Archivo

EMERGENCIA: QUIÉN PAGA LOS COSTOS

Digamos que, por el bien del país, la Corte Constitucional debería avalar la exequibilidad, de la emergencia económica. Diríase que existirían los elementos normativos mínimos para ello, si bien también (cuestión de criterios jurídico-políticos) para lo contrario.

14 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

No obstante, surgen una serie de preguntas. Cuánto le va a costar al país nacional, en términos del PIB, el enfrentamiento de la crisis del sector financiero y de la manera diseñada hasta ahora por el Gobierno? Recuérdese a este respecto, que la de 1985 nos costó el 6 por ciento; 13 por ciento la de 1982 en Argentina; 20 por ciento la de 1985 en Chile; 13 por ciento la de 1994 en Venezuela y entre el 10 y 12 por ciento la reciente de México, todo según estimativos del Banco Mundial.

Quién le va a responder al país por tamaño desastre? Dónde queda, no ya la ética, sino la moral de una Nación que es capaz de reprimir con total severidad un hurto famélico, pero a la vez se muestra incapaz de sancionar a aquellos que dieron lugar a la situación? No es esta una aunque dolorosa, propicia oportunidad para demostrarnos que de verdad estamos dispuestos, al costo que resulte preciso pagar, a salir del estado de postración moral en el cual nos encontramos y del cual son reflejo, además de la señalada crisis, el clima de violencia; la corrupción entronizada en todos los ámbitos de la Nación; el sentimiento de pesimismo y desaliento que en todos los contornos se respira, precisamente porque aquí puede pasar de todo y a pesar de ello no pasa nada? Y parodiando a Krauthammer ante la extraña ética de los Estados Unidos con respecto al caso Pinochet: Dónde está la justicia? Mal que nos pese, la respuesta es que no hay justicia: el terreno que pisamos es la ley de la selva, un mundo de normas a d h o c donde el único freno a la anarquía es la intimidación. En cualquier sistema social, si no hay quien las aplique, no puede haber leyes de verdad.

Un estudio del Banco Mundial que hace un examen de la que sería la agenda de reformas para Latinoamérica y el caribe en los próximos diez años, observa que un buen sistema financiero es decisivo para el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica .

Y agrega que, en cambio los problemas en el sistema financiero, y particularmente en el sistema bancario, pueden extenderse rápidamente a todo el resto de la economía con serias consecuencias para la actividad económica y, más generalmente, para todo el desempeño económico .

Identifica, a renglón seguido, como fuente de los problemas del sector, los siguientes, además como más o menos comunes a la subregión.

1. Factores macroeconómicos. El surgimiento de auges de crédito, algunas veces asociados con la liberalización financiera, particularmente serios cuando fue emprendida en presencia de reglamentación bancaria y supervisión débiles. La relajación o eliminación de controles sobre las transacciones nacionales e internacionales; el optimismo fruto de una reducción de la inflación interna, que ha producido grandes afluencias de capital intermediadas por el sistema bancario, lo cual determina, inicialmente, un auge del consumo, una expansión de la actividad económica y un rápido aumento en los precios de la acciones y de la finca raíz.

La liquidez de muchos prestatarios durante esta fase del ciclo, hace más difícil la evaluación de riesgo y detección del deterioro en la calidad subyace de la cartera. Cuando la expansión se hace lenta o se detiene, la verdadera calidad de los préstamos viene a ser evidente y los precios de las acciones y de la finca raíz caen verticalmente, reduciendo el valor relativo e imponiendo grandes pérdidas sobre los bancos .

2. Factores microeconómicos. Un manejo bancario pobre, generalmente resultado de reglamentaciones pobres y una débil supervisión bancaria han sido los responsables de gran número de casos. Características típicas de bancos mal manejados incluyen sobre-extensión, mala evaluación de los préstamos, excesiva concentración de préstamos, préstamos conectados, disparidad entre términos y moneda y controles internos débiles.

Como claramente se desprende del estudio que comentamos y alcanza a colegirse de lo aquí transcrito, el problema ni es exclusivo de Colombia, ni es nuevo, ni tampoco las causas son originales de nuestro medio. Además, se insiste, está identificado de tiempo atrás y como tal ha debido reconocerse desde el momento de la primera crisis reciente.

Ningún perdón y olvido. Los problemas debemos reconocerlos a plenitud, precisamente para no caer de nuevo en ellos. Solo limpiando nuestras conciencias podremos estar conscientes del futuro que habremos de afrontar.