Bogotá

El rincón de la cárcel Distrital que se convirtió en biblioteca

7.300 títulos forman parte de la colección que administran 8 personas privadas de la libertad.

El rincón de la cárcel Distrital que se convirtió en biblioteca

La cárcel Distrital, administrada por la Secretaría de Seguridad, es la única de la ciudad sin hacinamiento.

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Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

28 de diciembre 2017 , 08:03 p.m.

Los internos de la cárcel Distrital tienen desde enero de este año un lugar en el que pueden ser libres. Se trata de un salón que sirvió por mucho tiempo de bodega, pero que hoy, con más de 7.300 libros, es una biblioteca entre barrotes, una especie de oasis en el desierto.

“A través de la lectura soñamos, viajamos, salimos de la rutina; pero también nos sirve para aprender sobre leyes y defendernos desde adentro”, soltó Nalda Suárez, una de las 11 mujeres que están recluidas en este centro carcelario que está a cargo de la administración distrital.

De lunes a viernes, Nalda y otros siete privados de la libertad –como les dicen los guardias– llegan a la biblioteca para organizar y limpiar los libros, recoger en los patios de la cárcel los que han sido prestados días antes y fomentar la lectura entre sus compañeros, una tarea nada fácil.

“Con Biblored identificamos que había una necesidad de expresar, de contar historias y de ocupar el tiempo. Promover la lectura, y también la escritura, sirve para que ellos saquen información que no es fácil que den”, explicó María Solano, funcionaria de la Secretaría de Seguridad, Convivencia y Justicia, entidad que lidera este proyecto.

Otro de los colaboradores de esta biblioteca, quien ayudó no solo con el orden de los libros, sino con la limpieza del salón, la construcción en madera de la estantería y la codificación de las obras, es Alberto Téllez, un ingeniero industrial que está tras las rejas desde noviembre del 2015.

El rincón de la cárcel Distrital que se convirtió en biblioteca

Fiódor Dostoyevski, Mario Mendoza, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, entre otros, son los autores favoritos de los internos.

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Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

“A diario subimos 10 o 15 libros, tengo una planilla. Yo voy hasta los patios y los entrego, me los devuelven una semana después. Antes eran pocos los que pedían, pero ahora son más los que están tomando el hábito de leer”, contó Téllez.

Según la cárcel Distrital, hasta el 30 de noviembre de este año se habían registrado un total de 2.984 préstamos. “De esos, 684 se realizaron para las consultas académicas de los internos que están validando sus estudios primarios y secundarios; 64, a personal de la guardia y administrativo y los 2.236 restantes han sido realizados en los distintos patios del penal”, confirmaron.

Alberto, Nalda y sus compañeros coinciden en que Mario Mendoza es el autor favorito de los internos. Gustan también, según cuentan, de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y literatura jurídica y económica.

“Yo me encargo de llevar libros a los que están castigados. A ellos los ubican en un lugar aparte y se deprimen. Principalmente les ofrezco de superación personal, porque eso les sube el ánimo”, cuenta Nalda, quien asegura que desde que está trabajando en la biblioteca el paso del tiempo es más ligero.

Y no solo eso, de acuerdo con la directora del centro penitenciario, Sonia Patricia Peñón, quienes están durante el día en la biblioteca redimen ocho horas diarias de prisión. Además, recibieron una asesoría profesional por parte de bibliotecólogos de Biblored sobre la manera en la que deben ordenarse e intervenirse los libros.

“Hay muchos aquí sin estudio, pero se han apasionado por la lectura y la escritura. Y aquí no solo es prestar libros, también hicimos un concurso de cuentos, hemos traído escritores para que dicten conferencias y ofrecemos cursos de redacción”, explicó Peñón.

En estos ejercicios, contó la directora, muchos de los participantes se reconocieron por primera vez como autores, capaces de usar la escritura como un derecho y como una posibilidad para expresar y organizar sus pensamientos y experiencias.

Luis Coronado, un hombre que está a punto de recobrar la libertad y que además ha hecho parte de todo el proceso, escribió ‘Encuentros transmutados’, un relato en el que narra cómo sus hijas, mientras sueñan y convertidas en palomas, llegan a visitarlo a su celda en las noches.

“Aquí, a la cárcel, las únicas aves que llegan son las palomas. Me imaginé que mis hijas podían visitarme si fueran como ellas”, describió Luis su creación, que fue leída delante de sus compañeros y ganó el primer lugar en un concurso de cuentos.

Literatura jurídica

Sin embargo, las historias fantásticas, las crónicas policiacas y los testimonios de vida no son lo único que buscan las personas privadas de la libertad. Nalda pidió a quienes quieran donar libros a la cárcel que, además de los otros, ofrezcan aquellos que son de normas y temas jurídicos.

“Muchos no saben cómo hacer una tutela, cómo defenderse. Acá hay muchos ‘falsos positivos’ y es gente que nunca ha cogido un libro. Conociendo de códigos y de leyes podemos luchar mejor”, manifestó la mujer.

Las obras que hoy están disponibles para las 911 personas privadas de la libertad en la cárcel Distrital han sido donadas por Biblored, diferentes empresas privadas y fundaciones. Los reclusos también han recibido la visita de escritores y periodistas.

ÓSCAR MURILLO MOJICA
EL TIEMPO@oscarmurillom

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