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CLINTON, ENTRE LOS BRAZOS DE LEWINSKY Y LAS GARRAS DE HUSSEIN

(logo del FT) Cuál es el verdadero objetivo de los ataques por parte de Estados Unidos al Golfo? Sadam Hussein y su régimen, o el partido Republicano?.

21 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Estos fueron los primeros interrogantes que se le vinieron a la cabeza al grupo de opositores del presidente Bill Clinton, cuando se enteraron de la arremetida de misiles y bombas contra Iraq.

Y es que un día después de que el presidente estadounidense decidió irse encima del país asiático, la Cámara de Representantes debía votar para decidir si el mandatario tendría o no que someterse a un juicio en el Senado, bajo cargos de perjurio, abuso de poder y obstrucción de la justicia en el caso de Mónica Lewinsky.

Clinton tuvo un respiro breve, de tan solo un día, pues los líderes del Congreso decidieron, por un momento, posponer la sesión para después arrepentirse.

Era una cuestión de imagen, porque lo único claro es que votar contra el comandante en jefe de las Fuerzas Militares de Estados Unidos, mientras éste daba órdenes de emprender acción militar, hubiera constituido un espectáculo internacional realmente ridículo.

No puede culparse a los enemigos de Clinton de cínicos. La verdad es que había razones para pensar que esa maquiavélica coreografía era posible.

Si hace algunos días la Casa Blanca pensaba que tenía el terreno ganado en favor de Clinton, la historia dio un giro de 180 grados la semana pasada, cuando aquellos congresistas republicanos, antes indecisos, manifestaron una posición de voto contra el titular. Así las cosas, Clinton pasó de un escenario color de rosa a otro más sombrío: junto al presidente Andrew Johnson, en torno a la mesa de los retirados del poder en Estados Unidos (Richard Nixon renunció antes de que la Cámara de Representantes votara sobre los artículos que le darían luz verde a su destitución).

Clinton iba perdiendo la batalla legal, y el camino hacia un fallo en pro de un enjuiciamiento se iba aclarando. El jueves de la semana pasada todo apuntaba a que, a pincipios del año próximo, el Senado estaría esperando juzgar, en su recinto, al líder estatal más poderoso del mundo.

Intenciones dudosas Si bien las consecuencias políticas de una ofensiva militar contra Iraq no eran claras, lo que si era obvio era que, al menos, Clinton tendría un poco más de tiempo para fortalecer su caso. A muchos sorprendió la franqueza con que algunos líderes republicanos hablaron de lo oportuno de la embestida estadounidense.

El senador republicano Trent Lott dijo que, a pesar de que varios funcionarios del gobierno le aseguraron que no había la más mínima conexión entre el proceso judicial del presidente y la irrupción bélica en Irak, lo cierto es que él siempre se opuso a tal acción.

No puedo apoyar este movimiento en el Golfo Pérsico. El momento y la política son claramente cuestionables , aseveró el senador la semana pasada.

No se puede subestimar jamás a un presidente desesperado , agregó Gerald Solomon, presidente de una comisión en la Cámara.

Otros republicanos más osados resaltaron la similitud entre la actual agresión y la operación aérea lanzada el 20 de agosto contra varias localidades en Sudán y Afganistán. Ese asalto también tuvo lugar en un punto álgido de los problemas domésticos de Clinton: tres días antes el mandatario se había enfrentado al fiscal Kenneth Starr, y reconoció, ante el Gran Jurado, haber mantenido relaciones impropias con la ex pasante Lewinsky. Al día siguiente Clinton se dirigió por televisión a toda la nación, y confesó haber engañado a su país y a su familia. En esa ocasión pidió dejar atrás tan doloroso episodio.

Las sospechas de que la verdadera intención detrás del combate era levantar una cortina de humo sobre el affair aumentaron cuando se le dio un vistazo más profundo a las razones que derivaron en la intervención militar contra esas dos naciones. Se descubrió que la planta sudanesa, supuestamente productora de armas químicas, en realidad no tenía capacidad para ese tipo de fabricación. Y el embate en las montañas de Afganistán contra el terrorista saudita, Osama bin Laden, no logró mayor cosa.

Esa vez, los funcionarios de la administración Clinton también se pusieron a la defensiva, y negaron que la fecha escogida para la maniobra bélica hubiera tenido algo que ver con el lío del titular en Estados Unidos. Hoy, el cuento es bastante parecido.

Es más: el mismísimo Clinton trató de darle la vuelta al asunto, y dijo que Hussein era quien había querido aprovecharse del remezón político interno para impedir el acceso de los inspectores de armas de la ONU a varias localidades iraquíes.

Saddam Hussein, y otros enemigos de la paz pensaron que el serio debate en la Cámara de Representantes distraería la atención de los estadounidenses, y debilitaría su empeño en eliminar la amenaza que la posición iraquí representa. Pero una vez más, Estados Unidos probó que, aunque su política no es la de usar la fuerza, jamás dudará en defender los intereses vitales de América .

Estoy dispuesto a pagar 30 años de servicio público si no es cierto que ningún otro factor (además de consideraciones militares) tuvo que ver con la decisión final de Estados Unidos , dijo por su parte William Cohen, secretario de Defensa.

No se quedaron atrás los funcionarios militares, quienes dijeron que ningún oficial de alto rango aceptaría jamás tomar acción militar, a menos que esta estuviera plenamente fundamentada.

Entonces, si Clinton estaba en lo correcto y Hussein quería solamente salirse con la suya, quién pensó en el pueblo iraquí? Cualquiera sea la respuesta, éste ha sido el más claro perdedor en el conflicto.