Bogotá

Las claves de un buen proceso de retorno a los centros históricos

El país no ha asumido la tarea de otorgar calidad de vida a quienes viven en zonas tradicionales.

Recorridos por La Candelaria

Si en el centro no hay habitantes, no hay ‘sujetos patrimoniales’, y sin ellos, no existe el patrimonio, dice la autora, citando al ecuatoriano Fernando Carrión.

Foto:

Cortesía Alcaldía de La Candelaria

Por: María Eugenia Martínez Delgado
30 de noviembre 2018 , 07:15 p.m.

Sin excusas, el patrimonio cultural residencial de los centros históricos y tradicionales necesita ser entendido, finalmente, como asunto de política pública. Al menos hasta la fecha, el Gobierno Nacional poco ha pensado en las áreas céntricas como objeto de política de vivienda.

El país apenas reconoce la existencia de una vivienda que merece ser rehabilitada, pero ignora, entre otras problemáticas, la de la vivienda compartida de inquilinato, propia de estas zonas. Las políticas de vivienda se han dedicado, más bien, a atender el déficit cuantitativo, en obra nueva, en la periferia de la ciudad. Intervenciones opuestas, acordes con modelos de ordenamiento enfocados en la renovación masiva del centro, han concebido su repoblamiento, pero no han asumido la tarea principal de otorgar buenas condiciones de vida a quienes ya habitan los barrios centrales.

La transformación urbanística de París, acontecida en los años 80 y 90 del siglo pasado, y que se convirtió en referente de las transformaciones urbanísticas recientes, tuvo un eje predominante en el proyecto residencial. Este se orientó a zonas degradadas y obsoletas, algunas de ellas derivadas de procesos de reconversión de zonas industriales en desuso (revisión del planeamiento en la alcaldía de Jacques Chirac).

Se trató, por lo tanto, de la recomposición de la ciudad sobre sí misma, a través de piezas nuevas que se articulaban al entorno existente, del mejoramiento de los centros de manzanas y su adecuación para la utilización común y de la intervención cualitativa del espacio público.

Este proceso valoró las formas urbanas precedentes y criticó la renovación modernista de los años 50 y 60, no solo por la destrucción que hizo de los tejidos urbanos tradicionales, sino también porque sus resultados en la construcción de las periferias de la segunda posguerra fueron, ciertamente, pobres.

...la museificación, la turistificación y la comercialización tomarán el control del pasado, colonizándolo

Una pérdida de sociedad

En América Latina, el ecuatoriano Fernando Carrión viene hablando del regreso a la ciudad construida, por lo menos desde 1997, para signar el proceso del retorno al centro histórico. Esta memoriosa pieza urbana había sido abandonada, en una diáspora que habitó los suburbios, en correspondencia con las tendencias, hoy caducas, del urbanismo expansivo.

Ahora, Carrión dice que la pérdida de vivienda en el centro histórico lleva aparejada una pérdida de sociedad, ciudadanía y pertenencia, que impide la democratización del patrimonio cultural. Si en el centro no hay habitantes, no hay ‘sujetos patrimoniales’, y sin ellos, no existe el patrimonio.

Si la vivienda se desplaza, se pierde la heterogeneidad de funciones y prácticas socioculturales propias de los centros históricos, y así, “[…] la museificación, la turistificación y la comercialización tomarán el control del pasado, colonizándolo”; sin memoria no hay historia, y sin historia no hay centro ni patrimonio cultural.
Si la vivienda se desvanece, se afecta el espacio y el tiempo, el centro histórico vive solo en el día y muere de noche, y los lugares de vida son profanados por otros; sin espacio y sin tiempo desaparece la centralidad histórica.

Al tratarse de un sitio reconocido como patrimonio de la humanidad, el desarrollo urbano del centro histórico de Ciudad de México debe cumplir con los compromisos derivados de su inscripción en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco y, a su vez, observar los preceptos de la Ley de Desarrollo Urbano del Distrito Federal. Visiblemente, la ciudad entiende que su centro histórico es, al mismo tiempo, objeto de políticas culturales y de ordenamiento territorial.

De hecho, hubo allí una experiencia importante con el uso de la transferencia de derechos de edificabilidad, que permitió crear un fideicomiso para la financiación de la restauración de los edificios emblemáticos y la revitalización de los barrios de la zona declarada.

Al contrario, la gestión de los centros históricos colombianos aún se decide hoy, incompletamente, desde las políticas culturales.

¿Nadie se cuestionó en la nación si la transversalidad que exige la actuación en estas áreas céntricas podría estar mejor liderada desde conceptos complejos como el de hábitat o paisaje urbano?

El Plan Integral de Manejo para los perímetros A y B del centro histórico de Ciudad de México se actualiza cada cinco años. En la actualización adelantada en el 2017, es evidente la continuidad de políticas y estrategias, y, sin embargo, se nota una clara intencionalidad de afinación de los instrumentos para el ordenamiento del paisaje urbano, fortalecimiento de la Autoridad del Centro Histórico y vigorización de la apuesta por la vivienda a partir de los proyectos de mejoramiento, formalización jurídica de la propiedad, mercado de vivienda y financiamiento y gestión de proyectos de vivienda.

Las líneas de acción

El mejoramiento abarca cuatro líneas de acción: rehabilitación de viviendas habitadas, mejoramiento integral de viviendas y vecindades (inquilinatos), mejoramiento de edificios de patrimonio público y producción integral de vivienda (social o institucional).

La formalización jurídica de la propiedad atiende debilidades relacionadas con la legalización de predios, las cuales constituyen un obstáculo para los programas de mejoramiento físico y, a su vez, afectan las certezas que precisan las operaciones inmobiliarias.

El mercado de vivienda reconoce que el regreso al centro es una realidad (en los últimos cinco años se incrementó en un 8 por ciento la población residente, revirtiéndose de este modo la tendencia histórica de 60 años atrás, en los que el sector perdió más de la mitad de los moradores).

Este proyecto se concentra en el logro de facilidades, de parte de las entidades crediticias, para la adquisición de vivienda usada y la autorización de créditos para la rehabilitación de viviendas patrimoniales. Se deciden, además, emprendimientos entre actores públicos y privados, en los cuales el aporte de los privados puede ser su propia unidad.

Por supuesto, también es bienvenida la inversión privada, bajo reglas del juego claras.

El financiamiento y la gestión de proyectos de vivienda están orientados a fomentar la inversión y el cobro de contribuciones por mejoras, como mecanismo de recaudo fiscal compensatorio por beneficios adicionales del desarrollo urbano. Ello facilita la creación de un fondo dirigido, de manera específica, a la rehabilitación de inmuebles que albergan o pueden recibir vivienda.

Existe, asimismo, un programa que se ocupa de la compra de edificios, rehabilitación y venta posterior de unidades de vivienda.

Se necesita arrojo

En Bogotá, en la primera administración de Antanas Mockus, la Corporación La Candelaria trabajó en la dignificación de inquilinatos y compró inmuebles para su rehabilitación y posterior venta por unidades de vivienda, acciones muy interesantes, por cierto, y para las cuales se necesita arrojo.

Aunque Ciudad de México va más lejos, en el marco del Plan de Revitalización del Centro Tradicional, la alcaldía de Gustavo Petro avanzó en varias de las líneas mencionadas con anterioridad, dejando concluidas obras de experiencia piloto de mejoramiento de vivienda, planificación de mejora de inquilinatos, proyectos y recomposición morfológica de tejidos urbanos fracturados para vivienda nueva y social, diseño de intervenciones de reciclaje y estudios formales para el alojamiento de vivienda en parqueaderos y otros lotes de engorde.

Además de la cooperación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en el plan, este auspició un convenio con el fideicomiso y la Autoridad del Centro Histórico de la capital azteca, el cual facilitó el intercambio de funcionarios de Ciudad de México y Bogotá, durante los años 2014 y 2015.

En suma, el patrimonio cultural es un tema en ascenso que hace parte de rutas alternativas y sostenibles del desarrollo de la sociedad. Su tratamiento exige adoptar la visión más contemporánea de la conservación: aquella que corresponde a la reutilización, rehabilitación y reciclaje de estructuras arquitectónicas, tejidos preexistentes y actividades habituales.

En este sentido, pareciera más sugerente, para los centros históricos y sus periferias, la configuración de un sistema residencial que reconozca las estructuras urbanas preexistentes, llene vacíos urbanos, permita la rehabilitación del patrimonio edificado y se ocupe de la cualificación del espacio público, que dedicarse a la renovación de buldócer propia de los años 90, con efectos sombríos y experiencias costosas e ineficientes.

Forzoso, pues, sostener la estructura del tejido urbano del centro histórico y sus contornos desde la configuración de un potente sistema residencial, cuya consolidación está ligada esencialmente a la mixtura y complementariedad de las funciones urbanas y a la combinación de estrategias sociales y urbanísticas que introduzcan un nuevo equilibrio entre mejora y transformación sostenible del centro.

MARÍA EUGENIA MARTÍNEZ DELGADO
*Consultora en centros históricos y patrimonio cultural

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA