Róterdam, donde la esperaban, dijo en inglés perfecto: “Soy Maritza Melo Zambrano y soy artista del Circo del Sol”.

La mujer que nació en El Tambo, Nariño, en el suroccidente del país; que viene de familia de pintores y músicos, y al año de edad fue llevada a vivir a Cali, relata: “Siempre trato de visitar a mi abuelita Isabel, la mamá de mi mamá. Somos una familia muy grande, pues tengo diez tíos maternos. El Tambo es un pequeño pueblo del que no se sabe mucho en Colombia, pero allí nacen muchos artistas. Mi abuelo fue músico, un lutier, Julio Zambrano. Y fue alcalde del pueblo. Hay vena artística por el lado de mi mamá, Blanca Elisa, que pinta y hace poesía. Y también por el lado de mi papá, Jaime Melo, que es profesor de artes, graduado en la Universidad de Nariño. Él tiene el don de hacer escultura, pintura y grabados. Tengo tres hermanas y un hermano pintor”.

Y, mientras para la monja del colegio las piruetas eran escandalosas, para su mamá fueron señal de cómo podría comenzar a pavimentarle el camino a Maritza, tenerla ocupada y evitar que se contaminara con los vicios que circulaban por las esquinas del barrio.

A los 11 la metió en un programa que permitía a los muchachos de escasos recursos explorar sus habilidades; también estuvo en la Liga de Gimnasia del Valle, hasta los 14, y, aunque no se convirtió en gimnasta, como su alter ego, Corina, fue perfeccionando sus acrobacias e ingresó a la Compañía Los Cobos, que necesitaba una acróbata, y allí se adueñó de la técnica del columpio. Luego pasó por el American Circus, tuvo una lesión de rodilla por la que fue operada y después llegó a la Escuela Nacional de Circo para Todos, donde cursó cuatro años y perfeccionó sus técnicas aéreas.

La Gitana de Delirio

A los 19, tras un casting se convirtió en la Gitana de Delirio, la acróbata que danzaba en el aire durante el show de circo, salsa y orquesta de Cali mientras sonaba el tema clásico de Willie Colón. Allí, los últimos viernes de cada mes actuó durante cuatro años, pero también tuvo la posibilidad de salir de gira fuera del país y darle cuerpo a ese sueño infantil. Panamá fue el primer sitio que visitó, luego vinieron presentaciones en España, Holanda, Francia e Inglaterra.

Como la Corina que le permitió tener esa temprana epifanía, Maritza no se dejaba vencer por los obstáculos y otra idea le rondaba el corazón, la de comprarle una casita de ensueño a doña Blanca Elisa. Entonces se embarcó en cruceros por el Mediterráneo.

Ya era especialista en números de mano a mano, de esos que se realizan en el aire y mientras los espectadores contienen la respiración. También aprendió a danzar en la ramka volante, un aparato metálico, rectangular, que baja del techo de las carpas mientras la artista ejecuta movimientos en el aire al ritmo de la música, usando velos y en posiciones estéticas, sostenida solo por sus rodillas y pies.

Al otro día de llegar a Róterdam la recibieron en el ensayo sus nuevos compañeros, presentó una prueba física y pasó por diversos exámenes médicos para ver su historial de lesiones. Todo el tiempo hay médicos y fisioterapeutas pendientes de los artistas, además de masajistas a los que pueden acudir en cualquier momento.

“La integración que estoy haciendo en el Circo del Sol tiene unos pasos, y ellos te van metiendo poco a poco; desde temprano estoy preparada, a las 9 de la mañana, porque hay un bus que nos recoge en el hotel”.

Los protocolos son estrictos, como responder la entrevista telefónica acompañada por la relacionista pública del show, con quien además se debe gestionar la charla anticipadamente.

“Estamos en un hotel superbonito, con todo lo que necesitamos; luego venimos acá –al sitio del espectáculo–. Hay desayuno o te lo puedes preparar según tus gustos o tu dieta. Hago mi preparación física personal, rehabilitación o lo que necesite para estar fuerte, y ahí sí comienzan los ensayos”.

Toruk, el primer vuelo recrea el fantástico mundo de Avatar y se coreografió de la mano de James Cameron, autor y director del famoso blockbuster ganador de tres premios Óscar. Ambientada en el año 2.154, los habitantes de Pandora, una luna del planeta Polifemo, deben luchar para preservar su hábitat. Y Maritza, con todo el cuerpo maquillado de azul y unos apéndices que dan longitud a sus orejas, es parte de los navis, la raza humanoide que protagoniza la historia.

“Tengo ensayos de baile para una parte del show que se llama Nurai, que consta de equilibrios. Como estoy haciendo la integración, debo recibir la instrucción de cómo subirme al aparato, la coreografía y en qué posiciones debo estar dentro del espectáculo, pues en la medida en que voy aprendiendo algo, ellos me van metiendo en el show; no de una. Se hace poco a poco, para que todo sea muy seguro y muy tranquilo también para los artistas durante el espectáculo”. Las señas, las miradas y los mensajes corporales son fundamentales durante el desarrollo de la presentación para comunicarse con sus compañeros de escena. En clases de actuación y expresión corporal aprende señales, gestos y reacciones que permitan solucionar cualquier imprevisto... “Todo es paso a paso y muy completo”.

Antes de responder al teléfono, Maritza había terminado función y, además, había ensayado una nueva parte. El reto era cargar una estructura mientras danzaba. “Luego me toca aprender otro número con unas barras que parecen gimnásticas, y todos nos colgamos allí como si fuéramos miquitos. Todo el tiempo estoy caracterizada como una nativa navi”.

Zagreb (Croacia), Riad (Arabia Saudita), Bratislava (Eslovaquia), Cracovia (Polonia), Amberes (Bélgica), Moscú y San Petersburgo (Rusia), Praga (República Checa), Milán (Italia), Lyon (Francia), las españolas Barcelona, Madrid y Pamplona, Múnich (Alemania), Zúrich (Suiza), Mánchester y Londres (ambas en Reino Unido) son parte de la gira que ya está programada hasta mediados del año que viene. “Este espectáculo es en modalidad arena; hay varios tipos de shows que ofrece el Circo del Sol, como en carpas o teatro. Este es en coliseos. Estamos por una semana y cambiamos de ciudad o de país”.

De emoción en emoción

El día de la conversación, Maritza estaba especialmente feliz, pues algunos de sus estudiantes de circo, de sectores populares de Cali, habían sido invitados a Bogotá a presenciar Amaluna, el montaje que desde hace varias semanas presenta el Circo del Sol en la carpa azul y amarilla que armaron en un sector del complejo deportivo El Salitre. Ella sabe, lo reconoce sin soberbia pero sí con orgullo, que cuando sus discípulos vieron el espectáculo estaban pensando en ella e imaginando cómo algún día podrán seguir sus pasos.

“Acá vivo de emoción en emoción; es como que estás en un sueño y no te quieres despertar, con muchos sentimientos encontrados, con algo de nostalgia por dejar a mi familia, pero también la felicidad de saber que están orgullosos de mí. Además, estoy viajando y cumpliendo con lo que había esperado toda mi vida y para lo que he trabajado tan duro... ¡Dios mío, no me lo creo!”.

Hace nueve años, cuando estrenaron Avatar en Cali, ella fue a verla con unos amigos; pero no tuvo la fortuna de disfrutarla en 3D. Fue después, cuando la llamaron del Circo del Sol para este montaje, cuando de tanto repetirla en video se la aprendió como una partitura. Aparte de los movimientos, se fijaba con precisión en el maquillaje.

—¿Qué es volar para usted?

—Dejar que tu cuerpo y tu mente fluyan con todo lo que realmente amas. Para mí, por ejemplo, en el circo me inspira todo lo que pienso, me imagino por las noches y quiero poner al otro día en el escenario. Cuando lo hago y me sale muy bien, siento que estoy volando. También la sensación de cuando estás en el aire y sientes todo el viento en la cara, el pelo agitándose y una temperatura especial en la piel. En esos momentos siempre pienso lo chévere que sería si tuviéramos alas.

—Puede decirse que tiene la vida pendiendo de un hilo. ¿Ha sentido la muerte cerca?

—Nunca; debe ser porque soy muy creyente y siempre me encomiendo a Dios.

—¿Quedan más sueños pendientes?

—¡Varios! No sé cuál sería el más grande. Uno es ser mamá algún día; podría enseñarle a mi hijo todo lo que sé y contarle historias, hablarle de todo lo que he conocido, decirle que su mamá era capaz de volar.

—¿Y dormida, hay algún sueño recurrente?

—Estoy tan cansada siempre que ni siquiera sueño, ja, ja, ja... Pero a veces me veo haciendo en acrobacia lo que me he imaginado durante el día. Antes de venir para acá, me soñaba que estaba en el show, que estaba en la escena y que la luz me brillaba en la cara, y se cumplió.

—¿Dónde le gustaría actuar?

—En Colombia, pero con Circo del Sol, para que toda mi familia pueda verme.

—¿Qué piensa cuando recuerda los regaños de la monja?

—Que toda la locura me sirvió.

DIEGO LEÓN GIRALDO
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