Bocas

De López Michelsen a López Obrador

Citas de Casas - Julio de 2018.

29 de julio 2018 , 04:00 a.m.

Dos personajes totalmente diferentes por su origen y formación, pero con la coincidencia de haberse atrevido a desafiar al establecimiento político de los partidos a los que pertenecían y en haber alcanzado, ambos, la presidencia. El colombiano, al Partido Liberal. El mejicano, al PRI (Partido Revolucionario Institucional) y al PRD (Partido de la Revolución Democrática).

El primero se rebeló contra la “alternación presidencial”, creada en el plebiscito de 1957: “Dije durante años, hasta la saciedad, que la alternación era un grave error”, y para materializar su rebeldía fundó el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) y lanzó su candidatura presidencial. Sacó un montón de votos, la mitad de los que puso su contendor, y resultó derrotado por el presidente Guillermo León Valencia, en 1962. Sus votos fueron declarados nulos, pero puso un punto muy alto para iniciar su campaña hacia la presidencia.

Desde el Senado, para el cual fue elegido, ejerció la oposición con la brillantez y la originalidad que ya se le conocían en la cátedra y en sus libros. En la Universidad del Rosario, la Universidad Libre y la Universidad Nacional, los estudiantes de leyes se entusiasmaban con la claridad con la que adornaba sus puntos de vista, como lo muestra el testimonio de uno de sus alumnos de apellido García Márquez y de nombre Gabriel: “(…) lo conocí en la Universidad Nacional de Bogotá, en 1947, cuando él [López Michelsen] era el mejor profesor de Derecho Constitucional, a los 34 años, y yo, el peor alumno, a los 19”.

A su vez, el licenciado Andrés Manuel López Obrador fue más allá. No solo se enfrentó contra la estructura partidista, sino que mandó al carajo al PRI, cuando el presidente Miguel de La Madrid reorientó la política económica de los Estados Unidos Mexicanos, lo cual, a juicio de López Obrador y de sus compañeros de protesta –entre los que se encontraba el excandidato presidencial Cuauhtémoc Cárdenas–, constituía una traición a los postulados del Partido Revolucionario Institucional.

De la misma manera se pasó por la faja, pacíficamente, las instituciones jurídicas de México, algo que López Michelsen, profesor eminente en ciencias jurídicas, jamás se hubiera atrevido a hacer. Ahí sí hay una enorme disconformidad.

Para instrumentar su rebeldía, el hoy presidente electo fundó, en 1989, el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Con posterioridad dejó la presidencia de la nueva divisa para aspirar a la Alcaldía del Distrito Federal de Ciudad de México, cargo para el cual resultó elegido, en el año 2000, y que desempeñó con un éxito no exento de controversias.

Esa experiencia de haber sido jefe administrativo de la segunda ciudad más grande del mundo lo catapultó a la candidatura presidencial en 2005. Esta elección, que perdió por muy pocos votos, 0,56 de diferencia, fue calificada por Obrador de fraudulenta, al punto que no reconoció la victoria de su contendor el presidente Felipe Calderón y se autoproclamó presidente legítimo (experiencia que dejó plasmada en su libro La mafia nos robó la Presidencia). En el 2007 organiza un plantón y como su partido no lo apoya, repite el abandono y funda, en 2011, Morena (Movimiento Regeneración Nacional), un partido de izquierda, y de ahí a la coalición “Juntos haremos historia” que lo lleva a la Presidencia este año, no sin antes haber sufrido una segunda derrota frente al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, a quien tampoco le reconoció legitimidad alguna.

No concuerdan –los López– en la última etapa de la carpintería política para llegar al poder. El colombiano construyó, como el hijo pródigo, una candidatura con su familia liberal a la que había regresado después de su romance revolucionario. El López de los Estados Unidos Mexicanos elaboró, en 2018, su estrategia ganadora en un nuevo ayuntamiento: nuevo partido y nueva coalición.

López Michelsen tuvo un “mandato claro”, como lo llamó él mismo. Sin embargo, la izquierda colombiana continúa reclamándole el haber pactado con el liberalismo la unión que lo llevó a la Gobernación del Cesar en tiempos del Frente Nacional, en 1967, y ganar la Presidencia en 1974, dejando –según ellos– frustradas las esperanzas de cambio social y político. López Obrador también llegó al poder con un “mandato claro”, muy parecido al del constitucionalista colombiano, y con el respaldo de una coalición de izquierda y de derecha, compuesta por el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES). A uno de los dos sectores le quedará debiendo.

Hay mucha esperanza y muchas propuestas de cambio. La pregunta es: ¿Le pasará lo mismo que a López Michelsen? Al que no le alcanzó el período de gobierno y trató de reelegirse sin fortuna. En tal caso, tendría que reformar “un articulito” de la Constitución que la prohíbe.


ALBERTO CASAS SANTAMARÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 76 - JULIO 2018

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