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CON EL PERDEROSO HASTA EL FIN

El domingo 19 de diciembre de 1993, el Deportivo Independiente Medellín fue campeón absoluto del fútbol profesional colombiano. Ese día, y que alguien diga lo contrario, se vivió la final más emocionante de todos los tiempos.

13 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Yo trabajaba en la redacción de deportes de El País de Cali y me encontraba, cual devoto, arrodillado, con las manos en el corazón y mirando por televisión el partido entre Junior y América.

Mis colegas redactores se reían de su compañero paisa que estaba como loco y además pálido. No hablaba con nadie, solo miraba para arriba como quien implora al infinito un imposible.

El Medellín, el perderoso no me tocó el Poderoso le había ganado con gol de Carlos Castro al Nacional. Al Nacional! El técnico del Medallo era Chiqui García. Mañoso entre los mañosos. Sin embargo, ese día cometió un error que nunca le perdonaré: dejó que el partido del Medellín comenzará primero que el de Barranquilla.

Por eso veía la televisión y hacía fuerza para que el partido terminara 2-2, tal y como iba.

Después supe que entre el pitazo final en el Atanasio Girardot y del Metropolitano el tiempo transcurrido fue de siete minutos.

Esos siete minutos que parecieron una eternidad. Todavía me parece ver la felicidad de la Gambeta Estrada cuando lo entrevistaban por la TV. Ahí, en ese momento, Mackenzie tras un espectacular pase del Pibe Valderrama (el mismo que quisimos como un hijo bobo en el DIM), acabó con la ilusión.

Las palabras de Estrada se convirtieron en llanto. La vuelta olímpica fue roja, pero no del Medellín ni del América que también alcanzó a ser campeón por 17 minutos cuando le ganaba 1-0 al Junior y el Medellín empataba a cero, sino del Atlético Junior.

Rabia y otros adjetivos que por respeto al lector no se pueden publicar, fue lo que sentí en esos momentos.

No me acuerdo ni cuándo me levanté. Ni cómo terminé de trabajar ese nefasto día (olvídense del periodismo imparcial y objetivo). Lo que sí recuerdo fue que cuando llegué a mi apartamento de Nueva Salomia hice la promesa de no volver a hacer fuerza por ningún equipo.

Obviamente, no cumplí esa promesa tan estúpida y por el contrario amplié los afectos de mi corazón al Nacional (el Envigado todavía no). Por eso me molestan los irracionales hinchas de Millos y Santa Fe. No me importa.

Hoy, no faltaba más, estoy con el perderoso . Es casi un imposible que clasifique a la final contra el Cali, pero si alguien sabe de imposibles, para bien o para mal, son los hinchas del Medellín que todos los años, por enero, recitan sin pestañear la famosa frase de que ESTE AÑO SI.

Y así vamos por la vida los hinchas de las nuevas generaciones sin saber qué es dar una vuelta olímpica y viendo como se aproxima el siglo XXI. Hasta cuándo cargaremos esta pena tan honda? rodmor