Bogotá

Llegar a viejitos juntos y enamorados sí es posible

Carlos y Dora dan su fórmula para el amor eterno. Ya van 68 años de casados y van por muchos más.

Pareja de abuelitos en Cedritos

Dora y Carlos se conocieron en Villavicencio, por medio de unos amigos en común.

Foto:

Carolina Pava/ EL TIEMPO

15 de septiembre 2018 , 09:11 a.m.

“Nunca nos hemos separado”, cuenta orgulloso Van Carlos Ibarra mientras se acomoda en su asiento, al lado del amor de su vida. Se trata de Dora Isabel Gutiérrez, la mujer de quien se enamoró un día en Villavicencio, por allá en el año 1949.


“Es que afortunadamente yo conocí a esta mujer”, dice Van Carlos. No es Iván ni Juan, es Van, pues su padre le puso ese nombre en honor a un personaje holandés.
Al verlo no parece que tuviera 93 años. Camina erguido, habla lúcido, recuerda sin vacilar, luce rozagante y siempre está al lado de ella, de ‘Dorita’, con quien tiene cinco hijos, 10 nietos y tres bisnietos. La misma a la que le agradece todos los días por estar a su lado.

“Paciencia”, dice ella, cuando se le pregunta cuál es la fórmula para ese amor eterno. No es que Carlos haya sido un mal esposo ni un mal padre, sino que en las relaciones siempre hay diferencias. Algo que nunca ha hecho que se alejen el uno del otro.
Desde que salió de bachiller técnico, Carlos tuvo la oportunidad de trabajar en Avianca. A los 40 años logró graduarse de ingeniero de vuelo, lo que sugiere que nunca es tarde para hacer lo que se quiere.

Fueron 35 años trabajando en la empresa, “15 en tierra y 20 en el aire”, cuenta. Conoció más de 50 naciones. Platos de recuerdo pegados en una de las paredes de su casa y fotografías en el álbum familiar evocan día a día las historias y aventuras propias de su labor.Su ciudad favorita: París.

Pareja de abuelitos en Cedritos

Recuerdos de Carlos y Dora visitando el Palacio Real de Madrid en 1968.

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Carolina Pava/ EL TIEMPO

Pareja de abuelitos en Cedritos

Desde 1971 Carlos y Dora lograron hacerse a una casa en la calle 142 con cra. 15.

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Carolina Pava/ EL TIEMPO

Pareja de abuelitos en Cedritos

Paciencia y resistencia, su fórmula para estar juntos luego de 68 años.

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Carolina Pava/ EL TIEMPO

“Él viajaba mucho, pero nunca tuvo un lío de faldas y eso es lo que más destaco de mi padre”, cuenta Dora Inés, la mayor de las hijas.

Según ella, Carlos siempre la apoyó a ella y a sus hermanos para estudiar. “A los 17 años tuve una propuesta de matrimonio, pero mi papá me preguntó: ‘¿Usted se quiere casar o quiere estudiar?’ Lo pensé bien y, afortunadamente, decidí estudiar administración de empresas”, relata entre risas.

“Todos nosotros (los hijos) somos profesionales. Siempre contamos con la ayuda de nuestros padres. Hoy todos con ganas de seguir este ejemplo”, cuenta Liz, la menor.

48 años en Cedritos

Cedritos ha sido su nidito de amor. Resulta que la familia Ibarra Gutiérrez vivía en Normandía, al occidente de Bogotá. Un fin de semana, en 1970, salieron a pasear al norte y encontraron que se estaban construyendo casas por ese sector.

“Todo esto eran potreros, pero la vista era hermosa. El paisaje y la gente nos llamó la atención. En 1971 logramos hacernos a una casa y desde esa época vivimos en Cedritos. Es que por aquí se pasa muy sabroso”, afirma Carlos.

Ya son 48 años en la zona, por lo que los vecinos los reconocen. Sin embargo, desde hace cuatro años ya no salen como antes. La razón: una trombosis atacó a Dora y la hizo caer, por lo que se fracturó la cadera.

“Mi papá me llamó. Él estaba solito con mi mamá. Como ella se cayó, él se acostó a su lado, le puso una almohada y esperó a que llegáramos”, narra Liz.

Desde ese entonces, Dora no puede hablar bien, pero se hace entender. A sus 88 años, esta mujer oriunda de Villavicencio, es el vivo reflejo del rol de la mujer en su época: Se dedicó a su familia, crió a sus hijos y junto a Carlos logró levantar el hogar que hoy no permite que se borre la sonrisa de su rostro.

Y aunque ella no trabajara, Carlos resalta que Dora fue un gran apoyo para la economía de la familia. “Lo que tenemos hoy es también por ella. Siempre hemos sido un equipo”, cuenta, mientras levanta sus brazos y mirada para mostrar el hogar donde hoy viven.

Mi papá me llamó. Él estaba solito con mi mamá. Como ella se cayó, él se acostó a su lado, le puso una almohada y esperó a que llegáramos

Así, este par de enamorados son el ejemplo de que el tan nombrado ‘para siempre’ sí existe; que es posible llegar a viejitos juntos.

“¿Ahí está bien, mi amor?”, le pregunta Carlos a Dora. Ella asiente con la cabeza mientras le sonríe. “Eso, sonría para la foto”, le anima él mientras le toma la mano y la besa.

CAROLINA PAVA GARCÍA
REDACCIÓN EL TIEMPO ZONA

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