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CANJE Y SECUESTRO

Que se olviden de una vez por todas el comandante de las Farc, Manuel Marulanda, y el presidente Andrés Pastrana de que el canje se va a dar así como así. O de seguir pensando que es simplemente un problema político o jurídico. O de beligerancia o fortalecimiento militar. No, en Colombia no puede haber un canje en el que no estén de por medio los miles de secuestrados que tiene la guerrilla. No, en Colombia no puede haber un canje mientras la guerrilla siga utilizando esa práctica, condenada como crimen de guerra por todos los tratados internacionales vigentes. Aquí todos parecen olvidar que mientras las Farc y el Gobierno juegan a yo te doy y tú me entregas , todos los días los frentes guerrilleros sacan a cuatro colombianos de su entorno, se los arrebatan a su familia y a su sociedad y los esclavizan, pues les ponen precio a sus cabezas. Mientras tanto, el Gobierno le ha metido la palabra integral al canje, como para dar contentillo pero no se ha sentido su verdadero c

15 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

La verdad es que el secuestro corrompió a las Farc y al Eln hasta en su propia palabra. Ya no es seguro de que, cuando se paga el rescate, devuelvan al secuestrado. El conejo , en especial el que ponen las Farc, ya es algo común. O peor aún hasta dónde debemos aguantar esa degradación de la guerra!, llegar a secuestrar a la hija que lleva el dinero de rescate de su padre, aunque no es el único caso.

Lo que se necesita es buscar salidas realistas al problema que, además, le sirvan al proceso de paz. En ese sentido, el canje presenta una gran oportunidad, que esperamos que tanto el Gobierno como la guerrilla aprovechen.

Mientras tanto como ya se hizo en diciembre del 96, habrá que prepararse para salir a la calle de nuevo. A presionar al Gobierno, al Congreso y a la misma guerrilla para que los civiles secuestrados entren en ese canje.

Porque, la verdad, estamos cansados de que se hable tanto de paz mientras quienes pagan el pato de esta guerra somos los ciudadanos desarmados e indefensos que, secuestrados, desplazados, desaparecidos o masacrados, estamos en mora de volver a hacernos oír.