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IRAK Y EL JUICIO CONTRA CLINTON: PUEDE EE.UU. LIBRAR UNA GUERRA DE DOS FRENTES

Los ataque aéreos ordenados por el gobierno del presidente estadounidense Bill Clinton contra Irak ayer dieron inicio a una fase sin precedentes de incertidumbre militar y política.

17 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Perspectivas La acción militar, que se produjo sólo horas después de que inspectores militares de las Naciones Unidas se quejaron de la imposibilidad de seguir adelante con su trabajo en Irak, es muy probable que sea el principio de una breve pero intensa campaña de ataques aéreos. La Casa Blanca dijo que el ataque será sustancial en alcance y es probable que dure de dos a tres días. Los planes del Pentagono incluyen una combinación de ataques con misiles de crucero y bombas contra una amplia gama de plantas de armamento e instalaciones de inteligencia militar.

Aunque se preveía un ataque estadounidense sobre Irak, la acción se produce en un momento de grandes turbulencias políticas en Washington.

Clinton ordenó el ataque la víspera de una votación en la Cámara de Representantes que decidirá si iniciar el proceso de destitución contra el presidente. Tanto la Casa Blanca como el Congreso enfrentan ahora una pregunta casi surrealista: Puede EE.UU. encarar una guerra y un proceso de destitución al mismo tiempo? Las señales iniciales indican que la respuesta es negativa. Los líderes de la Cámara de Representantes acordaron posponer la votación sobre la destitución mientras duren las acciones militares. Este hecho originó un intenso debate político sobre si Clinton, después de meses de amenazas contra Irak, ha decidido actuar sólo para desviar la atención a otro tema diferente al de su propio destino.

En un comunicado que rompe en forma impresionante con el apoyo que el Congreso estadounidense ha dado a otras acciones militares una vez que habían comenzado, Trent Lott, líder de la mayoría en el Senado, dijo que no puedo dar mi apoyo a esta acción militar en el Golfo Pérsico en este momento. Se puede poner en tela juicio tanto el momento que se eligió como la medida en sí .

En respuesta, los demócratas dijeron que ningún presidente debe verse obstaculizado en cuestiones de relaciones internacionales por una crisis interna. Si permitimos que nuestro dirigente no pueda actuar por la disputa política que está ocurriendo en el Capitolio, nos convertiremos en una potencia de segunda categoría , declaró con visible agitación el representante demócrata Sam Gejendson, de Connecticut, en una entrevista con la cadena de noticias CNN.

COMO MINIMO, LA TENSA SITUACION DOMSTICA PODRIA COMPLICAR LOS ESFUERZOS DEL PRESIDENTE CLINTON POR CONSEGUIR APOYO TANTO DENTRO DE EE.UU. COMO ENTRE SUS ALIADOS PARA SU CAMPAÑA MILITAR.

También existe el riesgo de que Saddam Hussein pudiera llegar a la conclusión de que los problemas políticos en EE.UU. significan que tiene menos motivos para pensar en una retirada en su enfrentamiento con EE.UU. y con la ONU; de hecho, es posible que la situación doméstica que enfrenta Clinton haya sido uno de los factores que llevó al líder iraquí a desafiar a los inspectores de armamento de la ONU en los últimas días.

En cualquier caso, el resultado de todo esto es que los legisladores de EE.UU. se enfrentan de pronto a dos de las cuestiones más serias imaginables, una guerra y un juicio político al presidente, al mismo tiempo. Y Saddam Hussein ha logrado hacer algo que ningún aliado del presidente dentro de EE.UU. pudo hacer: demorar, por lo menos temporalmente, un voto casi seguro a favor del proceso de destitución del presidente.

Todo parece indicar que la crisis iraquí no haría más que interrumpir momentáneamente el esfuerzo por poner en marcha el proceso de juicio político contra el presidente, y la Cámara de Representantes de EE.UU. todavía parece estarse encaminando hacia un voto a favor del proceso de destitución, que llevaría a un juicio en el Senado.

Pero debido al súbito surgimiento del enfrentamiento con Saddam Hussein, el fuerte debate sobre la destitución está pasando al menos por una breve fase de incertidumbre, en la cual factores tan diferentes como el curso una guerra aérea, las restricciones del calendario islámico, la llegada de las festividades navideñas en Estados Unidos y la llegada inminente de un nuevo Congreso podrían afectar los resultados.

Como mínimo, un ataque a Irak pondría sobre el tapete una serie de interrogantes que no se habían considerado antes. Si un piloto estadounidense fuera abatido y capturado, se decidiría el Congreso a destituir al presidente que estaría negociando su libertad? Apoyaría el pueblo estadounidense a un presidente asediado que dirige un ataque a Sadam Hussein, lo más cercano a un villano mundial en el espectro internacional hoy en día? O rechazarán el ataque militar, considerándolo como un intento inspirado políticamente por un presidente desesperado por cambiar de tema? Seguramente, la reacción inicial de cada partido en Washington muestra cuán difícil será para Clinton manejar asuntos políticos importantes en el momento actual, cargado de tensión por la perspectiva del juicio político.

La perspectiva de un ataque militar contra Irak surgió y se intensificó rápidamente ayer, cuando el jefe de los inspectores de armamentos de la ONU, Richard Butler, declaró que sus equipos habían llegado a un callejón sin salida en su búsqueda de cooperación por parte de Bagdad. Los inspectores se fueron de Irak casi inmediatamente, y con esto esencialmente declararon que Irak no había pasado la prueba de cooperación planteada cuando EE.UU. estuvo a punto de atacar la última vez hace unas cuantas semanas.

Cuando Clinton suspendió los ataque punitivos, con los bombarderos estadounidenses todavía en pleno vuelo, el presidente explícitamente advirtió a Hussein que tendría que cumplir su promesa de sujetarse completamente a las inspecciones de la ONU o, de lo contrario, disponerse a pagar el precio. La próxima vez, dijo Clintonb, no habría negociación ni más advertencias.