Medellín

'Si Pablo Escobar recibió el perdón de Dios, yo renuncio a la iglesia'

El padre abad Elkin Ramiro Vélez García busca que se deje de idolatrar al narcotraficante. 

Nunca más EscobarEntre 1989 y 1993, la violencia generada por un solo hombre, Pablo Escobar, dejó según las autoridades colombianas cerca de 5.500 muertes. Son el doble de todas las muertes ligadas al conflicto armado en Colombia en el peor año de la guerra interna, el 2002, cuando 1.863 guerrilleros, 583 civiles y 381 policías y militares perdieron la vida en acciones ligadas directamente con la guerra. Reportaje sobre una ciudad que se levanta tras la caída del narcotraficante, hace 25 años.
Padre Abad Elkin Ramiro Vélez

Guillermo Ossa

Por: Heidy Tamayo Ortiz
03 de diciembre 2018 , 08:27 a.m.

Muchos sacerdotes me han dicho que seguramente donde está Pablo Escobar Gaviria ya recibió el perdón de Dios. Eso no lo creo yo. Si yo pudiera saber que eso es cierto, ese día cuelgo los hábitos y renuncio a la Iglesia, porque no es justo. La gente piensa que los años o las indemnizaciones sirven para limpiar la muerte de una persona, pero eso no es así”.

Con estas palabras, el padre abad de la Iglesia anglicana Elkin Ramiro Vélez García deja claro que no le gusta la mirada que hoy en día le dan muchas personas a la historia de violencia y sangre de la época del narcotráfico en Medellín. Lo dice desde la antigua Catedral, la que fue durante poco más de un año, entre 1991 y 1992, la cárcel en la que estuvo recluido Escobar.

Hoy, el abad dirige el sitio, donde erigió un hogar geriátrico bajo el nombre de Fundación Santa Gertrudis la Magna, que alberga a unos 55 ancianos, la mayoría ya sin familia o en situación de abandono.

Cuando llegó hace 11 años a este espacio incrustado en las montañas del valle de la Miel, a 14 kilómetros del casco urbano de Envigado, encontró solo ruinas y maleza. Y sobre ellas, una imagen de desolación y crimen. Inclusive, fueron varios los túneles que dejaron aquellos que se aventuraron a buscar los supuestos tesoros escondidos en las caletas de Escobar.

“Acá han venido mucho a buscarlas, yo me atrevo a sostener que encontraron unas cuatro en estos 11 años; nos dejaron los huecos, túneles de 4 metros de largo por 3 de hondo, en curva, parecía que sabían a lo que venían”, relata.

Pese a las amenazas que ha recibido en varias ocasiones, mantiene un frontal rechazo al narcoturismo, una práctica que pervive en la ciudad y le recuerda su época más oscura. Un lucrativo negocio que idealiza la imagen de Escobar y deja de lado las desapariciones, los homicidios, los secuestros, las torturas, las bombas y los múltiples atentados que ordenó.

Tras salir de la cárcel, Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye, el jefe de sicarios del capo, comenzó a hacer recorridos por los lugares representativos del narcotráfico en la ciudad. Según el sacerdote, también llegó a La Catedral con busetas llenas de turistas, hasta que le prohibió el ingreso. Eso, hasta que una nueva orden de captura sacó al antiguo sicario de las calles de Medellín.

La Catedral

Hoy, el abad dirige lo que fue La Catedral, donde erigió un hogar geriátrico bajo el nombre de Fundación Santa Gertrudis la Magna, que alberga a unos 55 ancianos.

Foto:

Guillermo Ossa

La Catedral

Hoy, el abad dirige lo que fue La Catedral, donde erigió un hogar geriátrico bajo el nombre de Fundación Santa Gertrudis la Magna, que alberga a unos 55 ancianos.

Foto:

Guillermo Ossa

La Catedral

Hoy, el abad dirige lo que fue La Catedral, donde erigió un hogar geriátrico bajo el nombre de Fundación Santa Gertrudis la Magna, que alberga a unos 55 ancianos.

Foto:

Guillermo Ossa

La Catedral

Hoy, el abad dirige lo que fue La Catedral, donde erigió un hogar geriátrico bajo el nombre de Fundación Santa Gertrudis la Magna, que alberga a unos 55 ancianos.

Foto:

Guillermo Ossa

“Yo tuve que recibir más de 20 veces a ‘Popeye’, y entraba donde los abuelos, sacaba un rollo de dinero y a cada uno le entregaba sus billetes. Me buscaba para que lo confesara, y la última vez que peleó conmigo me dijo que a él no le servían mis confesiones (...). Le respondí que nunca le iba a dar la absolución porque él mismo decía que tenía más de 300 muertos encima. Yo en mi ignorancia digo que ni el Papa le puede dar la absolución, y Pablo Escobar tampoco va a tener el perdón de Dios”, manifiesta Vélez, quien ostenta el título de abad primado de la Iglesia Católica Apostólica Anglicana. Eso equivale a ser el superior de monjes de todo el norte de Estados Unidos, hasta la Florida, y de otros países como Venezuela, Brasil y Chile.

En su lucha contra el narcoturismo se dedicó a quitar uno por uno más de 300 nombres de las personas que murieron por orden de Pablo Escobar, mientras estuvo recluido en la cárcel La Catedral, y los cambió por cruces blancas. La decisión la tomó porque, según dice, había gente que buscaba a las familias de las víctimas para entrevistarlas, crear historias a costa de su dolor y usarlas en recorridos turísticos.

Cuando entren los turistas, solo les va a interesar la sala donde hay cosas de Pablo Escobar, por eso estoy pegando los afiches sobre los hechos atroces que cometió.

Las cruces están hoy en una placa de mármol negro ubicada en un salón de La Catedral, la supuesta cárcel donde el extinto narcotraficante siguió cometiendo delitos y de donde se fugó. Ese salón es el único que queda intacto de la estadía del capo. Allí pueden verse algunos muebles de la época, una lámpara y unas estatuas.

En ese lugar, el sacerdote también ubicó afiches con imágenes y datos de la cruda violencia que se vivió por cuenta del cartel de Medellín. Con ello, espera que los turistas miren de frente el horror que generó el capo y puedan ver la otra cara del relato, diferente a la que cuentan los guías: la de las madres que no volvieron a ver a sus hijos, la de las familias que se quedaron sin padre, la del temor de los ciudadanos incluso a montarse en un avión o salir a la calle porque en cualquier momento podía explotar una bomba.

Por estos días, también hay en la sala, donde queda además la biblioteca de los abuelos, una exposición de decenas de pesebres de todos los tamaños, que son expuestos al público con el fin de incentivar el turismo religioso, una de las apuestas del padre.

“Cuando entren los turistas, solo les va a interesar la sala donde hay cosas de Pablo Escobar, por eso estoy pegando los afiches sobre los hechos atroces que cometió. Yo sé que no se van a convencer todos, pero al menos va a haber una enseñanza de que las cosas no son como las pintan”, expresa Vélez. Indignado, dice que los extranjeros pagan hasta un millón de pesos por un narcotour.

La Catedral

En ese lugar, el sacerdote también ubicó afiches con imágenes y datos de la cruda violencia que se vivió por cuenta del cartel de Medellín

Foto:

Guillermo Ossa

La Catedral

En ese lugar, el sacerdote también ubicó afiches con imágenes y datos de la cruda violencia que se vivió por cuenta del cartel de Medellín

Foto:

Guillermo Ossa

La Catedral

El hogar es una colorida estructura construida sobre la cancha por la que pasaron reconocidos futbolistas para disputar partidos a pedido de Escobar.

Foto:

Guillermo Ossa

La Catedral

El abad primado sabe a la perfección qué hay en cada rincón de La Catedral. Y cuenta que allí habitan también presencias intangibles que “molestan mucho”, especialmente en las noches.

Foto:

Guillermo Ossa

La Catedral

El abad primado sabe a la perfección qué hay en cada rincón de La Catedral. Y cuenta que allí habitan también presencias intangibles que “molestan mucho”, especialmente en las noches.

Foto:

Guillermo Ossa

La Catedral

El abad primado sabe a la perfección qué hay en cada rincón de La Catedral. Y cuenta que allí habitan también presencias intangibles que “molestan mucho”, especialmente en las noches.

Foto:

Guillermo Ossa

Para el sacerdote, “el perdón no es sinónimo de alcahuetería”. Por eso dice que no es posible echar al olvido la maldad que considera habitó a Escobar hasta aquel 2 de diciembre de 1993, cuando murió en su ley, la de las balas, sobre un techo de Medellín. Cuenta que varias personas le han confesado verdades que no han salido todavía a la luz. “Había una mujer llamada Lorena, que traía siete u ocho mujeres permanentemente, yo sé en cuál salón de belleza las arreglaban. La última vez que las trajeron, no volvieron a aparecer, ninguna de ellas. Ese hombre fue malísimo”, dice.

El abad primado sabe a la perfección qué hay en cada rincón de La Catedral. Y dice que allí habitan también presencias intangibles que “molestan mucho”, especialmente en las noches. Ese es un cuento popular en la zona. Cuentan que sienten y escuchan ruidos y presencias con frecuencia.

El padre dice que no siente temor y en su corazón, según dice, además del amor de Dios, lo acompaña el de su madre, Teresita, a quien menciona constantemente.
Es frecuente que en la madrugada se vista con su hábito, que le cubre la cabeza, y se apoye en su báculo para recorrer los caminos de La Catedral. O que haga sanaciones a las personas que acuden a él.

Yo quiero tener la conciencia tranquila de que no estoy participando en el mundo de la maldad. Por eso quiero mostrar la otra realidad.

Luego de estas sesiones, con el fin de eliminar las malas energías, el abad primado pasa la noche en un ataúd que tiene en su casa, ubicada en la misma Catedral y por lo cual ha recibido varias críticas, que no le importan demasiado.

Tampoco le importa que no sea del agrado de los organizadores del narcotour. Todos los días, en el exterior del lugar se ven repetidamente grupos de turistas, principalmente extranjeros, guiados por hombres que hablan un inglés fluido con acento paisa. Fotografías, videos y expresiones de sorpresa son constantes ante las anécdotas de los guías, quienes señalan escaleras, caminos y rincones que transitó Escobar y donde se presume que ocurrieron múltiples muertes.

Afuera, lo único que perdura de la época de reclusión de Escobar es una garita que fue usada para la vigilancia del sitio, si bien la huella invisible de la violencia que ocurrió allí está latente en muchos espacios y los guías la aprovechan para alimentar sus relatos.

El religioso no duda en afirmar que estas historias son falsas la mayoría de las veces, especialmente cuando les dicen a los turistas que el hogar geriátrico fue construido por orden del capo para beneficiar a los ancianos. Ese es el relato que más le molesta, pues cuenta que erigirlo fue un esfuerzo de muchos años y sacrificios, con apoyo de las administraciones municipales, unas más que otras, y benefactores particulares, entre los que resalta al exalcalde Héctor Londoño.

La Catedral

El hogar es una colorida estructura construida sobre la cancha por la que pasaron reconocidos futbolistas para disputar partidos a pedido de Escobar.

Foto:

Guillermo Ossa

La Catedral

El hogar es una colorida estructura construida sobre la cancha por la que pasaron reconocidos futbolistas para disputar partidos a pedido de Escobar.

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La Catedral

El abad primado sabe a la perfección qué hay en cada rincón de La Catedral. Y cuenta que allí habitan también presencias intangibles que “molestan mucho”, especialmente en las noches.

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Guillermo Ossa

La Catedral

El abad primado sabe a la perfección qué hay en cada rincón de La Catedral. Y cuenta que allí habitan también presencias intangibles que “molestan mucho”, especialmente en las noches.

Foto:

Guillermo Ossa

El hogar es una colorida estructura construida sobre la cancha por la que pasaron reconocidos futbolistas para disputar partidos a pedido de Escobar. Los relatos más exagerados dicen que sus sicarios jugaron incluso con las cabezas de personas asesinadas.

La casa es un lugar agradable, adornado por plantas diversas, ambientado con uno de los aires más puros que se puede respirar en el valle de Aburrá y donde también viven más de 70 gatos.

Para los abuelos, como los llaman de cariño a todos, el fantasma de Escobar no tiene mucho significado. Rara vez hablan del tema y no son muy afines a tener contacto con los turistas; por ello, el sacerdote les tiene prohibida la entrada al hogar. Este se separa con una reja de colores de los demás espacios, que pueden recorrer con tranquilidad los visitantes, pues el padre, que tiene el terreno en comodato con el municipio, no está autorizado para cercarlo.

Por el momento, seguirá la lucha para desmontar el ideal de la imagen de Pablo Escobar: “Yo quiero tener la conciencia tranquila de que no estoy participando en el mundo de la maldad. Por eso quiero mostrar la otra realidad. Aquí han venido señoras viejitas a llorar la muerte de sus hijos, a llorar porque no los han encontrado y eso no se puede olvidar”.

HEIDY TAMAYO ORTIZ
Corresponsal de EL TIEMPO
MEDELLÍN

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