Barranquilla

La vida de Rafael Campo Miranda: un siglo de inspiración

El compositor de ‘Lamento náufrago’, ‘Playa’ y ‘Pájaro amarillo’ llega a su cumpleaños número 100. 

La vida de Rafael Campo Miranda: un siglo de inspiración

Sayco Acinpro realizó homenaje al compositor y fundador de esta organización, Rafael Campo Miranda.

Foto:

Vanexa Romero / EL TIEMPO

04 de agosto 2018 , 11:55 p.m.

A punto de cumplir un siglo de vida –el próximo 7 de agosto–, el maestro Rafael Campo Miranda recuerda con claridad las historias detrás de las más de 100 canciones que ha compuesto, incluidas las que se convirtieron en éxitos internacionales, como Playa, Nube viajera, Lamento náufrago y El pájaro amarillo.
Ayudado por un bastón, que no tiene mucho tiempo de haber comenzado a utilizar, el compositor, nacido en Soledad, Atlántico, quien se considera hijo adoptivo de Barranquilla y el municipio de Puerto Colombia, sigue haciendo honor a un buen estado de salud, que se evidencia en su vitalidad y coherencia a la hora de recordar las múltiples vivencias que ha cosechado a lo largo de los años y que lo llevaron a hacer una música perdurable. 

Cada palabra que sale de su boca es pensada, culta y precisa, incluso si no la encuentra de inmediato por las huellas de un siglo a cuestas, prefiere hacer una pausa hasta dar con la correcta.

Campo Miranda no pierde el tiempo y lo aprovecha al máximo dándose licencia en estos días para visitar a familiares en Cartagena, y cada tanto regresa a la capital del Atlántico, donde reside, para cumplir con los distintos homenajes que le vienen rindiendo para exaltar su vida y obra, a propósito de su cumpleaños número 100.

“Soy el más feliz de que los homenajes se hagan en vida y con mi corazón que está musicalizado y no deja de palpitar, lo que me obliga a seguir cantándole y componiéndole a mi patria, Colombia”, expresó, visiblemente emocionado, mientras agradecía la celebración de su cumpleaños por la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (Sayco), que lo galardonó con la Lira de Oro, máximo reconocimiento otorgado por la organización.

“Fui cofundador de Sayco junto a Rafael Escalona y Lucho Bermúdez. He pedido que me busquen el acta para tenerla en mi apartamento”, recordó.

El compositor, catalogado como el responsable de impregnar de poesía el porro, la cumbia, el fandango y otros ritmos colombianos en una época en la que esto era infrecuente, no se cansa de relatar que en 1950 una mexicana de metro y medio de estatura, de nombre Alejandra, de la cual se enamoró perdidamente en Puerto Colombia, y que un día cualquiera desapareció tras varios encuentros en el viejo y hoy destruido muelle de esa población, situada a 10 minutos de Barranquilla, lo inspiró para componer una de sus obras cumbre: Lamento náufrago, que inicialmente se llamó Recuerdos náufragos.

Sobre la arena mojada, bajo el viejo muellela besé con honda pasión… Lamento náufrago es pieza antológica de la música folclórica de Colombia, que le ha dado la vuelta al mundo y que Campo Miranda no duda en cantar en todo sitio a donde llega.
En ocasiones, mientras canta, es acompañado por una guitarra que él mismo toca; a veces, es uno de sus tres hijos el que utiliza el instrumento: Rafael, Marta y Margarita Campo Vives.

Sobre esa canción, se conoce que su primera versión fue grabada con la orquesta de Juancho Esquivel, siendo vocalista Humberto ‘Chichi’ Meyer, sin mayor resonancia.
En 1958, en Venezuela, salió la que triunfó internacionalmente, a cargo de Jesús ‘Chucho’ Sanoja y su orquesta, a cargo del vocalista ‘Chico’ Salas.

“En Barranquilla, esa canción fracasó, no tuvo acogida, pero el acetato llegó a Caracas a las manos de un director musical, que miró la letra y dijo que era algo así como un poema. Entonces le hicieron un arreglo bonito y atractivo. La obra llegó a Colombia grabada por la orquesta de ‘Chucho’ Sanoja y aquí fue un verdadero éxito”, recordó el longevo compositor.

Soy un compositor con poca imaginación para las historias ficticias, toda mi obra es basada en vivencias personales, que me marcaron, reales

Una mexicana también lo ayudó a componer la canción Nube viajera, legendaria en la voz de Nelson Henríquez.

Campo Miranda rememoró con lucidez que el amor brotó por aquella mujer que un buen día le propuso que se fueran juntos al país centroamericano donde harían una nueva vida, iniciando con el matrimonio. Pero el constructor de poemas musicalizados no pudo aceptar la propuesta, ya que, en ese momento, era el sustento de su madre, a lo que la mujer le contestó que desde la lejanía se encargarían de hacerle llegar los recursos económicos a su progenitora, argumento que tampoco logró convencerlo del todo.

“Fue muy duro y hasta lloramos, pero preferí hacerle esta canción y superarlo poco a poco, porque soy un compositor con poca imaginación para las historias ficticias, toda mi obra es basada en vivencias personales, que me marcaron, reales”, precisa Campo Miranda.

Hace dos años, cuando el periodista Javier Franco Altamar le preguntó, en el estudio de su apartamento en el norte de Barranquilla, por los proyectos de recuperación del viejo muelle, el mismo lugar que le inspiró Lamento náufrago, reconoció que su paulatino deterioro y posterior destrucción lo afectaron bastante. ¿Y cómo no? Si es lo que más le recuerda a la musa de una de sus más famosas canciones.

Además, fue en Puerto Colombia donde vivió por casi un año de su vida, una población que no deja de visitar, así la nostalgia y los recuerdos lo invadan, ya que muchas de sus creaciones nacieron paralelas al desarrollo forjado gracias a esa estructura considerada una de las puertas de oro de Colombia.

“El muelle se cayó y la mujer se fue, pero me quedó esa canción”, manifiesta con orgullo y cierta melancolía.

Sus inicios

El maestro recuerda que a los 18 años compuso su primera canción: un porro titulado Pasión tropical, grabado años después por el trío Los Isleños. Pero fue más tarde, a mediados de la década de los años 40 del siglo pasado, que le dio vida a su primer éxito musical: Playa, grabada originalmente por la orquesta de Pacho Galán.

Siempre tiene que haber una mujer, un amor y el consabido paisaje. En Playa divulgo la forma como ama la mujer costeña. Su gran error es la entrega total en el amor, porque es torpe para olvidar”, señaló.

Entre las múltiples anécdotas detrás de sus canciones, el compositor no deja por fuera a su esposa, ya fallecida, María del Socorro Vives, a la que, en una metáfora de Cumbia roja, hecha especialmente para su natal Soledad, la expone como la compañía idónea que le ayuda a disfrutar del paisaje y la cultura de la tierra que lo vio nacer.

Con desparpajo, también trae a cuento que la canción Entre palmeras fue escrita en tiempos en los que todavía era “un soltero empedernido”, pero al encontrar una mujer para formar su hogar, le hizo creer que la canción era para ella.

“Mija, esa canción te la hice a ti, le dije. Y la convencí de que así era. Incluso le mandé a pintar al óleo un cuadro con un bohío entre palmeras, hasta que un día un compañero de parrandas, en una fiesta en la que estaba con mi esposa, me dijo: ‘Maestro, cante Entre palmeras, la que le hizo a aquella niña que conoció en Puerto Colombia’, lo que desató la furia de mi difunta esposa que hasta me arrojó unos cocos cuando llegamos a la casa. Solo mis suegros pudieron mediar”, recuerda entre risas y consciente de que mentir no es la mejor opción.

La historia de su música es su elixir de vida, pero también lo llena de tristeza cuando recuerda a esos amigos de infancia y juventud a los que ha tenido que despedir por una u otra circunstancia

Entre alegría y nostalgia

La historia de su música es su elixir de la vida. Lo mantiene contento, lo nutre, pero también lo llena de tristeza cuando recuerda a esos amigos de infancia y juventud, incluso otros más jóvenes que él, a los que ha tenido que despedir por una u otra circunstancia. Entre ellos sobresale el entrañable Francisco ‘Pacho’ Galán, creador del merecumbé, también oriundo de Soledad, con el que compartirá el lugar donde será develado un monumento con el que quieren homenajearlo y eternizarlo.

Él dice que se ha convertido en un “sobreviviente de la vida”. Cuando se le pregunta por el secreto de su longevidad, que en su caso no solo es asunto de edad, sino de buen estado de salud y lucidez mental, asegura que tan solo se siente lo suficientemente bien “para resistir los embates de la vida”, porque, al contrario de lo que podría creerse, pasó por todas las etapas de un hombre, pero, al contrario de muchos otros, las fue superando una a una.

A sus placeres de la juventud y los que siguieron en su primera madurez, el maestro Rafael Campo Miranda asegura haberles dicho adiós a tiempo.

“Llegó un momento en que dije: ya esta vaina está bien, y la naturaleza me respondió. De ahí en adelante seguí viviendo una vida pasiva, muy disciplinada y aquí estoy”, expresa, satisfecho, el compositor.

El maestro está listo para seguir escribiendo y cantando, motivado por las notas musicales que brotan al compás del latir de su corazón, bendecido por la fortuna de consolidar un siglo de existencia en esta tierra, rodeado de amor y del sinnúmero de reconocimientos que atiborran las paredes de su estudio, en el apartamento que habita en su amada Arenosa.


Andrés Artuz Fernández
Corresponsal de EL TIEMPO
Barranquilla
Twitter: @andretuz

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