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Bogotá

Ahora son dueños del restaurante que los empleó

La historia de Longaniza, establecimiento que fue donado por su propietario a sus empleados.

Restaurante Longaniza

Los empleados firmaron como nuevos propietarios del restaurante.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

Por: Felipe Motoa Franco
04 de abril 2019 , 11:20 p.m.

"Gracias a Longaniza saqué profesionales a mis dos hijos. Amo este lugar", afirmó Emma López, trabajadora del restaurante Longaniza, quien se ha pasado 21 años de esfuerzo dedicada al establecimiento. Desde la cocina hasta al bar, y ahora en el área logística.

Sus palabras las pronunció en medio de la reunión en que, junto a 18 compañeros (3 de ellos pensionados), se hizo copropietaria del negocio. El dueño, Luis Fernando Santos, se los donó en reconocimiento a los esfuerzos que los trabajadores más leales y comprometidos han realizado desde que, en 1976, tendieran los primeros manteles para satisfacer los paladares cachacos.

La madre de Emma se encargaba de lavar los manteles y telas del local, hace más de 30 años, y por eso ella se acercó al lugar desde muy niña. Siempre le llamaron la atención la decoración con cuadros antigüos, platos en las paredes y algunas caricaturas realizadas por antiguos ilustradores de EL TIEMPO, cercanos a los dueños tradicionales.

"Esto es lo que es gracias a los empleados. Nadie se lo merece más que ustedes. Por eso sé que les va a ir bien, háganlo en equipo como nuevos propietarios", fueron las palabras de Santos, propietario del establecimiento, antes de entregarlo formalmente al equipo que tanto tiempo le sirvió.

Los empleados siempre han tenido mucha lealtad, y gracias a eso, diría que este es uno de los pocos restaurantes donde los meseros se pensionan

Una de esas mujeres hacendosas es Julia Elena González, de 66 años, y pensionada tras más de dos décadas como administradora. Hoy goza de un plácido retiro, pero todavía recuerda que trabajó muchos domingos y festivos para aportar a que el barco se mantuviera a flote y los clientes estuvieran con el estómago lleno y las ganas de volver.

"Siempre trabajé aquí con gusto, aquí fui feliz. Por eso, estoy muy agradecida con la donación", dijo la señora, de pelo cano y una sonrisa de oreja a oreja. Al encuentro, en la actual sede (200 metros después de la glorieta de Siberia, vía a Cota) llegó con el pelo cano bien cepillado y su mejor pinta.

Desde su apertura, Longaniza ha servido carnes a la brasa, bife de chorizo y otras delicias a sus comensales. Incluso, en su primera sede en la calle 93 con carrera 15, pasando por otras dos en el norte y finalmente la de hoy, fue pionero en temas como la barra de ensaladas abierta al cliente.

Siempre trabajé aquí con mucho gusto, aquí fui feliz. Por eso, estoy muy agradecida con la donación

Con un brindis de vino, y la correspondiente degustación de lo que mejor saben servir, esta familia de trabajadores aplaudió la donación y le agradecieron a Santos.

"Todos queremos darle mil y mil gracias. Usted es una persona de corazón magnánimo, porque me consta que en los momentos más duros, garantizó que las familias que dependían de Longaniza pudiéramos estar bien", expresó Gerardo Alarcón, gerente actual. Él llegó a trabajar aquí hace 13 años. Ahora es uno de los líderes.

Uno a uno, los nuevos dueños estrecharon las manos con el antiguo propietario, a la vez que firmaban los documentos de Cámara de Comercio que los acreditan como responsables del negocio. Varios coincidieron en que ni en sus sueños más optimistas se habrían imaginado ser dueños del lugar.

"Los empleados siempre han tenido mucha lealtad, y gracias a eso, diría que este es uno de los pocos restaurantes donde los meseros se pensionan", añadió Santos.

Una de las más sorprendidas fue Luz Mery Blandón. Tras 21 años de labores como auxiliar de cocina, ahora podrá decir que su segundo hogar también es de su propiedad. Ella vino a trabajar luego de que su hermana la recomendara con los jefes.

"La noticia de la donación fue sorpresiva", confesó Luz Mery, vestida con su uniforme de pantalón beis, camisa blanca y delantal de limones, tomates y pepinos. Enseguida dejó salir una sonrisa que mostró sus dientes blancos, en contraste con su pelo negro corto. "Es una gran alegría. De ahora en adelante, a seguir luchando", indicó.

"Ahora, brindo por todos nosotros: ¡salud!", sentenció Emma en la gran mesa que compartieron, al tiempo que todos levantaron la copa y sonrieron complacidos.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redacción Bogotá
EL TIEMPO
En Twitter: @felipemotoa

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