Cali

El fuerte testimonio de uno de los migrantes venezolanos en Cali

Fabio Flórez tuvo que abandonar su país en compañía de su familia debido a la crisis humanitaria. 

Fabio Flores habla de su salida de VenezuelaEl venezolano llegó a Cali con sus dos hijas tras 27 días de viaje.
Los migrantes tienen sus enseres en la calle. Llegaron desesperados por situación.

Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO

16 de julio 2018 , 07:47 p.m.

El salario mínimo que en Venezuela recibía Fabio Flórez, un mecánico de maquinaria pesada, no le alcanzaba para comprar más de ocho de huevos.

"Con 5.400 bolívares, que fue mi último salario, solo pude llevar cuatro huevos y arroz. No alcanzó para más. Antes con lo que me ganaba compraba bastante comida y otras cosas. Ahora no. Ni una hamburguesa porque cuesta 6.500 bolívares. Un kilo de carne cuesta 8.000 bolívares y cada huevo es a 700”, dijo el extranjero que vivía en Puerto Ayacucho.

“No se consigue dinero para comida y tengo dos hijas, una de 10 años y la segunda, de 12”, dijo don Fabio, quien llegó caminando hace 27 días y rogando a algún conductor que lo trajeran con sus hijas al terreno aledaño a la Terminal de Transportes de Cali, donde extendió unos plásticos para protegerse del sol y de la lluvia.

“Llegamos ‘tirando pata’ y ‘cola’ (pedir que lo llevaran), o sea caminando y pidiendo”, reiteró el venezolano. Así como él han llegado otros de sus compatriotas al territorio nacional.

Y añadió: “Hemos pasado las de San Patricio, pero aquí estamos. Prefiero dos meses de sacrificio en Colombia, para conseguir una casita y un trabajo para mi familia, que seis o siete años de esclavitud en Venezuela. Allá no vuelvo”.

Como la historia de don Fabio son miles las de venezolanos en Cali y en el Valle que continúan llegando en busca de alguna oportunidad para forjarse un porvenir, aunque renunciando a muchos de los sueños que tuvieron en su país.

Ese fue el caso de Jorge Escobar que emprendió camino a Cali con el dolor de dejar su patria. En ese trayecto entendió que el recorrido de más de dos días por tierra le recordaría a cada momento el porqué de su partida, sin saber cuándo podría regresar a su natal Venezuela.

El joven de 20 años que soñaba con ser periodista salió de Valencia, la ciudad más poblada del estado Carabobo, en el vecino país, en un trayecto que le implicó caminar buscando transporte, siempre con el anhelo de sentirse seguro al cruzar la frontera con Colombia.

Estos extranjeros son parte de los 16.572 migrantes venezolanos, agrupados en 10.470 familias que están en el Valle, según el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos en Colombia, una cifra similar al número de habitantes de Yotoco.

De acuerdo con la Gobernación del Valle del Cauca, el 70 por ciento de estos migrantes en la región se encuentran en la capital vallecaucana, con 11.266 migrantes.

La ciudad que sigue con más migrantes en el Valle es Palmira, como lo informó Jesús Copete, secretario de Gestión de Riesgo de Desastres del departamento. Allí hay 1.037 personas, de acuerdo con un censo en ese municipio. Sigue Jamundí con 940; Yumbo, con 718; Buenaventura, con 400; Cartago, 365; Florida, 360; Buga, 290; El Cerrito, 200; y Candelaria, 168.

Cada día reúnen agua y un poco de comida con algunos samaritanos.

Cada día reúnen agua y un poco de comida con algunos samaritanos.

Foto:

Juan Pablo Rueda. EL TIEMPO

Así mismo, hay 99 venezolanos en Guacarí; 89, en Andalucía; 73 en Roldanillo; 72, Calima-El Darién; y 67, en Ginebra.

A Vijes llegaron 55 venezolanos; 40, a Yotoco; hay 40 en Dagua; otros 39, a Sevilla; 29, en San Pedro; 28, en Argelia; 22, en El Águila; 22 en Alcalá; Bolívar, 15 más; El Dovio, 10; en El Cairo hay 10; y 9, en Ansermanuevo.

Copete añadió que hay profesionales pero que se han tenido que dedicar a oficios como vendedores ambulantes en el centro de la ciudad, también como barberos, peluqueros y lavadores de carros.

En la zona verde junto a la Terminal de Transportes se calculaban esta semana unas 200 personas con sus enseres. Allí, llegó un camión con más hace dos días.

Estos migrantes también están en la calle 13, en el centro. Allí, muchos pagan un cuarto en algún inquilinato, por 5.000 y 15.000 pesos diarios; o en el sur de Cali, en el suroriente o en Aguablanca o la Simón Bolívar. Pero también hay estudiantes de universidades y profesionales que no son ilegales, pues las mismas autoridades aclararon que así como hay indocumentados, también hay venezolanos con sus papeles en regla. La Gobernación reiteró que se hace seguimiento al registro de los venezolanos y sostuvo que no es cierto que se pretenda enviarlos a otro país como Ecuador.

La Secretaría de Seguridad del Valle recalcó que se evalúan posibles redes ilegales que presuntamente estarían trayendo ciudadanos con fines de trata de personas.

A su vez, las autoridades señalaron que no se puede estigmatizar a esta población, pese a que algunos han sido detenidos en flagrancia. Según la Fiscalía, en un año, cerca de 20 venezolanos fueron detenidos, pero la mayoría llegó a buscar una nueva tierra.

Alexánder Salazar

“Desde Cúcuta hasta Cali caminé durante 15 días. Llegué porque como muchos quiero trabajar. Tuve que dejar a mi mamá, a mi hija y a mi novia en Venezuela. Yo estudié y administraba el restaurante de mi mamá en la terminal de Ferry, en Puerto de la Cruz. Pero el Gobierno nos expropió. Llegué a Cali porque otros lo hicieron y pude conseguir trabajo lavando carros en un taller. Me pagan por día y no es mucho, por eso vivo prácticamente en la calle”.

Mariuca Sánchez

“Extraño a mi madre y a mis dos hijas. Tuve que dejarlas. Yo soy licenciada en enfermería y por la situación perdí mi empleo. He llorado en cantidad. Por el momento pienso establecerme aquí en Cali, a ver si hay posibilidades de no irme más lejos. Por ahora tengo comida porque me la han dado personas de la Cruz Roja. Llegué a Cali en un grupo. Fue a pie. Pasamos primero a Cúcuta y luego, rogando que alguien nos trajera”.

José Carvajal

“En Venezuela planeaba empezar la carrera de medicina, pero no fue posible y decidí irme, pero el transporte a Cali fue muy difícil. Muchos venezolanos hemos llegado y nos quedamos porque no tenemos dinero para seguir a otras ciudades. Desde que llegué no he estado en un sitio fijo. Necesitamos que nos ayuden, pues a pesar de que traje algo de dinero desde Venezuela, ya no me alcanza”.

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