Bogotá

Bicitaxistas de la capital se beneficiarán con plata del Banco Mundial

Se podría formalizar este servicio tras un estudio que realizará el Distrito.

Recursos para biciusuarios y bicitaxis

Bicitaxistas como Antonio Roncancio (59 años) sostienen que el servicio que prestan es muy útil para los usuarios, y que si van a formalizar y regular, debe ser con un trabajo consistente y serio.

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Felipe Motoa / ELTIEMPO

22 de noviembre 2017 , 08:47 p.m.

La jornada de Antonio Roncancio se inicia minutos antes de las 5 de la mañana. A esa hora se toma un café bien caliente, que le inyecta algo de energía, antes de tomar su bicitaxi y emprender camino por las frías calles del sector El Tintal, en Kennedy. Su ruta lo lleva hasta la casa de un pequeño estudiante de siete años, a quien recoge para llevar al colegio.

A las 5:45 el niño debe estar montado en el triciclo cubierto con carpa, así llueva, truene o el frío queme los labios. Este servicio es una “contrata” fija que a Roncancio le han encomendado los padres del chico tras años de ganarse la confianza con otros familiares y chiquillos a los que ha conducido a sus clases, como una ayuda para los acudientes que deben irse a sus labores y no les alcanza el tiempo.

“El trabajo es bueno y el cliente lo agradece”, cuenta este hombre de 59 años, quien terminó dedicado al bicitaxismo porque a su edad, sostiene, “nadie me da trabajo y toca subsistir”.

Tan pronto deja al chiquito en la puerta de la institución educativa, en la zona aledaña a la biblioteca El Tintal, vuelve a acelerar su pedaleo para asistir a una segunda casa y recoger a otro chico. Si llega después de las 6:15, hará que el estudiante reciba una amonestación, pues debe estar en su pupitre a las 6:30 de la mañana.

Tan pronto acaba su labor como transportador escolar informal –la misma que realizará en la tarde, cuando los estudiantes finalicen sus respectivas jornadas– se ubica en la calle 6.ªA con carrera 87A a esperar que haya trabajo y que oficinistas u otros clientes comiencen a aparecer para prestarles el servicio del tramo final antes de llegar a sus destinos. “Somos importantes para la última milla de recorrido (1,6 kilómetros), porque esta zona y otras donde hay bicitaxismo (Patio Bonito, Mazurén y Alcalá, por mencionar solo algunas) no cuentan con servicio de SITP o los pasajeros quedan muy lejos del TransMilenio”, expone el veterano pedalista, protegido con un casco reflectivo.

Detrás de Antonio se alarga una fila de unos diez bicitaxistas más, quienes esperan su turno para movilizar a las personas que en horas pico llegan en un flujo constante, pero que en horas valle pueden ver pasar hasta 40 minutos sin hacer una carrera. “Aquí pueden reunirse hasta 30 bicitaxis, en los días en que más se complica el trabajo para conseguir el sustento del día”, continúa el hombre.

Desde 1.200 pesos en adelante cuesta el ‘aventón’ más económico, pero puede llegar hasta 5.000 o más si el usuario lleva una carga pesada y la ruta se extiende más allá de lo corriente. Hoy, una de las preocupaciones de los pedalistas más tradicionales es el auge de los bicitaxis con motor, pues aseguran que les quitan clientes a los que persisten en mover sus ‘carrozas’ a punta de fuerza humana. Aunque la Secretaría de Movilidad ha comunicado que esos motores están prohibidos y que quien sea sorprendido prestando el servicio de esa forma sufrirá inmovilización de su aparato, todos los que trabajan con tracción humana coinciden en que ese control del Distrito se quedó en el papel, los de motor operan normal.

EL TIEMPO constató que los bicitaxis de motor se mueven a sus anchas sin una autoridad que los restrinja y la mayoría de pilotos ni siquiera usa casco. Estos impulsores que funcionan con derivados del petróleo pueden costar desde 1’200.000, según el cliente. Y llegan a circular a más de 40 kilómetros por hora, lo que los convierte en un peligro.

La semana pasada, Movilidad anunció que la Alcaldía firmó un acuerdo con el Banco Mundial (BM) para asesoría técnica encaminada a temas que beneficiarán a los ciclistas. “Uno de los aspectos más importantes es reforzar la seguridad de quienes utilizan la bicicleta para transportarse, lo cual incluye garantizarles mejores condiciones durante sus recorridos y reducir hurtos”, reseñó la entidad, que además se refirió al bicitaxismo. “El BM asesorará en la política y estrategia para la prestación del servicio de transporte público de pasajeros en vehículos no motorizados tipo tricimóviles (bicitaxis). Se realizará un análisis comparativo de las mejores prácticas internacionales para la prestación del servicio y se entregarán recomendaciones técnicas y metodológicas para la estructuración de posibles modelos operativos y de negocio”.

En total, serán 1,06 millones de dólares comprometidos por ambas partes.
En el censo de bicitaxis que se adelantó en el 2013 se identificaron 3.500 de estos vehículos, los cuales operan sobre todo en Kennedy, Bosa, Suba, Usaquén, Engativá y Puente Aranda.
Movilidad recordó que la normatividad para la prestación del servicio de transporte público (Ley 105 de 1993, Ley 336 de 1996 y Decreto Nacional 1079 de 2015), no autoriza a los vehículos conocidos como bicitaxis para prestar este tipo servicio.

El anuncio de la Administración distrital significa que la informalidad de trabajadores como Antonio Roncancio podría transformarse en los próximos años. Al consultar entre quienes pedalean a diario en el área que cubre Antonio, las opiniones son divididas, entre otras cosas porque la flexibilidad de su servicio y el evidente ‘relajo’ de normas es cómodo para una porción de ellos.

Sin embargo, Antonio, quien reúne la voz del grupo más ordenado y de quienes no se han pasado a los triciclos con motor porque “uno puede perder plata si le inmovilizan el cacharro”, apunta que si se formaliza este trabajo, sería algo bueno para ellos. “La vaina es que ese anuncio de formalización lo han hecho varias veces en otros años, y nunca pasa nada. Esperemos que esta vez sí cumplan”.

A pesar de la informalidad de este pequeño gremio, hay varias organizaciones y asociaciones que los agrupan y que han tratado de poner un orden entre ellos, como Asotriccol y Asotraecol, debidamente registradas. Pero este tipo de colectivos tampoco han estado exentos de polémica, pues tanto el Distrito como algunos bicitaxistas han denunciado antes que las asociaciones se han convertido en pequeñas “roscas” e intentos de “mafias”, pues se ha llegado a cobrar entre 700.000 y 1’000.000 de pesos por placas que deben ir en los laterales de las cabinas de pasajeros.

En la actualidad, la venta o entrega de esas placas está restringida por las mismos colectivos, pues como muchos de los bicitaxistas aseguran: “Ya somos más los que estamos que los que se necesitan”. Ahí, el Distrito enfrenta un reto de formalización importante.

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