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ASÍ NACIÓ SAN JUAN DEL LOZADA

Espere tantico no más, que yo le cuento como eran las manos de un colono. Eran como mirarle los cascos a una mula, con los dedos planchetos y unos callos así de gruesos de tirar hacha diez o más horas seguidas.

12 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Había árboles de treinta y cuarenta metros de alto a los que les daba uno hacha desde las seis de la mañana y al mediodía seguían de pie. Pero eso sí, cuando caían descuajaban media hectárea porque uno ya había picado los palos más pequeños.

Esa es otra cosa que usted no ha visto. Ver caer un árbol de esos es aterrador. Los animales corren, los pájaros chillan y la tierra tiembla. Eso es miedoso si uno no está acostumbrado.

Nooo. Yo no soy de aquí, yo me vine buscando vida propia. Venía de Victoria, Caldas. Allá era administrador de una finca y un día me vine a trabajar a Doncello aserrando y haciendo vaquería.

En eso anduve hasta que Ramiro Grisales, un amigo, me invitó a conocer estas tierras, eran puros baldíos, no había carretera, pero había buena madera y tierra pal que quisiera trabajar. Le estoy hablando del año 83. Por allá a finales, porque estaba haciendo verano.

Mulas a jornal Me devolví pa Doncello y me traje la familia. El viaje duró cuatro días. Nos vinimos arriando mulas a jornal. Eso sí es verraco le cuento. Había sitios donde el barro les daba a la barriga a esas mulas. Venían mi señora y dos hijas, de seis y de ocho años.

Después de que pasamos el río Lozada, yo socolé un montecito a orillas de un caño. Corté unas hojas de palma milpes y me hice una enramada pa que a la familia no le diera el sereno. Milpes?... yo no sé si será con ese con zeta . Escríbalo con ese que eso da lo mismo.

Los primeros tres meses dormimos en el suelo, en esterillas de chonta, y teníamos un fogón a la intemperie. Eso sí, por comida no se sufría porque había harta carne de monte. Yo cazaba con una escopeta de fisto. Cazaba manao, danta, paujil.. de todo lo que usted se imagine.

La sal la llevamos nosotros y la yuca la conseguía a tres horas de camino, en la vereda El Líbano. Al principio siempre toca así porque uno apenas está tumbando monte y pasan hasta seis meses antes de que se vea la primera cosecha.

La panela también la conseguía en El Líbano. La cambiaba por trabajo. Yo trabajaba dos días voliando rula en el monte y me ganaba la panela pa dos semanas.

Esa era la única forma de ir socolando ya en lo mío. Trabajaba de seis de la mañana a seis de la tarde, sin saber dónde había un vecino. Eso era leeeeejos. Con decirle que uno allá se sentía lejos hasta de mi Dios.

Por la noche no se oía sino roncar el tigre. Ahora ya casi no hay tigre. Y se oían los gritos de las lechuzas y de la marimba. La marimba? Ese es un animal, un mico que pega unos alaridos que le hacen arrugar la piel al que no conoce.

Yo primero socolé el pedacito donde estábamos con la mujer y las hijas, y aparte socolé otras cuatro hectáreas pa los cultivos.

La primera quema la hice en febrero del 84 y ya comenzamos a cultivar con la mujer, porque eso es lo que no le he contado. Yo tengo 57 años y mi mujer, 38. Se llama Rosalita Carvajal. Es una mujer de hacha y machete. Ella capa marranos, inyecta, sabe cargar mulas con carga y mulas con rastra. Ella hace de todo y le gusta ser líder, se la pasa por allá con las madres comunitarias.

Bueno... le decía... En el pedacito donde llegamos comencé a hacer una casita y después hice unas camas de horquetas y me traje al hombro unos colchones desde El Líbano. Ya le dije era a tres horas a pie, no? Lo más duro ya pasó. Ahora uno ya no se mata tanto porque la socolada, que es lo mas verraco, está hecha. Yo hice una finca de 350 hectáreas. Tengo 90 reses y cultivos de caña, plátano y yuca.

Las hijas?... noooo. Las hijas que me llegaron chiquitas ya tienen marido y tengo otras cuatro en la casa, la menor tiene trece años. Nació como tres años antes de que fundáramos la vereda.

Esa fue otra cosa bonita. Pal 86 ya había 15 familias a orillas del río Lozada. Un día nos reunimos pa hablar de la junta comunal.

Nos seguimos reuniendo y en el 87 surgió la idea de fundar la vereda. No sabíamos que nombre ponerle. Una ancianita dijo: pónganle San Juan. Y entre todos convinimos en ponerle San Juan del Lozada, para distinguirlo de los otros San Juanes que hay en el país. Así quedó en el acta que hicimos el 22 de abril de 1988 .

FOTO: Alirio Giraldo es también un líder comunitario que trabaja en favor de la paz. El representa a los campesinos en el Comité de Paz de San Vicente del Caguán.

José Navia, Enviado Especial/EL TIEMPO.