Bogotá

Se fue María Clemencia, la líder del mercado de las pulgas

De fabricar catres pasó a comprar bronce y arte religioso en los pueblos. Así levantó a siete hijos.

María Clemencia, la líder de las pulgas

En el mercado de las pulgas de la carrera 7.ª con calle 24, esquina, María Clemencia vendía sus antigüedades y las cosas bonitas que a ella le gustaban.

Foto:

Cortesía Familia Merchán

17 de noviembre 2017 , 09:30 p.m.

Sus hijos recuerdan que María Clemencia Merchán salía a recorrer, de lunes a jueves, los pueblos de Boyacá, Cundinamarca y Tolima. Para ellos, en ese momento, su mamá compraba ‘cosas viejas’, pero ella iba tras las antigüedades que estaban por ahí abandonadas, en aquel rincón de alguna finca o en el sanalejo de las casas viejas de las poblaciones vecinas a la capital sin ningún oficio.

Y luego, ella transformaba todo: los viernes y sábados limpiaba esa mercancía y el domingo temprano se estacionaba con su vieja camioneta, la ahuyama como le decían por el color, una Ford modelo 50 tipo panel en la calle 125 con autopista (donde hoy funciona un parqueadero de una cadena de hamburguesas y papas fritas) a vender.

Eran otros tiempos, otras necesidades, pero el rebusque fue lo que le sirvió a esta mujer para levantar a su familia y llevar hasta la universidad a Claudia, Andrea y Carolina y a los cuatro Luchos: Luis Geovanni, Luis Gerardo, César Luis y Luis Daniel.
En medio del duelo por la partida de esta líder de 59 años, a causa de un infarto, Luis Geovanni, el hijo mayor, cuenta que la consigna de mamá era: “Si me gusta a mí y es bonito, con toda seguridad habrá alguien más a quien le deba gustar y que quiera comprar”.

Todo comenzó cuando hace más de 30 años ella iba a los mercados de pulgas a comprar remaches y herramientas para armar los catres que fabricaba y que después vendía en las zonas comerciales de la localidad de Los Mártires.

Ella nos dejó este legado y nosotros queremos seguir adelante

En ese ir y venir, descubrió que le gustaban los bronces, artículos religiosos y por ahí mismo fue comprando el símbolo de los sanalejos: las canecas de leche y planchas a carbón. Así empezó a viajar a su natal (Boyacá) y luego vino el resto, en medio de las dificultades económicas de una madre cabeza de familia.

Primero fue un puesto en un parqueadero que cuando llovía era un barrial, luego pasó a los toldos de la carrera 3.ª, más tarde se ubicó en el mercado de la Jiménez y, tras varios tropiezos, se comenzó a volver una líder de la junta directiva del mercado de San Alejo, la venta de antigüedades que hoy funciona en la carrera 7.ª con calle 24 y de la cual se sentía orgullosa.

“Ella nos dejó este legado y nosotros queremos seguir adelante, porque aquí está parte de la historia de la ciudad, del país y de nuestra mamá”, dice Luis Geovanni mientras alista las piezas que va a llevar, este domingo, a las pulgas, después de ir al cementerio a visitarla, dejarle flores y agradecerle lo que hizo por el ‘mercadito’.

BOGOTÁ@bogotaet

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