Otras Ciudades

Triunfal debut de Román

El encierro de Paispamba, bien presentado, con decorosa romana y digno armamento, trajo poder.

Román Collado

El español Román Collado triunfó con una gran faena al segundo toro de la tarde.

Foto:

John Jairo Bonilla

10 de enero 2018 , 10:56 p.m.

El torero Román, vestido de corinto y oro, entró y salió de la Monumental por la puerta grande. Su toreo fresco, juvenil y alegre sintonizó perfecto con la nobleza del segundo toro de Paispamba, pero más con la clientela que lo adoptó desde su primer florido recital de capa. Cuatro delantales, tres chicuelinas y una brionesa fueron el saludo. Y, como quite, después de que el toro, Curro, descabalgara a Efraín Ospina, tres talaveranas, una gaonera, una caleserina y una larga, XL. La soleada plaza, casi llena, explotó de gozo bajo el cielo azul. Como para no ser menos, Raúl Martín se luce con los palos y saluda.

Las dos rodillas en tierra, la muleta por delante y cuatro derechazos engarzados con dos más de pie y uno de costado echaron más leña en el fogón. Dos tandas más por la derecha, con temple admirable. La música se sumó al barullo y todo fue una rumba. Naturales, obligados, capeínas, kikirikís y un cambio repentino por la espalda salpicaron la faena de notas felices.

Todos a voces, nadie distraído, nadie aburrido. A la salida de un circular invertido, el negro toro aprieta, pero él resuelve sin descomponerse. Cuatro manoletinas y uno final de pecho igualan para quizá lo mejor de la faena, esa estocada entrando de frente, que hizo rodar al muy encastado Paispamba. El presidente se sumó a la fiesta y tiró los dos pañuelos, de una. Bien. Manizales era una fiesta. La vuelta triunfal. Le tiraban de todo, hasta un bastón.

Salió también a por las dos del quinto de la tarde, que tumbó a Viloria y se puso el ruedo de ruana en el segundo tercio. Pero era manso y bronco. No se ahorró, por él no fue que la faena no remontó. Ni siquiera el brindis al tendido joven que le alentó con alma, vida y corazón pudo ayudar. Además, el malo se tragó un estocadón y tuvo que descabellar dos veces, y sonó un aviso al tiempo que doblaba el toro. Pero ya el triunfo no se lo quitaba nadie.

Leandro de Andalucía tiene hechuras e intenciones toreras, pero su tauromaquia no dio para meter a los dos mansos y la parroquia en la canasta. Luchó por ponerse, pero no. Al primero le pegó dos pinchazos, un espadazo completo y tres golpes de descabello que merecieron clarinazo. Y al cuarto, un fierrazo caído.

Juan de Castilla no tuvo mejor fortuna con su lote. Uno soso, tardó y mansurrón. Y el otro, el jabonero sexto, que dio una espectacular pelea en la vara de Hildebrando Nieto, sacando el caballo a los medios y encelándose largamente con la cara baja. Pero ahí dejó toda la bravura. Después, sus caminatas mansas fueron tratadas a distancia considerable por el paisa, que no se confió nunca. De remate, estocada bien ejecutada que salió por el brazuelo y no hizo efecto necesitando cruceta.

El encierro de Paispamba, bien presentado, con decorosa romana y digno armamento, trajo poder. Que lo digan los fortachos Ospina y Viloria, que mordieron el polvo. Todos fueron al caballo y pelearon por su divisa, pero en el peto dejaron la bravura. Destaca, pero no salva, el ovacionado segundo.

JORGE ARTURO DÍAZ REYES
Especial para EL TIEMPO

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