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Alicia Cajiao le dice adiós a los escenarios, tras 30 años de carrera

La bailarina de Incolballet y otras compañías se despide con presentaciones en Cali y en Bogotá.

Alicia Cajiao

Alicia Cajiao, bailarina por muchos años de Incolballet, de Barrio Ballet y de la Compañía de Ballet de Cali.

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Claudia Rubio / EL TIEMPO

20 de noviembre 2017 , 05:21 p.m.

En un momento de su vida, el hoy director técnico que volvió a llevar a Perú a un mundial, Ricardo Gareca, coincidió con la bailarina de Incolballet Alicia Cajiao en un centro de rehabilitación física en Cali.

Gareca, afectado de una de sus rodillas en ese momento, ni se imagina cuánto motivó a la artista en su recuperación (él era uno de los jugadores más impoportantes del América de Cali en la década de los 80). “Yo salí de ese centro diciendo que tenía músculos de futbolista”, dice Cajiao.

Ese fue uno de los momentos duros de la bailarina de Incolballet, una de las más importantes de esta escuela creada por Gloria Castro en 1978.

Allí llegó Cajiao, luego de que sus papás, ella y sus seis hermanas abandonaran Barbacoas (Nariño) y pasaran por Bogotá.

En Incolballet se hizo bailarina y encontró grandes amigos. Hizo una vida de formación artística, de aprendizaje para enseñar y hasta de entender el tema administrativo.

Pero como la vida pasa, Cajiao dice adiós como bailarina activa con presentaciones este martes y miércoles en Cali y Bogotá, en el Teatro Jorge Isaacs y la Fundación Gilberto Alzate Avendaño.

“Desde que vivíamos en Nariño nos enseñaron a bailar currulao, esa es mi danza, y en los trabajos que mi mamá tuvo siempre nos metía a los grupos de baile de las empresas”, sigue.

Pero cuando llegó a Incolballet –y como todos los estudiantes– tuvo que hacer un examen físico. “Yo tenía ocho años (fue en 1977) y mis papás pensaron que era una escuela de folclor. Pero no, los profesores me pidieron realizar las pruebas de ballet, de piernas, moviendo la espalda hacia adelante y hacia atrás, yo tenía un susto horrible”, recuerda.

Y la salvó que, como ocurría cuando bailaba currulao, no dejaba de sonreír.
“Eso le encantó a una de las maestras cubanas, porque yo no tenía nada que me identificara con una bailarina de ballet: era morenita, del Pacífico, no sabía los pasos y tenía la colita parada, y las bailarinas de ballet son planchas”, sigue.

Cajiao está en su escuela de Bogotá, que abrió hace algunos años. Lo intentó en Cali, afirma, pero no pudo conseguir suficientes recursos para sostenerla.

No ha sido fácil tampoco en Bogotá, pero ya ha visto procesos interesantes con varios de sus alumnos. Uno de ellos es Isaac Salazar. “Con mi amigo Jairo Lastre, a quien conozco desde Incolballet, lo pulimos. Hoy está en Carolina del Norte. Otro niño, Fernando Morales, está en la Escuela de Ballet de Monterrey (México). Y uno más, Felipe León hace cursos en el Ballet del Diablo, en San Francisco”, cuenta orgullosa y agrega que esos son los hijos que no tuvo.

Cajiao estuvo en importantes montajes como Don Quijote, La Fille Mal Gardée, Coppelia, Paquita y Cascanueces, y obras contemporáneas y neoclásicas como Barrio Ballet, Carmina Burana y María, entre otras.

Visitó muchos escenarios, pero las rodillas le empezaron a fallar en 1984, a los 25 años. “Fue en una función de Don Quijote, en la sala Beethoven, en Cali. Es una obra exigente. Yo bailaba con mi compañero César Mosquera y se me salió la rodilla izquierda. Me caí. Mi maestro ruso me sentó sobre un piano y me acomodó la rodilla”, dice.

Tuvo que parar varias semanas. Pero lo más doloroso fue cuando estaba próxima a ascender a primera bailarina y una semana antes de la función que le ratificaba ese ascenso, se le salió la rodilla derecha.

El médico fue radical: “Por lo menos un año sin bailar”. Desde una silla vio que sus compañeros ascendían mientras ella se preparaba para ser operada de sus dos rodillas. La rehabilitación duró un año y mientras tanto trabajó en la parte administrativa de Incolballet. Pero un día, su maestra Josefina Méndez le dijo que volviera. Entrenó y bailó de nuevo Don Quijote, con toda su exigencia. Alicia Cajiao se va del baile profesional, pero no deja de bailar. Sus alumnos la esperan a diario. Quieren aprender, quieren seguir su gran carrera.

Una carrera hecha en la danza

En un momento de su vida, el hoy director técnico que volvió a llevar a Perú a un mundial, Ricardo Gareca, coincidió con la bailarina de Incolballet Alicia Cajiao en un centro de rehabilitación física en Cali.

Gareca, afectado de una de sus rodillas en ese momento, ni se imagina cuánto motivó a la artista en su recuperación (él era uno de los jugadores más impoportantes del América de Cali en la década de los 80). “Yo salí de ese centro diciendo que tenía músculos de futbolista”, dice Cajiao.

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE
EL TIEMPO
olgmar@eltiempo.com

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