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Las madres que buscan oro bajo el río Cauca

Historia de 200 mujeres que se sumergen a diario en los socavones construidos en Irra (Risaralda).

Las madres que buscan oro bajo el río Cauca

Con una sonrisa, Patricia se dispone a entrar 45 metros por el pequeño túnel de la mina, que pasa por debajo del río Cauca.

Foto:

John Jairo Bonilla

Por: John Jairo Bonilla
24 de octubre 2018 , 10:27 p.m.

Una linterna de baterías, agua con refresco y el portacomidas con sancocho es lo que acompaña a Patricia cuando empieza a sumergirse en una cueva oscura, a 45 metros de profundidad, que pasa por debajo del río Cauca. Para ella, la minería es el resultado de muchos intentos fallidos por trabajar en un lugar claro, libre de peligros y espacioso.

Patricia no es la única mujer del corregimiento de Irra, en Quinchía (Risaralda), en la vía Manizales-Medellín, que se le ha medido a ese trabajo que evidentemente ya no es exclusivo de los hombres. Igual que ella, otras 200 mujeres todos los días, al lado de los hombres, desaparecen en el socavón y luego, en ‘cuatro patas’, van picando y sacando piedras con lodo, donde pueden estar los diminutos granos de mineral precioso.

El pueblo está a 15 minutos del sitio donde deben tomar el ‘llevo’, que es una plataforma adaptada a una moto, sobre la carrilera, donde se suben hasta 25 personas para ser transportadas río arriba. Una vez en la boca del socavón deben bajar por una soga hasta 10 metros de profundidad, donde, en un ambiente caluroso y húmedo, en el que escasea el aire, comienzan a buscar oro.

Las madres que buscan oro bajo el río Cauca

Uno de los momentos más difíciles para esta madre de tres hijos es la despedida. Sabe que puede ser la última vez que los vea.

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John Jairo Bonilla

Las madres que buscan oro bajo el río Cauca

Como Patricia, cerca de 200 mujeres trabajan en la zona minera del río Cauca, en su paso por el corregimiento de Irra.

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John Jairo Bonilla

Las madres que buscan oro bajo el río Cauca

De los pocos elementos de seguridad: unos guantes y la linterna.

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John Jairo Bonilla

Antes de ese oficio, la vida le ofrecía otras dos oportunidades: ser mesera en un restaurante o trabajar en oficios varios en una casa de familia, pero en ambos casos tuvo que salirse por el horario extenso, que no le permitía dedicar más tiempo a sus tres pequeños hijos, a quienes deja al cuidado de la abuela y de vecinos.

De aquel sueño de tener una guardería y ser profesora de preescolar solo quedan los deseos. Patricia dice que no tuvo más opción que aceptar el peligroso y rudo trabajo en la mina.

Todas las valientes mujeres mineras de Irra dicen estar cansadas de arriesgar su vida a diario dentro de ese hueco, pero también advierten que sus hijos necesitan alimentarse y estudiar, y que nadie les va a regalar nada. Sin embargo, no pierden la esperanza de que aparezca una oportunidad de trabajo que les permita también dedicarles tiempo a sus pequeños y obtener lo suficiente para sobrevivir.

JOHN JAIRO BONILLA
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