Bogotá

‘Mi hijo no es el mismo desde que sus compañeros lo golpearon’

Hay desconocimiento de planteles para activar los protocolos de ley en casos de agresión escolar.

Violencia escolar

Las agresiones escolares pueden tener graves consecuencias físicas y psicológicas.

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123RF

25 de febrero 2018 , 03:37 p.m.

*Diego entró al Liceo La Sabana en 2017 para cursar el grado 9.°. Su madre, Mónica Dugarte, dice que se adapta muy fácil a su entorno, que le gusta ser líder, detallista con las niñas y que nunca ha sido violento.

Por eso lamenta que el evento más desafortunado lo haya vivido el 31 de octubre pasado cuando cuatro estudiantes lo agredieron dentro de las instalaciones del colegio, luego de un cruce de miradas.

Así relata su madre la escena. Eran las 3 de la tarde y, en uno de los pasillos, Diego se encuentra con sus compañeros, muy cerca de su salón de clases. “Él estaba en el descanso, los observó y ellos, al ver que él no les bajaba la mirada, comenzaron a golpearlo”.

Puños y patadas dejaron al joven indefenso y con su rostro, cabeza y párpados adoloridos. La gresca ocurrió delante de otros estudiantes sin que nadie hiciera nada. “Luego me enteré de que la rectora del colegio los mandó llamar y que todos negaron el hecho, incluso mi hijo, al que tenían como abrazado diciéndole: ¿Cierto, Dieguito, que no pasó nada? Él no pronunció palabra por temor a que le hicieran algo”. Mónica dice que los jóvenes eran de grado once y que no se les podía ver a los ojos porque tenían intimidados a los demás, tres de ellos ya son mayores de edad.

Él no pronunció palabra por temor a que le hicieran algo

La madre de Diego solo pudo actuar al día siguiente, cuando se enteró de los hechos. “Me dirigí al colegio con los policías del CAI. Pedí información de los agresores, pero no me la dieron. En ese mismo instante radiqué una carta para que me dejaran ver el video, pero fue imposible, luego supe que los otros padres sí lo habían visto”.

Por recomendación de la policía, la madre de *Diego interpuso una demanda en la Fiscalía de donde la remitieron a Medicina Legal el 2 de noviembre. “El médico forense le dictaminó 15 días de incapacidad. Luego de confirmar el juzgado asignado busqué a la fiscal para entregarle el dictamen y pedirle el favor de citar por medio del colegio a los denunciados para una conciliación que tiene que surtirse por ley”.

Pero el encuentro con los otros padres de familia, según Mónica, fue desafortunado. “No dejaron entrar a mi abogada, todos estaban indignados y los jóvenes, muertos de la risa. No me quedaron deseos de conciliar. No sé si vivo en un planeta ideal, pero yo creo que uno es responsable de las acciones de sus hijos y si alguno, voluntaria o involuntariamente, daña a otra persona yo la busco, la encuentro y le pido una disculpa”.

Noventa días después de los hechos, la madre de Diego dijo no haber recibido ninguna respuesta del colegio. “Yo quería saber por qué no me llamaron el mismo día de la agresión. A mi hijo lo vio un siquiatra. Él empezó a mostrar síntomas de estrés postraumático. Tuve que meterlo a un tratamiento con el seguro de accidentes del colegio”.

Mónica dice que el joven no quiso salir en vacaciones y que en diciembre del 2017 lo llevó a la clínica La Colina por un dolor lumbar fuerte y porque tenía media cara paralizada. “Le diagnosticaron parálisis de Bell, como consecuencia de su afectación emocional y el estrés que padecía. Él no quiere volver a hablar de ese tema y me dijo que nunca más lo llevara a la Fiscalía. Triste que ninguna de las partes respondiera de forma ética”.

Él no quiere volver a hablar de ese tema y me dijo que nunca más lo llevara a la Fiscalía. Triste que ninguna de las partes respondiera de forma ética

Lo que más le duele a esta madre de familia es que no hubo ningún tipo de sanción para los jóvenes que golpearon a su hijo. “Se graduaron con todos los honores. Qué ejemplo les dieron como colegio a los otros 300 alumnos: ustedes pueden golpear que nosotros vamos a celebrar. Tampoco hubo ningún mensaje de los padres de los jóvenes”.

¿Qué dice el colegio?

EL TIEMPO habló con María del Pilar Ayala, rectora del colegio, y con Édgar Sánchez, coordinador, para saber cuál era su versión de los hechos.

Coinciden en que la pelea ocurrió el 31 de octubre de 2017. “El estudiante estaba frente a su salón, rodeado por sus compañeros. Pasan unos estudiantes de grado 11, se miraron mal, se carean, se escupen y comienza la agresión. Uno de ellos le pegó con su mano, otro con su rodilla. No tarda más de un minuto la situación”.

Sánchez dice que un profesor que se encontraba dentro de un salón se percata del final de la pelea y los aparta luego de ver una especie de tumulto. “La agresión sí fue propiciada por los estudiantes de grado 11, pero Diego también los escupió”. Luego, según la versión de Sánchez, el profesor testigo lleva a los alumnos a la coordinación para aclarar lo sucedido. “No es verdad que se abrazaran. Los cuatro estudiantes y Diego dicen que todo comenzó por un careo. Nosotros no vimos morados, sangrados o rasguños ni en su rostro ni en sus manos”.

El colegio acepta que ese día no llamó a los padres de familia, sino que generaron un compromiso con los estudiantes al ver que no había señales de una agresión física.

Sánchez afirmó que todo se evidenció cuando la madre de Diego se acercó a hacer el reclamo. “Yo también hablé con los estudiantes de grado once, les pregunté si pasaba algo, pero ellos todo el tiempo me dijeron que no. Lo que hicimos fue hacerles un acompañamiento a ambos salones para que no salieran a la misma hora y no pasara nada”.

Las directivas dicen que cuando la mamá de Diego hizo el reclamo estaba muy alterada y que no tenía claridad de cuándo había ocurrido la pelea. “Nosotros no le dimos información de los estudiantes, porque ellos son menores de edad. A los otros padres los citamos al día siguiente y ellos fueron. Les hablamos de la falta que cometieron y que los alumnos habían escondido la verdad”.

Así fue como el colegio se enteró de los detalles. “Los padres entendieron, dijeron que se querían reunir con la madre de Diego, pero ella ya no estaba dispuesta. Dijo que estaba en curso una denuncia. Los estudiantes quedaron con matrícula condicional y al joven agredido se le facilitó todo para que culminara bien su año escolar”.

Finalmente el colegio aclara que sí respondió el derecho de petición que pasó Mónica. “Le dijimos qué podíamos y qué no podíamos hacer, le explicamos que no le habíamos mostrado el video a nadie y que las pruebas se las entregaríamos a las autoridades”.

Respecto a la graduación de los estudiantes, las directivas de colegio afirman que el manual de convivencia no tiene contemplado como sanción no dejar graduar a los alumnos con la ceremonia tradicional.

Hoy, Mónica continúa con la denuncia porque quiere que haya una sanción ejemplarizante. “Yo les digo a los padres de familia que denuncien estos casos porque todos tenemos la responsabilidad de educar buenos seres humanos, que el día de mañana lo piensen más de una vez antes de dañar a alguien. Mi hijo no es el mismo de antes, está amargado, triste, retraído. Eso no es justo”.

* El nombre del estudiante agredido se cambió por solicitud de su madre

‘El protocolo no es a discreción de los colegios’

Jorge Celis, subsecretario de Integración Interinstitucional de la Secretaría de Educación (SED), fue claro en señalar que en este y otros tipos de agresión escolar los colegios no deben actuar a su discreción, sino atendiendo lo estipulado en la ley de convivencia escolar 1620 de 2013.

“El Comité Distrital de Convivencia Escolar es la reunión de las entidades del orden nacional y distrital que trazan estrategias interinstitucionales, una de ellas es una serie de protocolos para la atención de temas relacionados con la convivencia escolar; incluso los que tienen que ver con la agresión sexual”. El funcionario se refiere a 17 protocolos que los colegios deben seguir, atendiendo dicha ley, y como corresponda el caso. “Lo que buscamos nosotros al final del día es que la escuela se convierta en el espacio de garantía o de restitución de los derechos”.

Según el experto, en el hecho en mención, el colegio debió haber activado dicho procedimiento, avisado inmediatamente a los padres y haber reunido al comité de convivencia del colegio conformado por padres, alumnos y directivas para encontrar soluciones o avisar a otras instancias si así se requiere.

CAROL MALAVER
Subeditora de Bogotá
Carmal@eltiempo.com
En Twitter: @CarolMalaver

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