Bogotá

Una imprudencia le cambió la vida a una ciclista bogotana

Paula Ossa hace parte de los 2.736 biciusuarios heridos por accidentes de tránsito en el 2014.

Paula Ossa

En su bicicleta, Paula Ossa recorre todos los días, incluyendo los fines de semana, las vías de Bogotá.

Foto:

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

27 de julio 2017 , 08:16 a.m.

Paula Ossa era una ciclista de pista y velocidad convencional hasta el 29 de abril del 2014, cuando un incidente en la vía le cambió la vida. Solo necesitaba un metro y medio para pasar entre dos vehículos, pero una imprudencia la terminó dejando con una lesión de por vida.

Fue uno de los 2.376 biciusuarios que quedaron heridos ese año tras sufrir un absurdo accidente en la vía. Pero pese a su tragedia rodó con suerte, algo que no tuvieron otras 343 personas que también se transportaban en bicicleta.

Tres años después, esta joven bogotana es un ejemplo de superación. Como dirían los ciclistas, le puso el pecho a la brisa y hoy es una consagrada deportista paralímpica y promotora de los comportamientos en la vía.

El accidente que recuerda con tristeza ocurrió en la calle 80 con avenida Boyacá, en Bogotá. Iba en su bicicleta junto a un compañero y al ver un carro parqueado se abrieron hacia la derecha para adelantarlo, pero quedaron detrás de una volqueta y otro vehículo. “Mi amigo me dijo: pasa por en medio del espacio. Le respondí que no cabía, me puso la mano en la espalda y luego sentí un empujón. Choqué contra el carro y caí debajo de la volqueta”, cuenta.

Paula quedó boca abajo, intentó levantarse, darse la vuelta, pero no pudo. “Lo único que hice fue tomar mucho aire y sostenerlo mientras la volqueta pasaba por encima de mi cadera. Cuando pasó, boté el aire y sentí cómo se me destruía todo por dentro y un dolor impresionante”.

El conductor del tractocamión siguió como si no hubiera pasado nada. No había cámaras ni muchos testigos. En ese momento otro conductor se atravesó en la vía e hizo que la volqueta se detuviera.

Mientras tanto, Paula pedía ayuda a su compañero. “Llama una ambulancia, no me dejes sola, no me dejes morir. Solo eso podía decirle. Sabía que ya estaba muy mal”, recuerda.

A su llegada al hospital, los médicos ordenaron una cirugía de inmediato. Ella se desangraba. “Me operaron pero no reaccionaba. Le dijeron a mi mamá que tenía, a lo mucho, dos horas de vida. Como un milagro, desde ese abril, sigo junto a mi familia”.

Larga recuperación

En los días de recuperación, su pierna izquierda no respondía a los estímulos. Durante un año estuvo en terapias, tuvo que aprender a gatear, a levantarse, a andar. Pudo caminar con dificultad a los cuatro meses y le tomó ocho más volverse a montar en una bicicleta. “Fueron días complicados porque en cada esfuerzo me dolía la cadera, quería volver a caminar, pero era muy duro no poder hacerlo”.

Hoy, Paula no puede caminar largos trayectos, le toca hacer recesos en sus recorridos, tampoco puede correr o saltar. Su cadera, del lado izquierdo, quedó con una lesión en un nervio. “Eso disminuye la fuerza de mi pierna izquierda y al montar en bicicleta debo jalar (empujar) más con la derecha. Cuando termino un entrenamiento muy intenso, la pierna me empieza a temblar”, relata la deportista.

Solo hasta este año, tres años después del accidente, Paula volvió a las competencias. Esta vez lo hace en ciclismo paralímpico de ruta en la categoría C5 (personas con menor limitación física). En mayo asistió a la Copa Mundo de Paraciclyng en Italia, donde ganó el tercer lugar. “Fue una experiencia diferente e inolvidable, fue como mi primera competencia. Era el Día de la Madre y se lo dediqué a la mía, sin ella no habría podido salir adelante. Mi mejor trofeo fue llamarla, y el suyo, tenerme viva”.

Ahora, espera asistir al campeonato mundial de ruta de Pietermaritzburg, en Sudáfrica, que se realizará en agosto y subirse al podio. Este es un escalón para cumplir su sueño de ir a los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020.

“Antes era una corredora normal, ahora soy especial. Pertenezco a los paralímpicos y quiero representar a mi país y dejar su nombre en alto”, asegura Paula, quien reconoce que no es la misma “ni física ni mentalmente”, pero que se siente “más fuerte”, pese a que debe soportar fuertes dolores y calambres. “Agradezco por tener todas mis extremidades y sentirlas, aunque duelan”, insiste la joven bogotana.

Pero además de ser deportista, Paula se volvió una promotora sobre el comportamiento que se debe tener en las vías. Con frecuencia usa sus redes sociales para recordar el día en que volvió a vivir, su “día milagroso”, y para hablarles a los biciusuarios y a los conductores.

“Les digo que salgan con cuidado. Que tengan los cinco sentidos atentos. A veces vamos con los audífonos puestos escuchando música o hablando, y esto no puede ser. Los oídos deben estar dispuestos a escuchar lo que pasa en la calle, al carro, al pito, al grito. Todos debemos ser prudentes al rodar”, aconseja.

De igual modo, a quienes conducen automotores les pide respeto, “que no vean una bicicleta, sino a una vida que lucha día a día, que tiene sueños que no merecen ser cortados”. Como en su caso, dice, un metro y medio de distancia pueden hacer la diferencia, cambiar los planes e incluso la vida.

LEIDYS BECERRA*
Especial para EL TIEMPO
*Concepto y redacción editorial: Unidad de Contenidos Especiales EL TIEMPO. Con el patrocinio de la Agencia Nacional de Seguridad Vial.

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA