Arte y Teatro

Luis Enrique Osorio y Campitos, pioneros del humor teatral

A mediados del siglo XX, los dos artistas marcaron el humor en la escena con sus estilos.

Luis Enrique Osorio

Osorio fue uno de los dramaturgos más prolíficos de la historia del teatro colombiano.

Foto:

EL TIEMPO

29 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Una persona que llega del campo y se asusta con los novedosos sistemas de la gran ciudad, como un ascensor o la iluminación eléctrica. Un político liberal que se vale de todo tipo de adulaciones y estrategias para llegar al poder, en una época dominada por las camadas conservadoras.

Esos dos personajes reflejan visos determinantes de las comedias de Luis Enrique Osorio (1896-1966), un dramaturgo que dominó la escena de mediados del siglo XX gracias a la acogida que tenían sus piezas en los espectadores.

Aunque estudió derecho e ingeniería, Osorio se fue decantando por el teatro, influenciado por una infancia que estuvo marcada por la cercanía a la escena. El sitio web especializado Museartes recuerda que, cuando era niño, Osorio asistía a las tertulias teatrales que ofrecía en Palacio el presidente José Manuel Marroquín.

Carlos José Reyes, dramaturgo, director e historiador, asegura que Osorio es uno de los autores más prolíficos que ha tenido el teatro colombiano, una faceta que además se complementaba con su trabajo como periodista y como crítico de teatro (incluso tuvo una columna en EL TIEMPO por varios años).

“Él hizo cantidad de obras de toda clase de autores, pero al final llegó a la conclusión de que cada país debía hacer su teatro sobre sus problemas, sobre el imaginario colectivo, sobre lo que interesara al país y no estar trayendo solamente teatro internacional para hacer una buena taquilla; es decir, salirse de la idea de un teatro económico para hacer un teatro que respondiera a la realidad nacional”, explica Reyes.

Osorio llegó a la conclusión de que cada país debía hacer su teatro sobre sus problemas, sobre el imaginario colectivo

Ese pensamiento se ve reflejado en una de sus obras más recordadas, ‘El doctor Manzanillo’, una sátira sobre la actitud de los políticos. Reyes apunta que justamente ese ‘apellido’ se convirtió en una palabra de la jerga popular, con la que señalaba a los llamados ‘lagartos’ que están “entrometidos en todo”.

Manzanillo además protagonizó otra obra de Osorio, ‘Manzanillo en el poder’, consolidándose como el personaje icónico de su autor.

Él criticó mucho el caciquismo, especialmente los discursos de los jefes políticos que llegaban a los pueblos y, aunque nadie entendía lo que decían, finalmente votaban por ellos”, explica Marina Lamus, investigadora e historiadora teatral.

Una de las principales características de Osorio, cuyas comedias usualmente tenían un altísimo éxito de público, era que construía sus piezas a partir de las cosas que escuchaba en la calle. Allí se refleja el otro ángulo importante de sus creaciones, lo popular.

“Él buscaba personajes y diálogos para el espectador común, no trataba de hacer ni gran literatura ni unos contenidos herméticos sino diálogos muy de la vida cotidiana de la gente, es un teatro que tiene un mérito en ese momento, porque busca un tipo de realismo, de mostrar una pintura de la familia colombiana”, explica Reyes.

Luis Enrique Osorio

El elenco de 'Ay sos camisón rosado', que se estrenó en 1949.

Foto:

Archivo particular

El director y dramaturgo asegura que, para él, una de las piezas de Osorio que está mejor elaborada es ‘La familia política’, en la que una pareja que se acaba de casar decide no preguntarse sobre su pasado, ni sobre quiénes son su parientes.

Sin embargo, un día un hermano de la protagonista llega a visitarlos, y aunque ella trata de alejarlo, finalmente su esposo la convence de que se instale en su casa.

“Al final, poco a poco se va metiendo la familia de la esposa, el marido los va recibiendo a todos hasta que lo enloquecen. Se le empiezan a poner las corbatas, las camisas, a comerse todo, a dejar la despensa desocupada, al final toca echarlos y casi se destruye el matrimonio”, recuerda Reyes.

Doctor Manzanillo

Afiche de 'El doctor Manzaillo', obra icónica de Luis Enrique Osorio.

Foto:

Archivo particular

Lamus, por su parte, destaca esa tendencia de hacer comedia a partir de las personas del campo que llegaban a las ciudades y tenían poca experiencia dentro del mundo urbano.

Él se reía de ese encuentro del provinciano con una gran ciudad y resulta que la gente que iba a verlo en el Teatro Municipal era esa misma gente de la cual se estaba riendo, y como se veían reflejados les gustaba mucho, porque Osorio lo hacía de una manera simpática pero sin faltar al respeto”, explica.

Las situaciones que planteaba Osorio incluso llegaron al cine, con la película 'Préstame tu marido’, dirigida por Julio Luzardo, una especie de farsa en la que una mujer provinciana llega a la ciudad y, ante la visita de sus padres a la ciudad, se inventa un matrimonio para disimular su situación.

Más allá de esa experiencia, la popularidad de Osorio se siguió centrando en el teatro. “Como le iría de bien que logró reunir un capital para crear el Teatro de La Comedia”, apunta Reyes.

Y aunque sus creaciones teatrales no se siguieron montando con regularidad, hay situaciones y críticas que siguen teniendo resonancia en la actualidad. “(Osorio) se reía de ambos partidos tradicionales (Liberal y Conservador) y de cómo tenían las mismas familias gobernando. Es decir que no ha perdido mucha vigencia”, finaliza Lamus.

Campitos y el poder del actor
Campitos

Afiche promocional de 'Campitos, empleado público', que se estrenó en 1947.

Foto:

Archivo particular

Otro dramaturgo que tuvo gran impacto en esas décadas del siglo pasado fue Carlos Emilio Campos (1906-1984), más conocido como Campitos, que compartía ciertas características con Luis Enrique Osorio.

“Si queremos unir a los dos personajes podríamos decir que ambos hablaban sobre política y gente popular, pero la forma de su dramaturgia es completamente distinta, porque la de Campitos explota sus grandes cualidades como actor cómico, en cambio Osorio era más el comediógrafo que creaba personajes”, explica Marina Lamus.

Las dotes histriónicas de Campitos lo convirtieron en un personaje de la época, con un gran sentido del humor, que podía imitar cantidad de voces, como recuerda Carlos José Reyes

Campitos comenzó como un “actor serio” en su Tolima natal, trabajando con el dramaturgo Salvador Mesa Nicholls. Luego llegó a Bogotá para trabajar con la Compañía Nacional y finalmente decidió independizarse, aprovechando el don que tenía para la imitación.

Campitos

Carlos Emilio Campos, cuando trabajaba en la Compañía Nacional de Teatro.

Foto:

EL TIEMPO

Uno de los centros de sus propuestas cómicas fue el general Gustavo Rojas Pinilla, sobre el que creó piezas como ‘Don Próspero Baquero’, ‘Marcelino vino y… pum’ y ‘Los tres reyes vagos. Malhechor, Melgar y Malgastar’, en la que parodiaba los gobiernos de Rojas Pinilla, Juan Domingo Perón y Marcos Pérez Jiménez.

“Eran sátiras muy directas sobre la política colombiana, tanto que los personajes de los que él se burlaba muchas veces iban a ver las obras, y se morían de la risa porque lo que era formidable no era que fuera irrespetuoso sino la imitación tan impresionante que hacía de su tono de voz”, explica Reyes.

Otro de sus campos de acción fue parodiar piezas del repertorio clásico, como ‘D’Artagnan Mejía o los tres mosqueteros’, inspirada en el clásico de Alejandro Dumas y en la que los tres protagonistas eran personajes populares colombianos, y ‘Romeo y Julieta’, en la que la protagonista era la hija de una mujer que trabajaba en la plaza de mercado del barrio Egipto.

Los personajes de los que él se burlaba muchas veces iban a ver sus obras

Campitos además fue introduciendo en Colombia el género de la revista musical, con elementos escenográficos como grandes máscaras, danzarines e importantes vedettes que traía de Argentina, México y España.

“Esos países sí tenían una tradición dentro de sus teatros nacionales, pero nosotros aquí no. De hecho, la gente se escandalizaban un poquito porque las vedettes mostraban las piernas, estaban ligeras de ropa, pero no tanto”, apunta Lamus.

“Tuvo un éxito tremendo, se llenaban casi todas las funciones porque era un teatro muy divertido, la gente iba y se moría de la risa”, recuerda Reyes sobre esa etapa bogotana de Campitos.

El artista luego pasó por Cali, hizo una gira por Centroamérica, vivió en Argentina y después se radicó en Estados Unidos, en donde trató de continuar con sus revistas musicales pero pasó por dificultades económicas.

De regresó a Colombia, y tras dos intentos fallidos de actuar en los Café Concert de Fanny Mikey, a los que no pudo asistir por problemas de salud, Campitos recibió un multitudinario homenaje en 1983, en la Media Torta de Bogotá, un año antes de su muerte.

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