Bogotá

El hombre que convirtió su habitación en un taller de ropa

Santiago Mateus siguió sus gustos y creó La Burrita, un emprendimiento de ciclistas para ciclistas.

La Burrita

Si está interesado en estos productos, siga sus redes sociales. Instagram: @LaBurritaAccesorios y Facebook: La Burrita.

Foto:

Carolina Pava / EL TIEMPO.

Por: Carolina Pava García
26 de octubre 2018 , 07:15 p.m.

Santiago Mateus se preguntó un día: ‘Si el mundo se acabara hoy, ¿habría valido la pena mi vida?’. Su respuesta hace un tiempo hubiese sido muy diferente a la de hoy. Este diseñador –y sociólogo– dejó de lado hace dos años su trabajo estable e hizo realidad su proyecto de grado: desarrollar La Burrita, su marca de accesorios y ropa para ciclistas.

“¿Quieres ver mi cuarto?”, pregunta Santiago, mientras guarda las telas, hilos, reflectivos y demás materiales en su anterior armario.

La que una vez fue su habitación es hoy su taller y centro empresarial, de donde ha logrado crear prendas auténticas para quienes se movilizan en bici.

El emprendedor de 29 años camina por la sala, atraviesa la cocina y abre una pequeña puerta. Un cuarto que antes era el depósito de bicicletas de su casa hoy es su dormitorio. Una cama, un pequeño armario y un perchero en la pared es todo lo que tiene allí.

“En mi anterior trabajo entraba a las 7 de la mañana y podía estar saliendo a la una o dos de la mañana del otro día. No tenía sentido. Aunque me iba muy bien, no me llenaba lo que hacía”, relata.

Todo empezó cuando Santiago estudiaba sociología en la Universidad Nacional. Un buen día se ganó una beca para la Universidad de los Andes, donde decidió estudiar diseño. Tras finalizar la carrera realizó un trabajo de grado relacionado con lo que más le gustaba: la bicicleta.

“La marca nació cuando me di cuenta de que mi ropa en ese momento no era funcional para mi estilo de vida. Tenía que irme con una pinta para montar bicicleta, otra muda para cambiarme para trabajar y, además, si llovía, un impermeable... No tenía una prenda que me sirviera para todo”, explica Santiago.

Por eso conserva su primer catálogo, en el que plasmó hace cuatro años las prendas que podrían ser la solución para sus trayectos y, de paso, que se convertirían en su proyecto de vida.

“Recuerdo que mis primeros prototipos me salieron más caros de lo que los vendí. Eran unas chaquetas que me compraron mis amigos. Esto de emprender es así, se prueba y se prueba hasta lograr crear algo que guste. Es como un desafío de paciencia”, cuenta Santiago.

¿Por qué La Burrita? Porque así llaman comúnmente las bicicletas en el mundo del ciclismo colombiano. Además, es la marca que tomó forma mientras su habitación desaparecía.

Una fileteadora, una máquina de coser y una plancha de calor para estampar los reflectivos de sus prendas tomaron el lugar de su cama.

“Creo que esto también es bueno; me da una perspectiva diferente de mi casa y reafirma el apoyo que he tenido de mi familia”, dice.

‘De ciclistas para ciclistas’ es su eslogan. Y es en serio. Santiago y dos amigos más se fueron desde Cali hasta Perú en bicicleta para asistir al Foro Mundial de la Bici, en Lima, a principios de este año.

“Duramos dos meses pedaleando. Pasamos por Tulcán, Quito, Montañita (en Ecuador), Piura y Barranca (en Perú), entre otras ciudades. Ahí puse a prueba mis prendas”, cuenta entre risas, mientras abre el armario y muestra algunas de ellas, que sobrevivieron a las lluvias, las altas temperaturas y a los casi 2.400 kilómetros de camino.

La Burrita

Pronto, Santiago sacará al público su nueva línea de 'caps'.

Foto:

Carolina Pava/ EL TIEMPO

Y es que el proceso de solo una chaqueta no es sencillo. Primero, Santiago selecciona y compra una tela que cumpla con los estándares de calidad que necesitan los ciclistas (que sea impermeable y duradera); luego crea el diseño, lo imprime en la tela, envía las partes de la chaqueta a confección, donde las pegan con cuatro tipos diferentes de máquina; recibe la chaqueta para pegar los reflectivos y, finalmente, promociona sus productos.

“He aprendido a hacer de todo. Desde coser, que nunca me imaginé que lo haría, hasta manejar las redes sociales”, dice.

Su familia y amigos han sido su sostén. “Agradezco la compañía de quien se sentó conmigo en una feria tres horas para mostrar mis productos. A mi mamá, que me aconseja y me impulsa. Esto es como escalar una montaña, y apenas voy en la mitad del camino. Ha valido la pena”, afirma.

CAROLINA PAVA 
Redacción EL TIEMPO ZONA

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