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HERNÁN CHARRY: UN ASTRÓSOFO QUE LANZA COHETES AL ESPACIO

Su misión no es propiamente hacerle competetencia a la NASA, tampoco ser un fabricante masivo de naves, o convertirse en el record guinnes en número de lanzamientos de cohetes al espacio. Su misión es ejercer el oficio que más ama en la vida; la astrósofía.

15 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Hernán Charry un caqueteño de 48 años, que por cosas del espacio vino a parar a Villa de Leiva, mezcló tres profesiones que para muchos expertos son antagónicas y generan fuertes divergencias entre quienes las ejercen: la astronomía, astrología y filosofía.

Aunque no es compatible la observación científica de los astros, el estudio racional del pensamiento y la predicción a través de los cuerpos celestes, Hernán, ha dedicado toda su vida a investigar en estos tres campos, al punto de considerarlos tan complementarios que llegaron a formar la nueva ciencia.

Hernán, el único astrósofo de Colombia, ejerce su oficio con mucha seriedad y cree que los astros, la lógica y el pensar, le traerán en el futuro grandes descubrimientos.

Desde pequeño Su interés por los astros inició a corta edad. Llegar al espacio era su gran sueño, pero el paso de los años le mostró que era un objetivo demasiado lejano. Decidió entonces construir cohetes.

En Armenia, a los 11 años fabricó su primer artefacto espacial en bronce, pero debido al excesivo peso nunca voló. Entonces, decidió cambiarse a un metal menos pesado y el aluminio fue su material de experimentación. A éste le agregó la fórmula química con explosivos que encontró en un libro y que creía lo llevaría a realizar su sueño: ver en el cielo las pequeñas criaturas que el mismo elaboraba.

Pero la fórmula falló y los cohetes se estallaban a pocos metros de altura. En 1968, ésto le causó varios encuentros con las autoridades y una retención en la cárcel, por utilizar materiales explosivos en áreas públicas y residenciales. Tenía 15 años y a pesar de los quemones, regaños y decepciones, el interés por el espacio crecía.

El astrósofo viajó a Bogotá y las ganas de permanecer en el espacio lo llevaron a volar en un ala delta, de la que pasó al paracaidismo. Una lesión durante una de las caidas le puso los pies sobre la tierra y lo retornó a la construcción de cohetes.

El astrósofo descubrió Villa de Leiva y allí es donde piensa pasar el resto de sus días haciendo lo que más le gusta: estudiar, trabajar y fabricar naves espaciales. Cuando muera quiero que mis cenizas sean colocadas en un cohete y vayan al espacio, el lugar donde siempre quise estar.

Hernán, siguió fabricando sus cohetes cada vez con mayor acierto hasta que hace pocos años se dió cuenta que la culpa de que sus cohetes estallaran en el aire era que había copiado mal una letra de la fórmula química: en vez de clorato de potasio, se debía utilizar nitrato de potasio mezclado con la pólvora negra, azufre, carbón vegetal y el fuego.

Desde entonces las cosas cambiaron y hoy los cohetes son más pequeños y livianos. Los elabora en cartón grueso con elementos reciclados y químicos Tanto para el astrósofo como para Nelly, su compañera, elaborar uno de estos artefactos es todo un ritual porque, además de los materiales, se requieren amor, mucha energía y 20 días de trabajo.

El último cohete lanzado, en honor a la lluvia de asteroides fue el Zaque II, que regresó a tierra luego de volar por unos segundos y casi perderse de la vista de quienes en tierra seguían su ruta hacia el espacio.

El próximo cohete ya casi está listo y será un nuevo experimento mediante la utilizanción de un control remoto.

Actualmente varios de los cohetes se exiben en la Universidad Nacional, en Bogotá.

El futuro de las naves El trabajo realizado durante toda su vida le ha permitido compartir experiencias con muchos científicos de su área y lo ha convertido en un conferencista y escritor de la astrosofía y de todo lo realacionado con el movimiento de los astros.

Su meta en el futuro es trabajar para el sector agrícola a través de la astrosofía: Se pueden bombardear la nubes a mil metros de altura aproximadamente para producir lluvias y contribuir con el riego en áreas secas como Villa de Leiva.

También aspira terminar muy pronto la construcción del observatorio astronómico en un terreno aledaño al Colegio Verde, donde se está creando un centro de estudio de diferentes áreas de la ciencia. El observatorio tiene una estructura octogonal de nueve metros de diámetro por 20 de alto. Allí también funcionará un museo de astronomía para los niños. Sin embargo, estos proyectos que ya han sido avalados por la comunidad de Villa de Leiva, que acude sin falta cada vez que hay un lanzamiento, requieren del apoyo gubermanetal.