Bailarines de ballet, Jaime y Felipe Díaz Gómez hijos de dueños de la academia Anna Pavlova - Arte y Teatro - Cultura - ELTIEMPO.COM
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'Yo quería ser futbolista, no bailarín': Jaime Díaz

La ilusión, el triunfo y el drama de los hermanos Díaz Gómez, dos figuras colombianas en el ballet.

Felipe Eduardo Díaz Gómez, durante una de sus visitas a Bogotá, Colombia a la academia Ana Pavlova.

Felipe Eduardo Díaz Gómez, durante una de sus visitas a Bogotá, Colombia a la academia Ana Pavlova.

Foto:

Creditos: Carlos Lema

06 de julio 2018 , 10:05 p.m.

Felipe Eduardo y su hermano Jaime Francisco Díaz Gómez son dos de los bailarines de ballet colombiano más reconocidos en el ámbito internacional. Aunque la vida ahora los reúne en la Compañía de San Francisco, como maestros de este arte y antes los vio nacer en la academia Anna Pavlova creada por sus padres, el recorrido de cada uno se forjó de manera distinta.


“A mí nunca me llamó la atención ser bailarín porque yo en realidad quería ser futbolista” dice Jaime Francisco. Aunque en la academia vivían rodeados de danza y era natural relacionarse con ella, como afirma su hermano, Jaime llegó al ballet por coincidencia. “Yo entré porque una muchachita se lastimó la pierna y no había nadie que la reemplazara, así que tuve que hacerlo y cuando salí al escenario me enamoré de las luces, de los aplausos, de estar allí”, afirma.

Jaime Francisco Díaz Gómez

Jaime Francisco Díaz Gómez

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Créditos: Hasbleidy Almeida.

Felipe Eduardo, en cambio, seguro siempre de que su futuro estaba en el ballet, salió del país a los 14 años a estudiar profesionalmente la danza. Por ello se fue a Estados Unidos. Aproximadamente tres años después fue contratado en la Compañía de San Francisco, de la cual era alumno.

Allí duró 10 años durante los que se desenvolvió de manera exitosa. Después decidió que quería ampliar sus horizontes y viajó con su esposa, que también es bailarina, a Europa, para participar en el Royal Ballet de Londres y en el Het Nationale Ballet de Ámsterdam.

Entretanto, Jaime Francisco ganó una beca para entrar al Ballet Nacional de Cuba.
Por su paso por La Habana, el artista creció como bailarín.
Sin embargo tras estar una década en la isla, decidió irse a la Compañía de Boston, EE. UU, en la que permaneció otros 10 años.

Durante el recorrido ambos artistas lograron alcanzar sus sueños, danzan en las compañías que más les gustaban y en los teatros que más desearon. Felipe interpreta al príncipe en la Cenicienta y a Basilio en Don Quijote. Su hermano, por otro lado, interpreta múltiples veces el personaje de Romeo que para él fue el más exigente: “Lo era no solo por el esfuerzo físico, sino por la descarga emocional que el personaje imprimía”. Sin embargo, este no es el rol que marcó su carrera.

En el 2013, el 20 de diciembre, estaba siendo el príncipe del Cascanueces en el Boston Theatre Wings ese día fue el final de mi carrera

“En el 2013, el 20 de diciembre, estaba siendo el príncipe del Cascanueces en el Boston Theatre Wings ese día fue el final de mi carrera”, asiente Jaime Francisco. Se quebró el tendón de la rodilla.

El periodo siguiente a esta lesión, que duró aproximadamente dos años, la denomina como depresión. “Quería curarme, hice todo por ello, me ejercitaba de 8 a. m. a 6 p. m., en las mejores y más especializadas máquinas, pero no veía ningún resultado”. Tuvo dos cirugías, la segunda fue la que marcó finalmente su salida del ballet. “Tomaba mucho y consumía muchas pastillas para el dolor, estaba pasando por un periodo horrible, mi pareja se fue y también gasté todo el dinero en medicina”, afirma.

Aún hoy el artista dice que le duele no poder bailar, pero no como en ese entonces cuando no veía ninguna salida. “Pensé en devolverme a Colombia y enfocarme en la dramaturgia, pero mi hermano me dijo que fuera a San Francisco, allá llegué con cinco dólares en el bolsillo”, dice Jaime Francisco.

Por su parte, Felipe Eduardo, luego de vivir en Europa por un largo periodo, se devolvió para la compañía que lo vio crecer, en San Francisco, y a los 38 años decidió convertirse en maestro de baile.

A pesar de que él era muy cercano al director, su hermano no quiso llegar al puesto que tiene ahora sin el mérito propio.

Por ello, Jaime Francisco comenzó de nuevo. “Empecé en un sitio de fisioterapia, literal, poniendo paños de agua fría y caliente, ganaba 500 dólares al mes en una de las ciudades más caras de Estados Unidos, pero un día, así como el día de mi caída, la situación cambió”, asegura.

Luego de ello consiguió un puesto como acondicionador físico en la Compañía de San Francisco, pero cuenta que allí necesitaban a un maestro de baile, para hacer un reemplazo, “yo tuve que sustituir a un profe, y a partir de los consejos que les daba en los tiempos libres a los estudiantes y a sus comentarios, me contrataron como maestro de ballet”, dice Jaime Francisco.

Ahora, después de más de 20 años, los hermanos se reúnen alrededor de lo que más les gusta en una de las mejores compañías de ballet, ya no para bailar sino para enseñar. Ambos intentan continuar con el legado del ballet y que llegue a un público más joven, pero sin descuidar lo que en esencia significa este arte: “Pasión, vocación, rigor”, como lo asegura Felipe.

Gabriela Guerrero Alonso
Escuela de Periodismo Multimedia El Tiempo@GabialonsoG

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