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LUISA FERNANDA, EL CASO MAS RECIENTE

Desde las 7:30 de la noche del pasado 30 de noviembre, Gladys Olave no se despega un sólo minuto de Angie Natalia, su hija de dos años de edad.

13 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Y es que Gladys, de 20 años, alberga el temor de que se la roben, así como se lo advirtieron los dos hombres que seis horas antes, en el occidente de Bogotá, le arrancaron de los brazos a Luisa Fernanda, su otra hija de apenas 13 días de nacida.

Es más, el nerviosismo que se apoderó de la mujer obligó a su esposo, Alonso Fierro, de 28 años, a refugiarse en la casa de un amigo, en el centro de Bogotá, y a mudarse allí con su familia, pues no le ha podido arrancar a su esposa la idea de que van a llegar y llevarse a Angie Natalia.

La obsesión de Gladys ha terminado por contagiar a Alonso. Además de la preocupación por el rapto de su hija, el joven esposo no tiene paz, pues su mujer casi no prueba comida y constantemente se la pasa hablando y preguntando por Luisa Fernanda, pensando en qué estará haciendo, quiénes la tendrán y si la estarán tratando bien.

Son los mismos interrogantes que la pareja comenzó a formularse a las 6:30 de la noche del día en que se robaron a la niña. A esa hora, Gladys llegó al restaurante de comida china de la calle 100 con carrera 13, donde trabaja Fierro, y entre el llanto y los nervios le contó lo que había pasado.

El día del rapto, a las 11:45 de la mañana, Gladys salió de su casa situada en la calle 167 con carrera 51A del barrio San Cipriano, para llevar a la niña a que le aplicaran su primera vacuna. La cita sería en el Centro de Atención Ambulatoria (CAB) del Instituto de Seguro Social del barrio Alcázar, en la carrera 29 con calle 68.

Hacia las 12:30 del mediodía y una cuadra antes del centro asistencial, recuerda la madre de la menor, se bajó de la buseta y fue interceptada por dos hombres que se movilizaban en un carro rojo. Uno de los hombres le arrebató la niña y el otro la obligó a subirse al auto y a agacharse en el asiento trasero.

Gladys afirma que mientras a Luisa Fernanda la subieron a otro carro, a ella le dieron vueltas por varios sectores de la ciudad. Uno de los hombres la amenazaba constantemente para que se callara, porque de lo contrario irían a su casa y se llevarían a su otra hija.

Según la mujer, uno de los delincuentes le decía al otro que no la soltara, que había que darles más tiempo a los que llevaban en el otro vehículo a su hija.

Finalmente, a las 6 de la tarde los hombres soltaron a Gladys en el mismo lugar en que le habían raptado a su hija. Ella se trasladó al sitio de trabajo de su esposo y luego se dirigieron a su casa a buscar a la otra niña.

Más tarde, denunciaron el caso a la Policía y desde ese momento comenzó la peregrinación de Alonso por los hogares del Icbf, la Interpol, los Grupos de Acción Unificada por la Libertad Personal (Gaula) y otros organismos para tratar de encontrar a la niña.

Las visitas a las autoridades, según Fierro, han puesto más nerviosa y deprimida a Gladys, pues en la sede de los Gaula los interrogaron, según sus palabras, como si ellos hubieran tenido que ver con la desaparición de Luisa Fernanda.

En vez de ayudarnos y hacer unas investigaciones por el lado de los criminales, nos tratan de inculpar, diciéndonos que digamos la verdad y que a Gladys le van a meter 40 años , se quejó Fierro.

Voceros de la Policía, por su parte, aseguran que en el momento del denuncio, Fierro y su esposa dijeron que el culpable del hecho era Sergio, un hermano de él.

Aunque Fierro ratificó que el primer día entregó esta versión, 24 horas después la cambió, pues su hermano le ha prestado una gran colaboración para encontrar a la niña.