Bogotá

Entre los informantes y los intolerantes / Voy y vuelvo

La inseguridad y la intolerancia no tienen lugar, ni hora ni fecha.

Intolerancia

Estos hombres se enfrentaron en plena avenida Boyacá con calle 26.

Foto:

César Melgarejo

Por: Ernesto Cortés Fierro
09 de febrero 2019 , 07:22 p.m.

Hace unas semanas, dos jóvenes en bicicleta se dieron a la tarea de ‘cazar’ a un conductor que, minutos antes, los embistió y por poco los atropella. 

Una vez consiguieron alcanzarlo, se desahogaron con atropellos, insultos, patadas al vehículo y la rotura de uno de sus vidrios. La pareja que iba dentro del carro apenas daba crédito a lo que sucedía. Tal vez hubo una imprudencia del conductor, pero los ciclistas no venían por la ciclorruta de la avenida Suba, sino por el carril vehicular: sin casco, sin luces, sin chalecos reflectivos. Eran las 9 de la noche.

El viernes pasado, un video de Citynoticias resultaba aterrador: tras un incidente entre un taxi y un carro particular en el que viajaban una pareja y sus dos pequeños hijos, el energúmeno conductor del taxi cogió a bate limpio el otro vehículo. Varios de sus colegas, en lugar de impedirlo, lo respaldaron. Las cámaras reflejaban el grado de sevicia con el que el hombre azotaba el carro y llenaba de pánico a sus víctimas. Esto ratifica lo que piensa el grueso de la ciudadanía: mientras existan este tipo de conductores, Uber podrá seguir a sus anchas.

Y la semana remató con la muerte del cantante y 'youtuber' Legarda. Otra noticia impactante. Otra vida que se esfuma por culpa de una bala perdida en la zona más exclusiva de Medellín. Todos estos episodios lo que indican es que la inseguridad y la intolerancia no tienen lugar, ni hora ni fecha. Ocurren en la calle, captados por las cámaras que dan cuenta de todo y de quienes protagonizan los hechos.

Al tiempo que sucedían estas cosas, el presidente Iván Duque anunciaba también su estrategia de seguridad ciudadana: la creación de una red de informantes –un millón para ser exactos– o de “ciudadanos vinculados a redes de participación cívica”, como las llamó, para que desde sus casas o barrios denuncien a los criminales. En ese sentido, llamó a la solidaridad, pues la seguridad no le corresponde solo al Estado, sino que compete también a la ciudadanía. El tema lo debatí con estudiantes de la Universidad Javeriana, que muy acuciosos llamaron la atención sobre varias cosas.

Por un lado, consideran que la propuesta del Presidente es oportuna y necesaria, pues, en efecto, los ciudadanos deben ser partícipes de estrategias que ayuden a contrarrestar el crimen en todas sus manifestaciones. Sin embargo, hicieron reparos acerca de la vulnerabilidad de quienes decidan hacer parte de esta red de informantes, del riesgo que se corre de que tales servidores terminen señalando a otros por razones distintas –algo así como lo que sucedió en su momento con los ‘falsos positivos’– o que no se construyan lazos de confianza y transparencia con la Policía –acusada muchas veces de complicidad con bandas delictivas–, lo que echaría por la borda la estrategia.

El anuncio del Gobierno tiene de bueno que llama a la participación en tiempos en que los criminales parecieran ganar la partida. Pero hacen falta pedagogía y mayores garantías para quienes estén dispuestos a acompañar esta política.
Pero ¿y qué hay de la intolerancia? ¿Cuál es la estrategia para volver al cauce de la civilidad?

Ese es el verdadero karma que nos está consumiendo como sociedad: la intolerancia; ese monstruo que llevamos dentro y que suele explotar a la menor provocación. La intolerancia es una de las causas principales –si no la más– para que un disgusto o un incidente menor termine en acciones salvajes, como la del taxista, o irracionales, como la de los ciclistas, y que suelen derivar en tragedias mayores.

La intolerancia, que todos la padecemos en mayor o menor grado, ha anulado nuestra capacidad de diálogo, paciencia y comprensión. Para recuperar esa sensibilidad perdida, señor Presidente, no se necesita una red de informantes, bastaría tan solo una buena estrategia de cultura ciudadana y educación.

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¿Es mi impresión o...
el alcalde Peñalosa dejó a todo su gabinete fuera de base con aquello de peatonalizar la Caracas?

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe de EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28
Correo: erncor@eltiempo.com

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