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CONDUCTAS PERNICIOSAS DE LOS CONSUMIDORES

Sin embargo, muchos de estos desagrados, rabias e insatisfacciones se podrían evitar si asumiéramos actitudes correctas cuando nos encontramos frente a una decisión de compra. Presentamos a continuación algunas de estas conductas perniciosas:

11 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

* Entramos a un almacén, compramos determinado producto y sólo entonces preguntamos el precio del mismo.

* Tomamos el precio como factor decisorio para realizar la compra, dejando de lado un elemento mucho más importante: la calidad.

* En los restaurantes, verificamos el monto total de la cuenta y no su discriminación, para ver si nos están cobrando IVA que se incluían en la carta o propinas voluntarias absolutamente irreglamentarias. Peor aun, notamos un cobro indebido y no reclamamos porque ... qué pena con los invitados.

* Nos hacemos a mercancías de contrabando, a sabiendas de que éste es el cáncer de la economía, pero ignorando que en muchísimos casos esos mismos productos han sido rechazados por otros países.

* En los supermercados nos fijamos en los precios de los diferentes artículos, pero una vez en la caja no constatamos si efectivamente se están registrando los mismos.

* También en los supermercados y plazas adquirimos productos por su peso, pero no observamos las balanzas para verificar que nos estén pesando y cobrando correctamente el kilo o los 500 gramos.

* Caemos seducidos por ofertas o promociones por televisión u otros medios y terminamos engrampados con artículos que realmente no necesitábamos para nada. Recordemos que quien compra lo que no necesita, termina vendiendo lo que le hace falta.

* No preguntamos sobre la posibilidad y condiciones de devolución de cualquier artículo, ante la eventualidad de que por cualquier motivo no satisfaga nuestras expectativas.

* Compramos repuestos reconstruidos o de segunda mano para economizarnos unos pocos pesos, repuestos éstos que muchas veces agravan los daños y terminamos pagando miles o cientos de miles. Nada más sabio que aquello que dice: Lo barato, sale caro.

* Adquirimos artículos bajo la modalidad de ventas a plazos y no hacemos las más sencillas cuentas para ver, al final, cuánto estaremos pagando por ellos. Como si fuera poco, firmamos alegremente letras en blanco y otros documentos con los que podrán ahorcarnos posteriormente.

* Tomamos la decisión de comprar y no indagamos sobre las características técnicas, condiciones de uso o adecuado manejo del equipo. Ni siquiera exigimos que nos lo prueben en el almacén. Para completar, nunca leemos los manuales de instrucciones.

* Mandamos reparar cualquier artículo y no exigimos un recibo en el que conste la fecha de entrega. Además, firmamos el Recibido a satisfacción sin verificar que efectivamente hubiere quedado bien reparado.

* Compramos prendas de vestir y no tomamos en cuenta las recomendaciones del fabricante en cuanto a lavado, planchado y cuidados generales, indicaciones que vienen claramente marcadas en las etiquetas de aquellas.

* Adquirimos costosos equipos de cómputo en establecimientos de dudosa legalidad para encontrarnos, al momento de hacer un reclamo dentro del término de la garantía, que en el local donde nos los vendieron ahora funciona una cafetería.

* Pensamos que hacer uso de los derechos que nos asisten como consumidores es penoso y sólo corresponde a causas pequeñas o grupos de personas desvalidas.

Como las señaladas atrás, podríamos recopilar muchísimas otras conductas igualmente perjudiciales para la equidad y transparencia de las relaciones de consumo. La regla de oro de la defensa del consumidor dice que si éste se encuentra bien informado y prevenido, estará mejor defendido y menos propenso a caer ante los abusos y los atropellos. No basta, pues, con contar con una legislación que tutele sus derechos, pues si esa normativa no va acompañada de un proceso de educación que forme consumidores en permanente estado de alerta en su propia defensa, en últimas no se estará avanzando mayor distancia en el camino de su protección del consumidor.

(Este material es preparado por la Superintendencia de Industria y Comercio).