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OLA GLOBAL DE DESPIDOS

La coincidencia no podría ser más evidente. Aunque la gran máquina estadounidense generadora de empleo aún trabaja a todo vapor, con una tasa de desocupación de tan sólo 4,4 por ciento en noviembre, la verdad es que la reducción de tamaño en las empresas invade a todos los sectores. Una ráfaga de recortes en nómina, anunciada en días recientes, por un amplio número de compañías estadounidenses, ha llegado a niveles históricos, recordando el período de principios de esta década, cuando tal estrategia pasó a ocupar el primer lugar en la agenda política del país norteamericano.

09 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Sólo que esta vez existe una enorme diferencia: el hacha corporativa ya no solo cortará las ramas de Estados Unidos. Su alcance llegará también hasta los empleos europeos.

La última tanda de despidos refleja dos poderosas fuerzas, que han caracterizado estos años de racionalización.

La primera es la activa ola de fusiones y adquisiciones. Las noticias de la semana pasada sobre la unión entre Exxon y Mobil (con una pérdida estimada de 9.000 puestos de trabajo), y el matrimonio del Deutsche Bank con el Bankers Trust (que cortará de tajo 5.500 empleos), se dieron en sectores que se acostumbran cada vez más a la consolidación a través de fusiones.

Y mientras las condiciones en los mercados financieros permanezcan iguales, las industrias de energía y banca seguirán recibiendo más de lo mismo.

La segunda fuerza refleja los esfuerzos de las firmas por mantener a flote sus ganancias, en un mundo de crecimiento desacelerado, sin tener que recurrir a una estrategia de fusión. La semana pasada, por ejemplo, Johnson & Johnson dijo que clausuraría cerca del 25 por ciento de sus plantas, después de un año en el que las utilidades de sus grupos de cuidado personal y drogas llegaran al punto de arrastrarse, con una tasa de expansión del dos por ciento.

El anuncio de Lear este lunes guarda estrechas similitudes. El fabricante de asientos y otras implementos para vehículos dijo que cerraría 18 plantas alrededor del mundo, deshaciéndose de 2.800 empleados en el proceso.

En ambos casos, Europa sentirá el peso de decisiones que fueron tomadas en elegantes recintos del otro lado del Atlántico.

Johnson & Johnson se negó a decir cuáles de sus 158 plantas clasificarán dentro del grupo de las 36 que serán descartadas, pero indicó que cerca de la mitad de las renuncias tendrá que venir de fuera de Estado Unidos. Lear, en cambio, fue más específica: las luces se apagarán en 15 factorías europeas.

Lo peor es que el número de bajas anunciado por las gigantes, como resultado de decisiones estratégicas, podría crecer.

Exxon dijo que el descenso en la nómina representa solo aquellas plazas que se consideran prescindibles después de concretar la fusión. Lo más probable que es miles de empleos más reciban su dosis cuando refinerías, pozos petroleros, y estaciones de servicio generadoras de pérdidas salgan del panorama.

Los problemas de producción que empujaron a Boeing ha asumir estrictos planes de control de costos podrían derivar en mayores cambios en su fuerza de trabajo.

La verdad es que las presiones sobre el fabricante de aviones podrían llevar a que Boeing dejara de lado muchas de sus operaciones de manufactura de partes, arrastrando a varios de sus proveedores.

En esa medida, algunos de éstos podrían convertirse en empleados marginales en la industria aerospacial.

Un giro parecido podría cambiar la naturaleza del empleo para miles de personas que trabajan en la industria manufacturera.

General Motors aún cuenta con el servicio de 600.000 trabajadores, pero el planeado cierre de su unidad de repuestos, Delphi, para el año próximo, marcará una nueva etapa en el mundo laboral.

De acuerdo a Challenger Gray & Christmas, una firma con sede en Chicago, el número de empleos perdidos, que ya toca los 575.000, está 40.000 puestos por debajo del récord alcanzado en 1993, en el despertar de la recesión de principios de la década.