Los guerreros que reviven para danzar en el Congo Grande del Carnaval 

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En este baile hay  ancianos que rejuvenecen para el festejo más grande del Caribe colombiano.

En el Congo Grande, danza callejera tradicional del Carnaval de Barranquilla, que celebra 143 años de fundación, hay ancianos que rejuvenecen para el festejo. Uno 2.000 congos desfilarán en estas fiestas.

En la danza del Congo Grande de Barranquilla sus integrantes nacen y mueren bailando los cuatro días en los desfiles del carnaval.

Es entre los disfraces de congos que los más pequeños son ‘bautizados’ en plena Batalla de Flores, el desfile central de estas fiestas, y entre los congos donde los más ancianos se despiden de este mundo, para así ser recordados.

De esto puede dar fe el actual director de esta centenaria danza, Adolfo Mauri Cabrera, quien a sus 49 años recuerda que los dientes de leche le salieron en la Batalla de Flores, vestido de congo, siguiendo en el desfile a sus abuelos, padres, tíos, hermanos, primos y amigos.

“Yo nací dentro del Congo Grande. Desde que estaba en la barriga me llevaban a bailar al carnaval".

"Yo nací dentro del Congo Grande. Desde que estaba en la barriga me llevaban a bailar al carnaval. El primer vestido que me pusieron fue el de congo”, cuenta el hombre que es hoy una especie de guardián de la tradición que encierra la danza más antigua del Carnaval de Barranquilla, con 143 años, cuyo origen se remonta a los pueblos guerreros del África.

Antes de zambullirse en el jolgorio de los grandes desfiles como la Batalla de Flores y La Gran Parada, es común ver en las 20 danzas de congos a niños de brazos o en coches disfrazados en medio de rondas, animadas por el sonido del tambor, las palmas y los cantos que simulan una ceremonia ancestral, en la que los mayores del grupo les dan la bienvenida a los nuevos.

“Es la simulación de un bautizo y todos hemos pasado por allí”, asegura Adolfo, con un papel en la mano donde tiene registrados los 140 miembros de la agrupación folclórica.

De estos, 80 son hombres y el resto son mujeres y niños, estos últimos ‘bautizados’ en las ceremonias que se cumplen en sus presentaciones públicas.

Para seguir con la tradición, llevó a su nieta de meses, para que como él mismo dice: “se acostumbre a estar en familiar en las grandes fechas”. Sus tres hijos ya pasaron por este ritual y son miembros activos de la danza.

Las primeras imágenes del carnaval al abrir los ojos fue la de los congos bailando, que representan el festejo más profundo del espíritu barranquillero.

Por ello es que antes de morir esa es la última imagen que desean llevarse. No es raro ver un funeral de un congo acompañado de toda la danza con sus disfraces y música como si fuera un desfile de carnaval.

Es el caso de Benigno Hernández, quien falleció hace dos meses a los 78 años de edad, y aún salía en los desfiles del Congo Grande de Barranquilla. Él era el miembro más viejo del grupo folclórico, en el que también bailan sus hijos y nietos. Sus amigos lo molestaban porque todo el año se la pasaba con achaques, pero apenas sentía las brisas del carnaval era un hombre nuevo.

“Por mucho que su espíritu carnavalesco se lo pida, el cuerpo ya no resistió más”

El director de la danza contó que hasta noviembre pasado estuvo en participando en las actividades del grupo, “por mucho que su espíritu carnavalesco se lo pida, el cuerpo ya no resistió más”.

En sus años de estar en el grupo Adolfo cuenta que le ha tocado asistir a los entierros de unos 25 miembros. “Entre esos a mi abuelo Ventura Cabrera, que fue director del congo y que bajo su mandato ganamos muchos premios”, dice con algo de tristeza, antes de explicar que la única parte del disfraz que no se han cambiado en estos 143 años de fundación, es ‘la gola negra’ que portan en el pecho, pues simboliza el luto por los que hoy no están.

“Les rendimos un homenaje a aquellos congueros que han fallecido”, agrega.

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Una danza de clanes

En la danza del Congo Grande de Barranquilla hay hombres mayores con edades entre los 50 y 70 años. Algunos arrastran enfermedades como la hipertensión, la diabetes, o coronarias propias de la edad. Son artesanos, albañiles, carpinteros, comerciantes, o profesores que toda su vida han estado vinculados a esta danza como lo hicieron sus ancestros.

Los congos son danzas en la que participan familias completas. Cuatro dinastías han dirigido el Congo Grande: los Macías y Brachi, los Lineros, los Muñoz y ahora los Mauri.

De aquí se han desprendido otros cuatro grupos de congos que en un momento quisieron abrir tolda aparte.

Esta danza callejera ha representado al Carnaval de Barranquilla en China, España, Estados Unidos, Canadá, y países de centro y sur de América. En algunos pueblos de la costa Caribe también se les suele ver en festivales y reinados.

Marcelino Carpio, un albañil retirado de hombros amplios y manos grandes que abre y agita cuando habla, dice que de los 74 años de vida 44 años los ha dedicado a bailar en el Congo Grande. Confiesa que tiene problemas de presión arterial y diabetes, pero que cuando llega la temporada de carnaval no se acuerda de ellos.

“Gracias a Dios no me duele ni una muela”, exclamó con el vigor propio de un joven de 20 años.

En una cosa coinciden los integrantes del congo: “El ron blanco, trago tradicional de Barranquilla, se siente más suave y da más fuerza cuando se tiene el disfraz de congo en los carnavales, que cuando se lo toma en una tienda de esquina cualquier viernes del año”.

El Congo Grande de Barranquilla participa en los desfiles de la Batalla de Flores y la Gran Parada de Tradición, que se realiza en la Vía 40, zona industrial, cuyo recorrido es de 4,2 kilómetros en medio de un reverberante sol.

También se presentan en el vecino municipio de Galapa, donde se celebra el festival en honor a esta danza y en el que desfilan todos los congos de Barranquilla y municipios del Atlántico.

“Ya estamos acostumbrados a torear el sol, mientras la gente nos aplauda sacaremos fuerza”

“Ya estamos acostumbrados a torear el sol, mientras la gente nos aplauda sacaremos fuerza”, afirma Marcelino antes de ponerse de pie de improviso, dar tres violentos taconazos al piso y gritar con toda la fuerza de lo más profundo de su espíritu barranquillero: “¡Viva el Congo Grande!”.

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Las batallas campales de los congos

En la ciudad aún se recuerdan las peleas que por años, en cada carnaval, protagonizaban el Congo Grande y el Congo El Torito. Si no era después de la Batalla de Flores, era el último día de carnavales, en el desfile de La Conquista. Las batallas de congos se daban entre barrios por la supremacía de cada grupo, por razones de orgullo.

Se trazaban territorios que no podían ser violados por determinadas danzas, y estos roces provocaban los enfrentamientos que dejaban más de un herido y muchos contusos. A sus 85, Gilberto Charris Altamar, que por 45 años fue miembro y director del Congo Grande, rememora estas batallas campales. “Les robamos la bandera”, recuerda el viejo, y explica que en estas peleas las banderas no podían dejarse caer. Aunque tuviera la cabeza rota, el portador debía mantenerla en alto.

Estas peleas se dieron hasta finales de los 60; hoy en vez de puños o palazos comparten los tragos de ron.

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Así nació el Congo Grande de Barranquilla

A finales de 1874, en el centro de la ciudad, nació el Congo Grande gracias a un grupo de amantes del carnaval, que bajo la iniciativa de Joaquín Brachi, barranquillero de ascendencia italiana, decidieron formar un grupo para participar activamente en el jolgorio.

La idea es tomada de los antiguos cabildos negros de los tiempos de la Colonia en Cartagena. Su origen se remonta a las danzas guerreras del Congo (África).

Los hombres, a los que también llaman negros, usan gafas oscuras, visten pantalones y camisa larga de colores vivos y brillantes, decorada con cintas y lentejuelas.

Usan un turbante semicilíndrico de 50 centímetros de alto adornado con flores artificiales del que se desprende una cola larga que llega a los talones, bordada con cintas, lazos, encajes. En la mano derecha llevan un machete de madera con el que golpean el suelo y en la izquierda una vejiga de cerdo o un muñeco de plástico.

El vestido de un congo puede costar hasta un millón de pesos. Las mujeres llevan faldas con dos o tres volantes de los colores que identifican la danza, blusa escotada, flores en la cabeza y collares vistosos.

Los congos se visten como si fueran a danzar antes de salir a una guerra. Su origen bélico fue tomado en serio durante muchos años por algunos de sus miembros, y por eso son bien conocidas las historias de peleas que siempre se daban contra las otras danzas y por lo cual fueron estigmatizados como ‘trompeadores’ callejeros.

Leonardo Herrera Delghams - Corresponsal de EL TIEMPO - Barranquilla.

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