Archivo

EL GATO DEL DESIERTO

Para Ricardo El Gato Pérez el paseo perfecto cuando no juega fútbol es dejar atrás las calles de Doha, hundir los pies en las primeras dunas del gigantesco desierto que tapiza Qatar y contemplar cómo las costas del mar Arábigo acarician la arena. Pero si se declara la guerra en Irak, a 1.080 kilómetros de distancia (una hora y media de distancia en avión) tendrá que tomar el primer vuelo para evitar sustos.

09 de marzo 2003 , 12:00 a.m.

Para Ricardo El Gato Pérez el paseo perfecto cuando no juega fútbol es dejar atrás las calles de Doha, hundir los pies en las primeras dunas del gigantesco desierto que tapiza Qatar y contemplar cómo las costas del mar Arábigo acarician la arena. Pero si se declara la guerra en Irak, a 1.080 kilómetros de distancia (una hora y media de distancia en avión) tendrá que tomar el primer vuelo para evitar sustos.

Ricardo está tranquilo. Prefiere no imaginar el costo de una guerra tan cercana para ese pequeño país asiático donde vive y donde la gasolina es más barata que el agua. Allí, una base militar del ejército de Estados Unidos, con siete mil soldados listos para el combate, concentra más la atención por estos días que cualquier estadio de fútbol.

Al otro lado del teléfono, El Gato combina timidez y alegría, cuenta todo entre risas y, por un instante, deja de devorarse el Internet para conocer las noticias de Colombia. El empresario Alvaro Muñoz Castro me habló sobre la posibilidad de salir del país en el 98 y ahí comencé una nueva vida . Hoy, cinco años después, sus maletas están listas para cambiar la casa familiar que le habían asignado (la noche anterior, su esposa Fabiola y su hija Camila regresaron a Bogotá) por una habitación de hotel en Doha, la capital, con 500 mil habitantes.

No quiero salir corriendo y dejar todo tirado. Pienso que lo peor de las guerras es lo que viene después. Por ahora la situación está tranquila. En todo el Medio Oriente no hay ninguna embajada colombiana y nadie me ha dicho qué hacer. Creo que los consulados colombianos más cercanos quedan en Egipto y en la India. Otros países les han recomendado a sus compatriotas que es mejor abandonar el país si la guerra es inminente. Yo haré lo que les ordenen a los futbolistas brasileños que por acá juegan, pues somos muy amigos , cuenta Ricardo.

Por el momento, la vida del Gato , de 29 años, debe continuar. La del delantero querido en Millonarios a comienzos de su carrera, el que por tres años y medio estuvo en América de Cali, y el que en 1998 comenzó su peregrinaje (primero a la China, luego a Ecuador, después a Arabia Saudí, por dos años, y finalmente a Qatar). El segundo partido en las filas de Al-Qadeseyah, un equipo de segunda división (hace 15 días canceló su contrato con un conjunto de primera al que llegó el pasado diciembre), lo espera. Hice un gol la semana pasada, en mi debut. Acá llegué después de militar en el Al-Hilal árabe, donde salí campeón de las Copas Arabe y Asia de clubes en el 2001 . Francisco Pacho Maturana fue su entrenador en ese equipo el año pasado.

Ay, qué calor!.

Pero jugar fútbol en el desierto no es fácil. Los entrenamientos y los partidos son, obligatoriamente, en la noche. Treinta y cinco grados por estos días de final de invierno y 49 grados que se esperan para el verano dicen a las claras de qué caldera se trata. El calor es tan inverosímil que de día es imposible pararse en una cancha que pronto terminará recalentada por el sol.

Por eso Ricardo pasa las mañanas y las tardes en el gimnasio o descansando, antes de las prácticas diarias, de 6 a 9 de la noche. Y el remate ideal del día es en la oscuridad de un cine o al calor de una charla de fútbol con los jugadores brasileños. Un par de telefonazos semanales a Elisa Tamayo, su mamá, lo acercan más a casa.

Los miércoles y los domingos tiene una motivación adicional: clases de francés. Hablo bien inglés. Del árabe es más lo que entiendo que lo que hablo, pero leerlo es imposible. Y cuando viví en la China tuve que pedirle a un traductor que me anotara en unos papelitos las direcciones o las comidas. Se los mostraba a los taxistas y a los meseros para que me entendieran .

La adaptación sigue: la comida es diversa; la vida, cara y la gente, devota. El plato preferido es arroz condimentado con chivo hervido, un mercado quincenal le cuesta 500 dólares y sus compañeros de equipo no pasan un día sin rezar las cinco veces de rigor del credo musulmán. Sé que por acá hay una iglesia católica, pero aún no la he podido localizar .

Las tormentas de arena le son tan comunes como que cada semana comienza el domingo o que, casualmente, los gatos sean los animales domésticos preferidos. Me han tocado varias tormentas. En la calle o en la casa. Pueden durar un ratico o medio día. Al final quedo con el pelo amarillo y los ojos irritados. Es una experiencia diferente. Pero con todo y eso Qatar es muy rico para vivir. Cuando alguien sabe que soy colombiano me habla de Shakira. Aquí es muy apreciada y sus discos son éxitos en los almacenes de música .

Esta tranquilidad, sin embargo, depende, una vez más, de la guerra. Aunque El Gato no lo quiera, su futuro está en otras manos ajenas al fútbol. Debe ser muy incómodo para todos el aplazamiento del Mundial juvenil, pero es entendible. Por las calles de Doha se ve un desfile de tanques, armas de largo alcance y pululan los soldados. No nos incomodan a los ciudadanos, pero no deja de ser tensionante .

La guerra de Ricardo Pérez, definitivamente, es otra. Es la de volver a una Selección Colombia ( sé que para llegar tengo que estar en otro fútbol, no aquí, sino jugando en Europa o Suramérica ), la de ponerse una vez más la camiseta de su adorado Millos, y la de algún día terminar las dos carreras universitarias que dejó iniciadas: Mercadeo y Publicidad, y Sistemas. Pero la que más le gusta es la que dura 90 minutos, con un balón y once rivales de por medio.

FOTO/Archivo particlar.

Dos momentos de triunfo de Ricardo Pérez en el Medio Oriente. A la izquierda celebra uno de los 38 goles que marcó, con el Al-Ahli, entre el 99 y el 2000. A la derecha, cuando fue campeón de la Copa Arabe con Al-Hilal, en el 2001.