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DESPUÉS DEL GRADO

El fin de año no solo llega con el ambiente navideño, sino también con los grados de bachilleres. Por lo general los colegios organizan fastuosas ceremonias de graduación.

11 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Algunos padres se visten de gala, otros les toca sencillo porque horas antes tuvieron que rebuscarse hasta con la alcancía de la abuelita para pagar las pensiones atrasadas y lograr el paz y salvo. El programa es más o menos el siguiente: primero, entrada de los graduandos. Van acompañados de los padrinos, pavoneándose al ritmo de una marcha clásica. Los aplausos de los familiares hacen tronar el recinto, así como el tropel de los que se atraviesan tomando las fotos para el álbum.

Segundo, himnos: nacional, departamental, municipal y del colegio. Alguien pregunta si es posible que se fusionen, es que en la práctica así resulta pues la mayoría apenas se sabe un poco de cada uno. Tercero, palabras del rector. Son las mismas del año pasado que destacan los logros del colegio y de la familia. Algunos bachilleres suspiran con alivio, pus consideran que es el último sermón que escucharán del rector.

Cuarto, palabras de un bachiller. Es un agradecimiento a profesores y padres y una sentida despedida del colegio y compañeros. Lagrimas. Quinto, entrega de mención para el mejor bachiller, grandioso aplauso y salto de alegría de su familia como si Colombia hubiese metido gol.

Sexto, graduación. Los bachilleres reciben los cartones que los acreditan como tales. Y más fotos sacando pecho con el cartón, el mismo que tendrán que devolver antes de salir. El papá que no llevó cámara está preocupado con el fotógrafo que contrató, pues está que dispara flash a lo loco poniendo a posar a su muchacho hasta con el perro del portero. Séptimo fin de la ceremonia y congratulaciones por montones. A la salida, con cara de chepita está con bolsa en mano la señora que alquiló las togas y los birretes, sabe que es ahora o nunca.

En casa hay fiestas para celebrar. El día siguiente amanece con el octavo punto, el regreso a la realidad: la madre recogiendo el reguero de la rumba, el padre haciendo cuenta de las deudas y refunfuñando que la plata no es nada. La incertidumbre por el ingreso a la educación superior, con matrículas supercostosas y universidades mediocres. La angustia por la prestación del servicio militar y algunos por la novia embarazada del hijo.

Una economía vaciada, con una larga cola de desempleados esperando al hijo. Y, por si fuera poco, más plomo ventiao disparándole a las esperanzas de paz.

A todas estas el padre le pregunta a la esposa, amor, será que el mentalista español, Tony Kamo, nos podrá pegar una dormidita colectiva por un buen tiempo a ver si despertamos mejor? *Investigador