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DOÑA BERTHA

Estoy aburrido de odiarla , le dije a doña Bertha Hernández de Ospina Pérez. Ella se levantó, me dio un abrazo y ahí comenzó una cordialísima amistad que puso fin a épocas de disputas y divergencias a través de los periódicos que representaban a las colectividades liberal y conservadora. Fue una amistad que duró hasta el día de su muerte. Aprendí a conocerla con profundidad y con afecto innegables. Doña Bertha tenía un espíritu peleador en apariencia, pero lleno de cariño en el fondo. Goda a carta cabal. Luchaba con los conservadores que no seguían sus principios a veces sectarios cosa que es casi humana y muchísimas veces conciliadora. Descubrí en doña Bertha a una mujer llena de afecto, de inteligencia extraordinaria, de habilidad política profunda, sobre todo, llena de pragmatismo. Conversar y algunas veces discutir con ella sobre materias no siempre de carácter partidista era un placer. Como lo era almorzar juntos e intercambiar detalles y muchos chismes del mundo social y políti

14 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Le encantaba conocer todo lo que se decía sobre su esposo, el ex presidente Mariano Ospina Pérez. Después de la muerte de este lo defendió como lo amó en vida: pasionalmente.

Si el autor de esta columna se pusiera a repasar el conocimiento que tiene de la gente de importancia de épocas ya un tanto lejanas, doña Bertha ocuparía un primer lugar en sus recuerdos. Profundamente antioqueña, solía ponerles gracia y burlarse de muchas cosas de la vida diaria. Y deseaba saberlo todo. Había que contarle detalles de chismes, disputas y divergencias entre los más destacados seres de la política.

Nuestra amistad fue llena de alegres contrastes. Como liberal a rajatabla, asistía a las conmemoraciones conservadoras que muchas veces celebraba en su casa, donde comía unos deliciosos fríjoles con chicharrón y arroz. No faltaba el consabido whisky. A así pasábamos horas en las cuales aprendí a respetarla y a quererla. Por todo ello, su muerte trajo un dolor hondo, el que se siente al perder una buena amiga.

Su hija María Clara ha escrito un libro sobre doña Bertha. Lo he devorado para repasar su vida y buscar más detalles de su personalidad. Es el complemento de mis conocimientos de una mujer, para mí, de las más importantes en el ambiente de la política de ayer y de hoy. Por medio de ese libro rindámosle un homenaje a Bertha Hernández de Ospina Pérez, dama que despertó hondas pasiones en su contra pero que también fue rodeada de ardorosas amistades.