Archivo

MUCHOS GASTOS, INGRESOS ESCASOS

Tres días antes de la posesión del presidente Pastrana, Juan Camilo Restrepo Salazar concedió una entrevista a EL TIEMPO. La cita fue en su casa, ubicada al norte de Bogotá. Allí se respiraba un ambiente de austeridad. Sólo tinto y agua pura. El ministro servía el refrigerio personalmente.

16 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

La entrevista empezó a las siete de la noche y terminó a las 10 pm. Varias cosas nuevas pero muchas reiterativas.

Fue entonces cuando Juan Camilo desnudó la realidad fiscal del país. La olla no tenía ni siquiera qué rasparle.

Y por lo tanto el ajuste que había previsto desde cuando Pastrana ganó las elecciones y lo designó de inmediato ministro de Hacienda, se había quedado corto. Tenía que ir más allá de una reforma tributaria, de un ajuste en las finanzas regionales, de recortes en el gasto que arrancó con un billón de pesos en el primer Consejo de Ministros, de modificar la ley de transferencias y de ajustar leyes, como la de educación, que convierten el Presupuesto Nacional en un régimen inflexible.

Aunque se empezó por un recorte del gasto de un billón de pesos y se acordó un segundo por 875.000, el aroma del ajuste empezó por el bolsillo. Septiembre fue inaugurado con el paquete tributario.

A Nadie le gusta que le cobren impuestos y quizás menos el IVA, que es de los más impopulares, porque no distingue entre pobres y ricos, ni entre chiquitos y grandes. Pero Minhacienda se la jugó incluyendo 17 nuevos productos de la canasta familiar en la cesta de aquellos que ya pagaban. Medida impopular que luego se corrigió. Y también se intentó gravar a los salarios medianos y altos, reduciendo la exención en la retención en la fuente.

Fue el primer gran fracaso de la reforma. Preocupado Restrepo Salar, optó por una estrategia: que el Congreso modifique lo que quiera pero que la reforma produzca entre 1,4 y 1,6 billones de pesos.

Por aparte iban los bonos de paz, que deben producir otros 1,2 billones. Con esos ingresos el Gobierno pretende evitar que el déficit fiscal consolidado (sector central y sector descentralizado) se ubica por debajo del 4,0 por ciento del PIB en el 99.

No es la gran cosa, reconocen los técnicos, pero es una avance para tratar de estar en el 1,0 por ciento en el 2002. El país sigue en déficit, pero manejable.

A medida que la reforma tributaria se distribuía en las comisiones económicas, se discutía el Presupuesto Nacional del 99. Por ningún lado cuadraba. Estaba lleno de faltantes.

El 11 de septiembre, el Ministerio de Hacienda envío un documento a la Comisión Tercera de la Cámara, donde expresaba su inquietud por el déficit en el Presupuesto. Financiarlo implicaba obtener recursos de crédito por 15 billones de pesos. Esta cifra es totalmente inviable frente a las actuales circunstancias domésticas e internacionales , decía el documento.

Y algo más: debe recordarse que la presión sobre los pagos no solo proviene del nuevo presupuesto, sino también de los compromisos pendientes de pago heredados del año anterior, que para 1999 se estiman en 3,1 billones de pesos (2,4 por ciento del PIB).

Pero además la devaluación de los últimos meses y la crisis asiática, que había encarecido el costo del crédito externo, obligaba al gobierno a destinar 1,3 billones de pesos más al servicio de la deuda.

Juan Camilo trasladó su despacho y la casa al Congreso. Por lo menos 20 veces recitó la historia de la familia que gana 700.000 pesos y gasta un millón.

Y repitió hasta el cansancio que por impuestos el país recibe 18 billones de pesos y gasta 45,3 billones. Por ahí justificó hasta anoche la reforma tributaria.

De la emergencia económica se acuerdan el dos por mil? hablaremos más adelante. Por ahora la decisión es de la Corte Constitucional.