Bogotá

Palacio Liévano, un edificio cargado de historia

La edificación será restaurada el próximo año por $1.300 millones.

Palacio Liévano

Palacio Liévano, en el centro de Bogotá.

Foto:

Claudia Rubio / ELTIEMPO

28 de diciembre 2017 , 08:13 p.m.

Tal vez no existe una manzana con tanto valor histórico como la ocupada por el edificio Liévano, entre calles 10 y 11 y carreras 8.ª y 9.ª . Allí, en abril de 1539, acamparon 160 soldados de la tropa de Sebastián de Belalcázar, “adornados de sedas y ricos penachos”, al decir del historiador Eduardo Posada, y que cofundaron la ciudad junto con las huestes de Jiménez de Quesada y Nicolás de Federmán.

En el periodo colonial, el solar se destinó para importantes edificios públicos como la Cárcel de Mujeres, las Escribanías, el despacho de los alcaldes, la sede del Cabildo y el Tribunal de Cuentas. Sobre la esquina norte de la cuadra estuvo la casa de la familia de Francisco Sanz de Santamaría, que hasta 1810 se alquiló de residencia para virreyes y patriotas, como Amar y Borbón, Bolívar y Nariño.

Cuando los terremotos de 1827 y 1828 afectaron las edificaciones coloniales, los hermanos Juan y Antonio Arrubla construyeron hacia 1842 las Galerías de Arrubla, donde siguió funcionando la Casa de la Municipalidad y locales comerciales.

Infortunadamente, la noche del 20 de mayo de 1900 un incendio provocado por el alemán Emilio Streicher en un local de su propiedad donde quedaba una sombrerería –con la intensión de cobrar el seguro que amparaba el negocio–, acabó con la edificación: destruyó casas, la sede de la compañía de teléfonos y quedó hecho cenizas todo el archivo histórico del Concejo con la documentación colonial de la ciudad.

Como el ave fénix, en 1910, el edificio resurgió con la construcción de uno nuevo, por iniciativa del ingeniero Indalecio Liévano y los propietarios de las 30 galerías; con techo coronado por mansardas y detalles ornamentales en hierro, diseño del arquitecto francés Gastón Lelarge.

La Alcaldía tomó en arriendo el nuevo edificio para su sede en el llamado Palacio Municipal, al que se accedía por la calle 10. Por la carrera 8.ª se entraba al edificio Liévano que albergó en sus arcadas diversos locales. Curiosamente, al pasar los años, los bogotanos mezclaron los dos nombres y denominaron al conjunto arquitectónico Palacio Liévano y en 1974 fue comprado a los familiares del ingeniero y a los propietarios de los almacenes, para realizar un proyecto general de restauración que finalmente terminó siendo la sede de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

Casi 100 años después, el alcalde Enrique Peñalosa adelanta otra restauración en este patrimonio arquitectónico de la ciudad, que no había sido intervenido en los últimos 20 años. La primera fase inició en 2016 con un lavado y enlucimiento general de la fachada; el próximo año, en la segunda fase, se hará la restauración integral de la fachada con un costo superior a $ 1.300 millones, donde participarán las secretarías Jurídica, de Gobierno y General con el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.

En marcha también está la restauración del Salón Gonzalo Jiménez de Quesada. Y no hace parte del conjunto del Liévano, se invirtió más de mil millones de pesos para reforzar las instalaciones de la Imprenta Distrital.

RAÚL BUITRAGO ARIAS
Secretario General Alcaldía Mayor

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