Barranquilla

La resiliencia, vital en estación de San José, tras atentado de 2018

Se cumple un año de la explosión que dejó seis agentes muertos y más de 40 heridos. 

Atentado

En la nueva pared, en reemplazo de la que derrumbó la explosión, hay un mural para exaltar la memoria de las víctimas.

Foto:

Vanexa Romero /EL TIEMPO

Por: ANDRÉS ARTUZ FERNÁNDEZ 
27 de enero 2019 , 04:38 p.m.

Cada vez que Tatiana Figueroa observa el torso desnudo de Víctor Carpintero, su esposo desde hace siete años y medio, se encuentra ineludiblemente con las cicatrices que dejaron los fragmentos del explosivo que a las 6:40 del sábado 27 de enero de 2018 fue detonado a control remoto en la estación del barrio San José.

Ambos son patrulleros de la Policía Nacional y todavía, 365 días después, no se reponen de la tragedia que dejó seis agentes muertos y más de 40 heridos, sacudió a esa institución y a un barrio del suroriente de Barranquilla que siempre se caracterizó por ser un territorio de paz.

Ese día la patrullera Figueroa, como de costumbre, se encontraba en una de las oficinas de la estación San José, cuando sintió el estruendo. Cuenta que lo primero en que pensó fue en su esposo y padre de sus dos hijos, quien formaba en el patio con los agentes que iniciaban turno.

“Él estaba cerca a la pared donde ocurrió la explosión y lo encuentro en la reja junto a la cancha de microfútbol, por lo que creo que alcanzó a volar varios metros. Sobrevivió, pero perdió un oído y debe acudir periódicamente al psiquíatra”, destacó la mujer.

Ella reanudó actividades en la estación cinco días después del atentando y desde entonces le ha costado no sentir miedo cuando alguien abre una puerta sin avisar o escucha algún sonido que le recuerde la explosión.

Él, por el contrario, permaneció seis meses incapacitado hasta junio, cuando regresó a la estación, un lugar que cada segundo le recuerda el día en el que vio morir a seis de sus compañeros, sobre todo a Freddy de Jesús López Gutiérrez, de 27 años, quien era su amigo.

“Nos sacaron en una ambulancia y mi esposo sangraba por todos lados. Fue un momento que dejó secuelas en nosotros para siempre y nos ayudó a valorar más la vida y a darnos más tiempo de calidad en los descansos”, relató la patrullera, mientras observaba al único perro callejero que hoy visita la estación y que no corrió con la misma suerte de los otros dos que cayeron tras la explosión.

Tras lo ocurrido, el tiempo transcurrió más lento de lo normal en el interior de la estación de San José, donde quedaron laborando unos 50 agentes de los sobrevivientes de aquella fatídica mañana de enero.

Lo que ocurrió recientemente en Bogotá nos recordó el horror que vivimos hace un año. Esas imágenes nos hicieron retroceder en lo que llevábamos de recuperación

El subintendente Breiler Mosquera, quien también salió ileso del atentado, destacó que ni en los años en los que estuvo en la contraguerrilla, en la selva colombiana, presenció un suceso violento de los ribetes del ocurrido en el barrio San José.

Mosquera fue el encargado, ese día, de entregar el armamento a los agentes que iban a formar y recuerda como si fuera ayer que minutos antes de la explosión tuvo que decirle al patrullero Yosimar Márquez Navarro, una de las víctimas, la frase “el afán trae cansancio”, cuando este le insistía que le hiciera rápido la entrega en vista de que iba un poco retrasado.

“Después entendí que la muerte lo llamaba, porque este patrullero ya iba tarde y solo quería llegar, cuanto antes, a formar e incluso hasta me peleó”, narró el subintendente.

Mosquera, durante la entrevista a EL TIEMPO, aparenta estar tranquilo, aunque admite que los dos primeros meses, luego de la explosión que se le atribuye a una célula urbana de la guerrilla del Eln, sintió mucho miedo de que volviera a repetirse, incluso, al enterarse de que ese mismo día, en el barrio Soledad 2000, se presentó una situación similar, pero de menor impacto.

Su plan a seguir fue optar por la resiliencia, permanecer más alerta y cambiar varios de sus hábitos.

“Al principio me costaba dormir hasta más de las tres de la madrugada y me cambiaba de lugar varias noches por temor, pero con el tiempo uno va acostumbrándose y saliendo adelante, pero lo ocurrido en Bogotá nos aterrizó de nuevo justo en el aniversario de esta tragedia. Por lo menos, la institución se adoptó la medida de que después del atentado los policías no forman en espacios públicos”, destacó.

El subintendente, oriundo del Chocó, de piel negra y ruda actitud, parece inquebrantable hasta que recuerda que este domingo 27 de enero de 2019, desde las 8 de la mañana, se llevaría a cabo una eucaristía en homenaje a los patrulleros López Gutiérrez y Márquez Navarro; pero también para exaltar la memoria de Freddys Echeverría Orozco; Anderson René Cano Arteta; Yamith José Rada Muñoz y Willy Rhenals Martínez.

“Será un día para recordarlos porque ya no podemos traerlos de nuevo con nosotros”, agrega mientras se le asoma una lágrima.

 Al principio me costaba dormir hasta más de las 3 de la madrugada y me cambiaba de lugar varias noches por temor, pero con el tiempo uno va acostumbrándose

Homenaje artístico
Atentado

Para hoy está prevista una misa en el sitio donde hace un año ocurrió el atentado en San José.

Foto:

Vanexa Romero /EL TIEMPO

Los rostros de cada uno de los agentes que perdieron la vida hace un año fueron colocados en un mural pintado en la nueva pared que reemplazó a la destruída por la explosión.

Uno de los encargados de darle vida a la obra fue Alfredo Rojano Llinás, habitante del sector, quien también ha vivido en carne propia cómo la ciudadanía necesitó orientación espiritual para entender que había que levantarse de una tragedia de esas magnitudes.

Rojano Llinás pertenece al barrio Alfonso XII, que colinda con San José, con amigos y familiares que residen cerca a la estación, asegura que pasaron varios meses para que la comunidad tomara la decisión de pasar la página y continuar adelante.

Mientras ayudaba a retocar los rostros de los seis policías muertos y la imagen de Jesús que los acompaña, recordó que aunque se trató de un hecho aislado, sin precedentes en la zona, sigue costando superarlo.

“Una tragedia así la veíamos lejos, pero nos tocó y no tuvimos más opción que buscar la manera de echar para adelante. Siempre estaremos marcados por lo sucedido”, manifestó.

Willington Ortega, quien frecuenta una de las viviendas donde reside su hijo, al frente de la estación, coincidió en que lo ocurrido hace un año fue traumático para los habitantes de la zona y la compara con un tatuaje que no se puede borrar.

Distinto a la tranquilidad que siempre se sintió en esa parte del barrio por tener cerca a la estación, expresó que lo que vino en los siguientes meses al atentado fueron sentimientos de zozobra y de terror por cuenta de que una situación volviera a presentarse.

“El barrio no quedó estigmatizado; sin embargo, el terror quedó sembrado tras la explosión. Hasta hace poco estábamos normal con la seguridad de que el aniversario de la tragedia se acercaba, pero ahora con lo ocurrido en Bogotá lo vivido regresó a nuestras memorias”, contó Ortega.

Sin duda, hoy será un día en el que esas imágenes regresarán a las retinas de los habitantes de San José.

Las lágrimas y el luto se tomarán por un instante las calles y poco a poco se volverá a acudir a la resiliencia para continuar dando la lucha por la vida.

“No tenemos más camino que avanzar y rechazar este tipo de actos, pero sería bueno conocer las conclusiones de la investigación”, reiteró Isabel Pernía, habitante de San José.

Suerte de los capturados

Luego de un año, los habitantes de San José y los familiares de las víctimas se preguntan sobre lo que ha ocurrido con los capturados por el atentado.

Se trata de Cristian Camilo Bellón Galindo, quien fue detenido en el lugar de los hechos y de Dalila Duarte y su esposo Nilson Mier Vargas, quienes según las autoridades, son los propietarios de la casa en el barrio el Ferry de Soledad (Atlántico) donde se hospedaron tanto Bellón Galindo, quien está preso en la cárcel de máxima seguridad de Valledupar, como Jefferson Torres Mina, quien está prófugo de la justicia.

Recientemente, el ministro de Defensa, Guillermo Botero, dijo que la investigación sigue, pero es reserva del sumario. Sin embargo es evidente el retraso, quizás, porque los indiciados no tienen un abogado, tras renunciar el que les asignó la Defensoría del Pueblo.

ANDRES ARTUZ FERNÁNDEZ 
REDACTOR DE EL TIEMPO
BARRANQUILLA

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