Bocas

El presidente de Colombia en 2018 (si fuera candidato)

Citas de Casas - Febrero de 2018

18 de febrero 2018 , 06:00 a.m.


Acertijo que cualquiera descubre sin mayor esfuerzo: el único colombiano que hubiera conseguido el respaldo de todos los expresidentes, del presidente de la República y, por supuesto, de la gran mayoría de sus compatriotas, facilitando así el oficio de los encuestadores que tanto necesitan recuperar la confianza que muchos les niegan.

Es el único con la capacidad de ponerse por encima de la aburridora polarización de la que los nacionales, de todos los partidos, estamos mamados. El acertijo no constituye un desafío para nadie: “Es un hombre de acción (...). Un pragmático, sin pulimentos ni remilgos”, habría dicho López Michelsen.

Ese candidato –que no lo fue– es más bajito que el presidente Carlos Lleras, pero cuenta con la misma capacidad de trabajo que distinguía al que muchos historiadores califican como el mejor mandatario que ha tenido el país. ¡Es más! Su estatura (la del candidato que no es candidato) le ha servido para aprovechar su gran sentido del humor y burlarse de sí mismo con gran desparpajo.

“¡No soy el hijo del ministro, soy el ministro!”, tuvo que replicarle al portero del Senado, que se negaba a permitirle el ingreso al recinto a donde había sido convocado por la corporación. A la señora del presidente Bush le aceptó el amable gracejo de que los embajadores de Colombia salían directo del bachillerato a la más alta representación diplomática. Y, así, ha tenido una sucesiva repetición de episodios divertidos y creativos.

Su participación en la vida pública ha sido un fenómeno. Su éxito se explica, desde mi punto de vista, porque es un excelente comunicador. No se adorna: transmite verdad y logra confianza. Como asesor es insuperable. Tiene el don del consejo. No dice una pendejada ni una perogrullada, tan comunes en quienes se encargan de manejar imagen.

En el Ministerio de Desarrollo y en la Embajada de Colombia en los Estados Unidos dejaba sorprendidos a sus interlocutores por la capacidad y el conocimiento de temas que no necesariamente se referían a los asuntos de su competencia. En Colombia, el presidente y sus colegas de gabinete se acostumbraron a consultarlo sobre los aspectos más diversos. Y en el Congreso de los Estados Unidos parecía uno más de la célula legislativa: se ganó la confianza de demócratas y republicanos para construir el Plan Colombia, algo que parecía imposible.

Se suponía que los presidentes de Colombia venían de la embajada en Washington, al mejor estilo de las cigüeñas de París: así fue con los presidentes Olaya Herrera, con Misael Pastrana y Virgilio Barco. Pero este embajador “no candidato” salió de Washington a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo, una oportunidad que ningún otro colombiano había acariciado.

Las estrellas se alinearon a su alrededor para posicionarlo en la línea de las candidaturas presidenciales. “Lo toma o lo deja”, rezaba un famoso concurso de la radio. Pero nuestro embajador –y presidente de uno de los bancos de desarrollo más importantes del mundo– contestó: “Lo dejo, tengo un compromiso hasta el 2020”. Además, agregó: “Hay dos docenas y media de candidatos y precandidatos, no se necesita uno más... Hay que ser humilde y si se trata de ser serio, uno no puede improvisar una candidatura”. Esa fue su respuesta a Ricardo Ávila, director de Portafolio.

Este presidente “no candidato”, sería un gran presidente. El riesgo es que las oportunidades a veces no se mantienen: no sabe uno si con las candidaturas pasa lo mismo que “con lo que sabemos”, que si no se aprovechan, se pierden. Este fue el caso de otro colombiano regio, que también venía de la embajada en Washington y que el presidente López vio primero: lo hizo ministro dos veces y lo puso de vocero en los momentos de gloria de su administración: Jaime García Parra no aceptó ser candidato y esa posibilidad se desperdició. El país perdió un gobernante, un estadista con imaginación de futuro.

Pero debemos hacernos la ilusión de cambiar esa tendencia desaprovechadora de talentos no políticos con el actual presidente del BID y ponerlo desde ya en el partidor de las elecciones de 2022.

ALBERTO CASAS SANTAMARÍA
REVISTA BOCAS
EDICIÓN 71 - FEBRERO 2018

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