Bogotá

Así es la vida en las entrañas de un caño

Los Ángeles Azules de Integración Social del Distrito se tomaron canal de la avenida Boyacá con 66.

Exhabitantes de la calle intentaron que otros siguieran su mismo camino

Francis vive desde los 15 años en el canal de la avenida Boyacá con calle 66.

Foto:

César Melgarejo / EL TIEMPO

30 de julio 2018 , 02:05 p.m.

Avenida Boyacá con calle 66. Hace poco amaneció. Del caño sale una mujer, no aparenta más de 25 años, está vestida de negro. Se da cuenta que alguien la mira, escarba entre desperdicios y comienza a desenredar lo que parece un arma artesanal que se asemeja a un machete afilado del tamaño de un brazo.

Pero pronto se da cuenta que el canal, atiborrado de basura, se llenó de gente con chaquetas azules. Entonces, ella, vestida de negro, con las manos entre sus bolsillos, se pierde entre las aguas negras y repletas de heces humanas y su figura se difumina mientras patea un viejo balón rojo. “Se va a abastecer pal desayuno”, dice una voz que se disipa entre el ruido de la jornada y un cielo lleno de nubes que amenaza con descargar un aguacero.

Otra vez, la Secretaría Social, se tomaba un pedazo olvidado de ciudad con los llamados Ángeles Azules, esta vez, con un grupo vinculado al hogar ‘Comunidad de vida El Camino’. Eran 30 exhabitantes de la calle que volvían a enfrentarse con su pasado, que querían que, por lo menos un indigente, decidiera recibir la ayuda del Distrito.

“¡Venga, papá!, ¡váyase conmigo!” le grita Harold a un hombre que se esconde debajo del puente. Él, de Tumaco (Nariño), llegó a Bogotá a los 9 años. Su madre lo trajo a vivir con ella en el barrio el Minuto de Dios. “Allá me pudrí. Usted sabe, entre los amiguitos siempre hay alguien negativo y pues lastimosamente me fui por ese lado”.

A los 13 años comenzó a fumar marihuana, le robaba a su madre y así se ganó la expulsión de su hogar. Recorriendo la ciudad llegó al Bronx en donde se gastaba en droga todo lo ganado con el hurto callejero. Allá también perdió uno de sus dedos. “Un día se me ocurrió robarle a un barequero, un mayorista que llaman, un canguro con un millón ochocientos mil pesos, 30 cajas de pepas, 50 pericos de Transformers y 50 de Homero y encaletarlos. Lo malo fue que me cogieron los sayayines”.

Un día se me ocurrió robarle a un barequero un canguro con un millón ochocientos mil pesos, 30 cajas de pepas, 50 pericos de Transformers y 50 de Homero. 
Lo malo fue que me cogieron los sayayines

Habitantes de la calle

Este joven de solo 20 años llegó al canal mientras transcurría la jornada. Le dijo sí a la ayuda. Tenía hambre y frío. Dijo ser originario de Puerto Boyacá.

Foto:

César Melgarejo.

Lo atraparon, querían que entregara lo robado pero Harold, curtido de la calle, era capaz de negarlo todo a pesar de las torturas. Le quitaron un dedo con un deshuesador de pollo, también un pedazo de oreja y aun así no confesó. “No quería morirme”, dijo mientras comenzaba a bajar a las aguas negras de aquel canal, con ropa limpia, oliendo a colonia, y dispuesto a convencer a alguien de darse una oportunidad.

Ya todos dentro del canal nos encontramos de frente con toda una habitación. Era una cama erigida de tablas y colchones viejos, al lado de lo que parecía ser una poltrona, que flotaba sobre una corriente de aguas nauseabundas atestadas de porquería. Allá dormía Francis, quien amablemente nos permitió sentarnos en su morada. “Yo terminé en la calle porque me dio por probar basuco. Entonces tenía que decidir: o me quedaba en mi casa y robaba para comprarlo o me iba a la calle para trabajar y drogarme, me fui por lo segundo”.

Ella comenzó siendo jíbara en la Estrada. “Pensé que era un vida fácil pero me jodí porque el basuco no respeta a nadie”. Ella vive en el caño hace 15 años. Allí es la reina. A veces recicla, a veces duerme, a veces no, a veces simplemente recuerda a sus cinco varones y a sus dos nietos que de vez en cuando, dice, la van a visitar. No sabe si es realidad, o simplemente son alucinaciones que vienen y van. Tiene cáncer de garganta pero nunca ha querido recibir ayuda, irse de allí, ni siquiera cuando se inunda en lugar y las aguas amenazan con tragársela. “¡No me grabe hermano!”, le grita a un camarógrafo que la enfoca en la distancia. Nos despedimos, recomienda a los jóvenes chupar bareta pero nunca basuco, ni pegante. “Esas drogas no respetan a nadie, ni a las clases sociales, arrasa con todo”.

Me quitaron un dedo con un deshuesador de pollo, también un pedazo de oreja

Habitantes de la calle

Los habitantes de la calle en proceso de rehabilitación les pintan mensajes a sus compañeros para que se le midan a recibir las ayudas del Distrito.

Foto:

César Melgarejo.

Unos pasos más allá, Rubén Cortés, uno de los avanzados en el proceso, saca un tablón de madera y comienza a pintar. Quiere mostrar que lo está intentando. Es una forma de inspirar a quienes lo observan escondidos. “Yo soy drogadicto. Tengo 35 años y soy de Granada (Meta). Empecé fumando marihuana y así me hice a muchos enemigos”.

En Bogotá conoció el opio de coca, dejó el trabajo que tenía en la pollería de su familia, hizo parte del Ejército pero allá asesinó a dos de sus compañeros, pagó su pena por homicidio simple y luego de salir, otra vez, lo consumió la droga. En Integración Social conoció un amor: la pintura. Hoy quiere más formación. Siente que por fin hay algo que lo motiva. “No hay cosas imposibles, sino hombres incapaces”.

Mientras tanto, en una pared, Willy Gámez, con tiza en mano, escribía su nombre y un mensaje para que otros lo lean y les pique la curiosidad de lo que ofrece el Distrito. Él creció en Los Mártires desde los 12 años. Hurtando celulares y partes de autos se financiaba la droga. “Hace tres años viví el peor día de mi vida. Me cortaron la cara. Fue una liebre, (enemigo)”. Un día se aburrió del desprecio de la gente y este año, por primera vez, se vio limpio, y dice, quiere seguir así. Es que conoció su voz, grabó una cuentas canciones. Es un hombre alto, lleno de energía, con carisma, pinta de artista.
Eran en total 30 ángeles entre hombres y mujeres que bailaban, ponían música, entregaban volantes, trataban de explicarle a la gente qué hacían allí, esperando a que por lo menos uno, que para ellos ya es suficiente, le dijera sí a la ayuda.

Habitantes de la calle

Rubén Cortés, un habitante de la calle rehabilitado, quiso pintar dentro del caño para inspirar a otros a encontrar sus verdaderos talentos, alejados de las calles.

Foto:

César Melgarejo.

No hay cosas imposibles, sino hombres incapaces

Y llegó. Un joven de 20 años, originario de Puerto Boyacá, descendió de la calles hacia el caño y pidió una tiza para estampar la silueta de su mano. Era solo piel y huesos. “Sí quiero ayuda, yo me voy”, dijo con esa voz rural, tímida y opacada por la inclemencia urbana. Había sido pateado y humillado. No tenía ropa, no había comido. Ya no aguantaba más.

Alguien gritó: ¡sí se puede! En medio del estruendo de un tambor. Y así se fueron los 30 ángeles, satisfechos de que por lo menos uno decidiera subirse al vehículo que lo conduciría al hogar.

Otra vez el canal quedaba solo, la basura y las heces humanas hedían. A lo lejos, la mujer de negro había regresado pero se escondía en un hueco. Una llamarada daba cuenta de un artefacto en plena ebullición. Solo se veía su silueta y el humo, su existencia reducida a unos cuantos pipazos.

Habitantes de la calle

Esta joven estaba en el canal durante la intervención. La llegada del grupo de ángeles azules la sorprendió drogándose. No quiso recibir la atención del Distrito.

Foto:

César Melgarejo.

Carol Malaver
Subeditora Bogotá
carmal@eltiempo.com
@CarolMalaver

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA