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A QUÉ LE APUESTAN ESTA VEZ LAS PARTES

El mismo hombre que después de la masacre de Mapiripán, en mayo del año pasado, anunciaba amenazante sus nuevos objetivos militares , retoma hoy una frase acuñada por el general Fernando Landazábal para decir que la guerra ya llegó al punto del no retorno.

13 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Al propio jefe militar del Eln debió sorprenderle oir de boca de Carlos Castaño que la sociedad ya está cansada con los niveles de degradación del conflicto y que hoy día el pueblo no elegiría convivir ni con la guerrilla ni con los paramilitares.

Como el acercamiento entre los dos era insospechado, los analistas se dividen hoy en dos bandos. Los que piden realismo a toda costa, advierten que el país no debe hacerse ilusiones con esta situación y que podría ser iluso creer que una simple charla informal pueda sentar las bases para un contacto fluido, positivo y permanente.

Del otro lado están otros más optimistas que consideran que, como están las cosas hoy, es necesario aprovechar la más mínima oportunidad para construir paz a partir de las coincidencias. Y es que las hay: Eln y autodefensas se plegaron ya acuerdos con la sociedad civil sobre la humanización de la guerra, aunque cada cual espera que sea el otro el que tome la iniciativa.

A este último bando pertenecen personas tan experimentadas en las lides de la guerra y la paz como Vera Grave y Otty Patiño, que dirigieron a las partes una carta en la que invitan a los dos actores a constituir una zona única de distensión en el norte del país.

No es, ni mucho menos, una invitación despreciable, pues proviene de ex combatientes que trabajan a diario adobando fórmulas posibles en su propio observatorio de paz.

Lo más positivo de este acercamiento calculado o circunstancial es que los dos bandos sí están pensando en la población civil y expresan abiertamente preocupación por el daño que sus excesos le están causando.

Por eso cuando García quiso hacerle un inventario de masacres a Castaño, este le respondió que no le obligara a recordarle la tragedia de Machuca, pero al propio tiempo le dijo que estaría dispuesto a pedir públicamente perdón por los desbordamientos.

Aunque es riesgoso forzar las situaciones, está claro que ambos están dispuesto a jugarle a opciones distintas a la confrontación. El Eln se alista para la convención nacional y las autodefensas acaban de presentar en Montería una propuesta de pacificación.

El Gobierno y las Fuerzas Militares ya reconocieron que esta nueva actitud puede abrir nuevos espacios para la reconciliación. Falta ver cómo podrá el Estado capitalizar estas iniciativas.

Lo importante ahora es que no todas las expectativas están concentradas en la zona de distensión abierta para las Farc, sino que por fuera de esos 42.000 kilómetros también hay otras opciones.

El riesgo latente es que guerrilla o paras pretendan utilizar estos acercamientos como simples objetivos tácticos.