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LO ENTIERRAN COMO N.N., PERO APARECIÓ EN LA U

Pedro Luis Prada Polo, un joven de 21 años, salió el 4 de septiembre pasado, de su casa en el barrio República de Venezuela, al sur de Cartagena, y sólo dos meses después sus familiares se enteraron que había sido asesinado, y el cuerpo se encontraba en una piscina de formol de la morgue de la facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena.

12 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

A Pedro lo conocían en el barrio con el remoquete de Tresporrazos . Era alegre, bullero y díscolo. Su tía, y madre de crianza, Regina Prada de Avila, reconoce que no era un modelo de hijo, que tenía problemas de drogas, pero asegura que nunca le hizo mal a nadie. No conoció ni a su padre, ni a su madre. Regina fue todo para él.

La suerte de Pedro pocos la conocen. Sólo su tía dice que ese domingo lo vio salir con la misma sonrisa de siempre, hacia el mismo rumbo: la calle, y en ella encontró la muerte. Pedro fue asesinado de un tiro de gracia, y su cuerpo apareció en un lugar solitario en la Vía al Mar, cerca del balneario de La Boquilla. Nadie reclamó el cadáver.

En casa de los Prada se sabía que el joven acostumbraba a perderse dos y tres días, pero regresaba. Esta vez los días fueron pasando. Y su tía tenía el pálpito de que algo malo estaba sucediendo. Lo buscaron en hospitales, cárceles, y nada. El joven, según le hicieron creer al principio, fue sepultado en el cementerio de Albornoz, como N.N.

La tía Regina movió cielo y tierra para encontrar su sobrino. Nadie le daba datos precisos. Los días pasaban y pasaban. La mujer tocó las puertas de las autoridades competentes. Y nada. El 18 de noviembre en la Fiscalía Regional de Cartagena le dijeron que habían encontrado en Tierrabaja, un corregimiento a pocos minutos de la ciudad, el cuerpo de un joven. Ella lo vio y no era Pedro.

En la Fiscalía, entonces, empezaron a ayudarla. Fue cuando le mostraron unas fotos del levantamiento de cadáver de un joven que no fue identificado y que había sido asesinado en La Boquilla. La mujer estuvo a punto de desvanecerse y las fotos se le escurrieron de las manos. Es Pedro, mi Dios bendito! , exclamó.

Comenzó la odisea de establecer dónde lo habían sepultado. En una fosa común, en Albornoz, pero lo mejor es que lo dejes allí , contó Regina que le dijeron en la Fiscalía. Pero ella en su casa, con su corazón adolorido, se dijo para sí misma que si bien su sobrino no había sido un santo en vida, se merecía una tumba, con un nombre, en un cementerio digno, donde ella pudiera ir a rezarle.

Y se regresó. Yo quiero el cuerpo de mi sobrino , se le plantó a la Fiscalía. Sin embargo, el cuerpo NN no correspondía al de su sobrino, lo que nuevamente acrecentó la angustia de la mujer. Solo días después de buscar explicaciones supo que el cuerpo de Pedro tenía una semana de estar la Facultad de Medicina de la Universidad de Cartagena, y libró otra batalla para que le entregaran el cadáver.

Por qué el cadáver de Pedro estaba en una Facultad de Medicina y no en una fosa común como inicialmente le dijeron?, es la pregunta que se hace ahora la mujer.

El director regional del Instituto de Medicina Legal, Pedro Carreño, explicó que las universidades deben tener autorización legal para permanecer con cadáveres en sus facultades.

Por su parte, el director regional de Fiscalía en Cartagena, Fernando Barboza, anunció la apertura de una investigación para establecer si existió comportamiento criminal en el caso.