Medellín

‘Estoy a la expectativa de cómo reaccionan los lectores a mi libro’

Angosta  publicó Dos aguas, la obra con la que Esteban Duperly debutó en la narrativa de ficción.

Esteban Duperly

Esteban Duperly es comunicador social de la Universidad Pontificia Bolivariana y ha escrito textos de no ficción.

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Guillermo Ossa / EL TIEMPO

Por: Miguel Osorio Montoya
08 de diciembre 2018 , 07:05 a.m.

La primera novela de Esteban Duperly, Dos aguas, nació de una idea que, lentamente, se fue formando en su cabeza. La obra con la que debutó en los terrenos de la ficción no tuvo su génesis en un recuerdo de la infancia, tampoco en algo que vio o escuchó, como sucede a muchos novelistas.

En un ejercicio de introspección se preguntó por las pulsiones humanas, pero en una en particular: la necesidad de hacer sentir a los demás lo que nosotros mismos hemos sentido.

La novela, que tiene una estructura narrativa original y algo arriesgada, con saltos en el tiempo y escenarios cambiantes, está centrada en las vivencias de dos personajes que parecen completamente asimétricos a primera vista.

Ellos son Bernhardt, un judío medio apático por sus raíces hebreas y que salió exiliado de Viena durante la Segunda Guerra Mundial; y el Boga, un negro ermitaño desentendido de su pasado africano y lejano a sus semejantes. Ambos personajes, que parecen tan diferentes, entran en una disputa abierta por una tierra que tiene dueño pero parece ser de nadie. Un drama muy latinoamericano.

Duperly dice que nunca ha tenido una formación literaria propiamente dicha. Es decir, no ha asistido a talleres de escritores ni cursado maestrías en creación literaria.

El editor me dijo que las metáforas eran lo suficientemente claras y que no había necesidad de extenderme dando explicaciones

Es comunicador social-periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana, sin embargo, nunca se ha dedicado al periodismo informativo. Ha escrito textos de no ficción de largo aliento y algunas de sus creaciones han aparecido en revistas colombianas.

Su formación, esencialmente, ha consistido en ser un buen lector desde que se acercó a El viejo y el mar  por primera vez, siendo todavía un niño.

No en vano, en la novela hay una escena que recuerda la lucha infatigable de Santiago por dominar al gigante pez que picó el anzuelo. “Como esta es mi primera novela, uno siempre trata de rendirle un homenaje a los escritores que lo han marcado. Por eso hay alusiones a Hemingway, Steinbeck; incluso, una escena recuerda al hielo de García Márquez en Cien años de soledad”, dice el escritor.

Si uno se fija bien, la naturaleza termina siendo casi un protagonista de la historia, es ella la que media la relación entre los dos personajes protagonistas

La novela transcurre, en su mayoría, en un sitio conocido como el Golfo. No es un lugar preciso, puede estar situado en casi cualquier lugar del Caribe. Duperly conoció un espacio parecido en su infancia, eso le valió para hacer las precisas y poéticas descripciones de ese paisaje tropical agreste, exuberante, indómito. “Si uno se fija bien, la naturaleza termina siendo casi un protagonista de la historia, es ella la que media la relación entre los dos personajes protagonistas”, expresa.

Recrear el escenario fue uno de los retos mayores con que Duperly se encontró a la hora de escribir la obra. Como todo transcurre en el Caribe, los personajes deben moverse en un mundo verosímil. Entonces, el calor agobia a los blancos que estaban acostumbrados al invierno europeo, el océano se enfurece y ataca con un mar de leva, las iguanas se mueven sinuosas por los manglares.

“Tenía que ser muy cuidadoso, que todo se viera muy verosímil. Los personajes tienen que sudar, sentirse en medio de ese medio agreste que es muy difícil”, anota.
Y la recreación fue efectiva. Al entrar en contacto con la novela, el lector siente el agobio del calor, la brisa salina; presencia cómo se mecen las palmeras.

Tenía que ser muy cuidadoso, que todo se viera muy verosímil. Los personajes tienen que sudar, sentirse en medio de ese medio agreste que es muy difícil

El texto recuerda a las estupefactas anotaciones que los primeros cronistas de indias hicieron cuando llegaron a un mundo tan extraño para ellos como era el Caribe.

Duperly reconoce que también pueden encontrarse en Dos aguas algunos elementos que recuerdan la narrativa de Alejo Carpenetier, el escritor del Caribe por antonomasia.

En general no fue fácil escribir la novela. Duperly redactaba dos capítulos por mes y los enviaba a José Ardila, el editor de Angosta. Este los revisaba y daba sus opiniones. El primer manuscrito de la novela terminada quedó listo en diciembre de 2017, pero todavía había mucho por hacer.

Uno de los problemas principales es que Duperly pecaba en exceso con las metáforas: “El libro está construido a partir de metáforas, el problema era que yo, pensando que el lector no las iba a entender, terminaba explicándolas. El editor me dijo que era lo suficientemente claras y que no había necesidad de extenderme dando explicaciones”. Fueron, en total, seis manuscritos. El último es la versión que finalmente salió publicada.

Como esta es mi primera novela, uno siempre trata de rendirle un homenaje a los escritores que lo han marcado. Por eso hay alusiones a Hemingway, Steinbeck y otros

El lector que se acerque a Dos aguas encontrará una novela acabada, llena de descripciones ricas y expresadas en un lenguaje fino y cuidado. Además, conocerá personajes arquetípicos de la realidad latinoamericana, como Cabarcas, un terrateniente que, imponiéndose de cualquier manera, logró consolidar sus latifundios.

Es el típico hombre de campo que sin ningún miramiento moral logró amasar una dudosa fortuna. Duperly reconoce que en él hay, si se detalla bien, un Pedro Páramo caribeño.


Y, al terminar la obra, queda clara la idea del escritor: la pulsión humana, casi irreparable, de hacer sentir a los demás lo que ya hemos vivido en carne propia.
“Eso se ve en la escena final de la novela, es como un recordatorio de que los sentimientos aparecen una y otra vez en la vida. De eso se trata, de un montón de aconteceres cíclicos”, remata Duperly.

Miguel Osorio Montoya
Para EL TIEMPO
MEDELLÍN 
@MigoroMontoya

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