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Arte y Teatro

‘El diario de Mr. Boots’ y el arte como restauración

El dúo de artistas Abstractus combatió el dolor con la compañía de un simpático perro con botas.

El diario de Mr. Boots

‘Weed’ es uno de los ‘hijos’ de ‘Mr. Boots’, protagonista de la exposición.

Foto:

Valeria Murcia / EL TIEMPO

22 de noviembre 2017 , 03:05 p.m.

“Han pasado siete años desde que empezamos la obra y desde que pasamos de una pérdida a una nueva pérdida”, dijo Mauricio Vélez, uno de los artistas que conforman la dupla artística y matrimonial de Abstractus.

En su exposición ‘El diario de Mr. Boots’, que se exhibirá durante lo que resta del año en Casa Santamaría, en Bogotá, Mauricio Vélez y Ximena Steevens registraron en fotografías y lienzos el viaje de Mr. Boots, un perro que recorría las calles de varias ciudades canadienses.

Esta, más que ser una obra de galería, fue una experiencia de recuperación que la pareja de artistas vivió a lo largo de la última década.

La historia de Abstractus empezó en España, donde Ximena Steevens intentó trabajar en el mundo financiero después de graduarse como publicista en la universidad. Poco tiempo después supo que ese no era su mundo. Vélez se fue a vivir con ella y aunque ninguno de los dos había estudiado arte profesionalmente, decidieron convertirse en artistas.

En 2002 rastrearon sus influencias artísticas, recorriendo Europa para ver las obras de sus artistas favoritos, y de manera empírica aprendieron técnica para llegar al concepto que hoy es Abstractus.

Se las ingeniaron para vivir solo de su obra, aunque no la han tenido fácil. Su fiel compañía era su perro, Tomás, que más que una mascota era parte de la familia. Lo acogieron cuando regresaron a Colombia y se instalaron en una finca en Mosquera, Cundinamarca.

Pero una serie de eventos desafortunados le dio una vuelta a su vida. “Se inundó la finca, y después de nueve años juntos murió nuestro perro, en el 2010”, contó Vélez.
Luego de la inundación decidieron que era momento de cambiar de panorama.

Uno de sus coleccionistas en Colombia era el director político de la Embajada de Canadá. Él les comentó acerca de la posibilidad que les brindaba el gobierno canadiense de obtener la residencia por méritos artísticos. Enviaron los papeles y después de dos años de espera se trasladaron a Canadá.

Tras la muerte de Tomás, Abstractus creó a Mr. Boots, un perro con apariencia de bull terrier con ojos azules y botas naranja, una especie de escultura. Fue una catarsis que luego proyectaron en Toronto, donde decidieron vivir.

“Nos fuimos a una ciudad nueva; era algo hostil porque llegamos justo al invierno más frío que se había registrado en años –dice Vélez– Sacábamos a ‘pasear’ a Mr. Boots e interactuábamos con toda clase de personas. No hay una mejor manera para conocer una ciudad que a través del arte público, con la escultura en el espacio abierto”.

“Pasábamos por barrios elegantes y zonas deprimidas de Toronto, así teníamos encuentros muy interesantes”, añadió Steevens.

El diario de Mr. Boots

Los artistas recrearon algunas de las imágenes en lienzo con relieves en técnica mixta.

Foto:

Valeria Murcia Valdés

Mr. Boots no buscaba emular a Tomás; es más, no se parecía en nada al labrador dorado que los había acompañado por años. Pero con él recorrieron tres ciudades canadienses (Toronto, Quebec y Montreal) y documentaron el proceso.

Cuando la pareja regresó al país, hace un año, el ‘perro’ quedó bajo el cuidado de un amigo en Montreal. Cuando él lo envió por correo a Colombia, Mr. Boots se perdió en el camino y nunca se supo qué pasó con él. Fue otra pérdida, pero esta vez de un objeto lleno de significado y experiencias.

"Hubo un cierre un poco poético y triste porque Mr. Boots era parte de una obra que trataba de emular el manejo de la pérdida y cómo a partir de ese dolor uno puede reconstruirse a uno mismo", contó Steevens.

Ahora son los ‘hijos’ de Mr. Boots, Weed (Marihuana) y Maple, los que se exhiben en las exposiciones. Según los artistas, los nombres responden a “dos elementos representativos de Canadá”, dice la artista entre risas.

La exposición destaca los momentos en los que Abstractus se conectó otra vez con el mundo a través de un ‘perro’ que, aunque no era real, transmitía el amor que una vez ellos recibieron de su querido Tomás.

VALERIA MUCIA VALDÉS
Escuela de Periodismo Multimedia de EL TIEMPO
@valmurcia

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