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BUSCAN ATRACADORES CON PINTA DE EJECUTIVOS

Vestidos de paño y corbata, con celular en mano y dando un aspecto de ejecutivos llegaron el pasado lunes 23 de noviembre dos hombres al Hoyo de la papa en Tunja. Eran las 3:00 de la tarde, aproximadamente y en este lugar ubicado en la antigua plaza de mercado, buscaron a Alejandro Espinosa, propietario de la camioneta Cheyenne 350 verde, de placas QFK 992 de Tunja, para que les hiciera un acarreo.

01 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Hoy necesitamos un viaje dentro de la ciudad y a partir de mañana un recorrido a diferentes alcaldías del centro del departamento. Por el trabajo de esta tarde les damos 30 mil pesos y desde mañana cien mil , dijeron los hombres a Alejandro y al conductor, su tío, Manuel Espinosa, de 50 años.

Los desconocidos dijeron tener la carga en el hotel Darama, al sur de la ciudad, por lo que le pidieron al conductor que los llevara a ese lugar para que mirara lo que debían transportar.

Se subieron al carro y una vez en el hotel hicieron subir al conductor a la habitación. Uno de los hombres fue a traer refrigerios. Gaseosa para ellos y un jugo para el señor. El hombre entregó los refrescos y al poco rato, Manuel empezó a sentir un fuerte cosquilleo y poco a poco fue perdiendo sus capacidades motrices y quedó sumido en un profundo sueño.

A las 6:00 de la tarde, sus acompañantes lo acostaron, subieron el volumen del televisor al máximo, tomaron las llaves de la camioneta y escaparon.

Ladrones de corbata Los empleados del hotel vieron salir a los ejecutivos con normalidad. Sabían que arriba quedaba alguien y luego se dieron cuanta que esa persona tenía el volumen de la televisión demasiado alto, sin embargo no le dijeron nada. A las 9:00 de la noche decidieron llamarlo pero éste no contestaba. Intentaron y como imaginaron que estaba muy dormido no insistieron.

Las horas pasaban y a la una de la mañana, cuando todo el hotel dormía decidieron despertarlo ya que era raro que con tanta insistencia no se tuviera ninguna respuesta. Ingresaron a la habitación y despertaron a Manuel, quien no sabía donde se encontraba. Su confusión empezó a crear sospechas y al rato, los empleados se dieron cuenta de que había algo raro. Manuel, logró recordar que el tenía la camioneta y en segundos se dio cuenta de que lo habían robado.

De inmediato llamaron a su sobrino quien informó a las autoridades, quienes buscan a los delincuentes mediante diferentes operativos. Según el médico que atendió al conductor, el efecto de la escopolamina no fue tan grave, porque éste después de tomarse el jugo, consumió un tinto que le ofreció el hotel. La cafeína disminuyó el efecto de la burundanga.

A pesar de esto Manuel sufre actualmente frecuentes trastornos y dolores de cabeza. Los propietarios avaluaron el carro en 25 millones y aún están pagando las cuotas.