Bogotá

Dos orejas a los Mondoñedo en la Santamaría

El español Fernando Robleño cortó una oreja. Lo propio hizo el colombiano Juan de Castilla.

Torero Fernando Robleño

Fernando Robleño da la vuelta al ruedo de la Santamaría.

Foto:

Néstor Gómez / EL TIEMPO

Por: Luis Noé Ochoa
17 de febrero 2019 , 10:23 p.m.

Los himnos sonaron este domingo con casi media plaza de pie, que fue la asistencia, en una tarde plomiza en que amenazó lluvia. Fue una tarde de casi.

Los de Mondoñedo, que no fueron lo encastados y bravos que suelen ser los de este hierro, pero casi. Pero fue un encierro de presentación respetable, con edad y peso. Bonitos toros. Y excepto uno, huidizo, manso, los demás sirvieron. Dos fueron buenos.

Fernando Robleño le ejecutó buenas verónicas a su primero. Y vino el tercio de la cacería, pues el toro huía de los caballos de picar como si acabara de comprar una empanada en la calle. Y se quedó sin picar. Y casi sin banderillas, pues casi toca ponérselas a flecha. Fue el manso.

Pero Robleño, lidiador de oficio, se jugó la vida en sus dos toros. Con este intentó por derecha y al natural. Tanta voluntad le valió la vuelta al ruedo. En su segundo vimos una faena en los medios ante un toro bronco que echaba la cara arriba. Pero eran dos enrazados, toro y torero, jugándose el pellejo. Y logró buenas tandas. Y como mató de un espadazo, cortó la justa oreja.

Confirmó alternativa Octavio Chacón ante un toro un poco soso, pero franco y bello. Buenos pases sobre ambas manos, en especial unos naturales. Había goticas de lluvia, y las hubo de arte. Mató al segundo intento. En el otro de su lote vimos lo mejor con la capa, quieto, con temple, y remató con media doblando una rodilla. Y quitó por chicuelinas. La faena fue limpia, templadita, de tandas de a tres, porque el toro tenía eso y se apagó pronto. Pinchó antes de la estocada. No cortó orejas, pero casi.

Juan de Castilla pegó buenas verónicas y con la muleta citó de largo para empalar las tandas bien rematadas y puso a trabajar a la banda. Tenía un toro bueno que había peleado en el caballo. Y alegró al rematar con apretadas manoletinas. Olía a oreja, pero pinchó hondo antes de la estocada y debió descabellar.

La cortó en el sexto, por ganas y entrega desde la capa, donde estuvo variado. Faena que el público gozó y respaldó y fue bien rubricada con la espada. No llovió.

LUIS NOÉ OCHOA

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