Bogotá

Los contenedores no son un estorbo / Voy y vuelvo

Se están instalando en puntos críticos y su fin es contribuir con la cultura del reciclaje.

Bogotá tendrá 5.000 contenedores como este para los recicladores

Son 10.000 los contenedores que van a instalar en Bogotá, en 15 localidades y en 7.000 sitios ya detectados.

Foto:

Hugo Parra

Por: Ernesto Cortés Fierro
15 de diciembre 2018 , 10:00 p.m.

Rafael Pardo dijo una vez en campaña para la alcaldía de Bogotá que los colados en TransMilenio eran el reflejo de lo que no nos podía pasar como sociedad. Y a esa acertada reflexión yo tengo que agregar hoy otra: quienes no están haciendo buen uso de los contenedores para el reciclaje y aseo de la ciudad están sacando lo peor de sí en detrimento de todos.

Los contenedores que se están instalando en puntos críticos de Bogotá no tienen fin distinto que el de contribuir a una cultura del reciclaje, de la buena disposición de los desechos que nosotros mismos producimos y de embellecimiento de nuestra ciudad. Eso es todo. No están en las esquinas o en las calles con alto comercio por gusto, sino porque es allí precisamente donde se ha detectado que el volumen de desperdicios es mayor y que los contenedores podrían ayudar bastante.

Estos depósitos hacen parte de los compromisos adquiridos por los operadores de aseo, además de limpiar fachadas y cortar el césped. Y los pagamos los ciudadanos, con la tarifa que puntualmente nos llega cada mes. Se van a instalar 10.000 en Bogotá, en 15 localidades y en 7.000 sitios ya detectados.

Por todo esto es que da mucha rabia ver que ya hay algunos que les están dando mal uso a los contenedores. Primero que todo, no los utilizan como debe ser: el de tapa blanca para material reciclable que después recogen las personas dedicadas a este oficio, y el de tapa oscura para los desperdicios normales. La gente está mezclando todo y así se pierde el esfuerzo.

Me han hecho llegar varias fotos, por otro lado, con contenedores atestados de basura, que sobrepasa la capacidad del mismo, y entonces se empiezan a convertir en muladares hediondos. Una de dos: o la gente se dedicó a botar la basura fuera de los horarios en estos contenedores –cuando deberían esperar el camión– o los operadores están tardando demasiado tiempo en el recambio.

Y es entonces cuando un ciudadano toma la foto y la empieza a distribuir por las redes sociales hasta que cae en manos de un influenciador que la vuelve viral, pues es una imagen que se multiplica y se triplica hasta generar la percepción de que la ciudad está invadida por la basura.

Si seguimos amparados en la indiferencia hacia nuestra ciudad , vamos a convertir los contenedores en el blanco de todas nuestras frustraciones

Huelga decir que esto lo habíamos advertido: contenedor que dé mal aspecto, contenedor que se viraliza y que nos retrotrae a los tiempos de antiguos contenedores en los conjuntos de Casa Blanca, en Kennedy, por ejemplo, dispuestos en el patio principal y que terminaban convertidos en una especie de Doña Juana local.

Esas imágenes eran terribles y acá nos puede pasar lo mismo si no actuamos. Y solo hay dos maneras de hacerlo, ambas muy sencillas: por un lado, es urgente que la Uaesp refuerce la pedagogía del uso de los contenedores y les exija a los operadores rendición de cuentas de cómo está funcionando el esquema y qué ajustes hay que hacerle. Y segundo, la voluntad nuestra.

Si seguimos amparados en la indiferencia hacia nuestra ciudad y damos rienda suelta a la ignorancia, vamos a convertir los contenedores en el blanco de todas nuestras frustraciones, y lanzaremos dentro de él y fuera de él, de forma irresponsable, nuestras propias amarguras, como si eso lo solucionara todo.

En ciudades como París o Buenos Aires también hay contenedores. Y hay algunos a los que les rebosan los desechos, pero allá se reacciona rápido y se respeta el mecanismo del reciclaje. 

No creo que necesitemos parecernos a ellos para vernos más civilizados, es cuestión de sentido común y sentido de pertenencia. Si no cree que es así, bien pueda irse buscando otro destino para que exponga sus suciedades.

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe de EL TIEMPO
En Twitter: @ernestocortes28

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